jueves, 12 de febrero de 2009

Editorial El Nacional 12/02/2009

Editorial.
El Nacional.

Valentín Santana.

Piedra en la bota.

Lo del colectivo La Piedrita era un escándalo anunciado, y más si, paralelamente, el Presidente de la República estaba colocando en el escenario de la opinión pública (por razones electorales) una imagen de amor y paz para que los ni-ni inclinen la balanza hacia su lado. De forma que La Piedrita terminó por ser una fastidiosa piedra que obstruye la estrategia oficialista de convertir la batalla por el Sí en un campo de abrazos y besos de amor y paz.

En fin, resulta difícil comulgar con esas ruedas de molino, en un momento político donde cada uno de los sectores del oficialismo compite (desde la derecha endógena bolivariana y militar hasta la ultraizquierda cubanizada) por el favor presidencial. Y no precisamente para adorar al jefe supremo, sino para obtener su propia tajada de poder, de lograr las relaciones políticas capaces de fortalecer su potencial para escalar en la burocracia bolivariana, o de trasladar las partidas del presupuesto nacional hacia sus bolsillos, con la excusa de estar, a tiempo completo, en "defensa de la revolución".

Esta frase es la nuez del chantaje político, y resume el cinismo y la hipocresía revolucionaria que hoy está en el poder. Un abnegado militante de cualquier proceso radical y latinoamericano jamás está pendiente de la chequera del gobernante de turno, sino de su propia capacidad de sobrevivir en las más difíciles circunstancias. Pero, al parecer, el colectivo La Piedrita olvidó esta regla ética y vital.

Resultó finalmente, según refieren los propios sectores bolivarianos, que era un grupo aparentemente subvencionado desde las más altas esferas del poder, con privilegios para portar armas de guerra, utilizar los sistemas de comunicación de la policía, con credenciales de organismo de seguridad que les permitían transitar y actuar en cualquier zona de Caracas. En fin, una fuerza paramilitar.

Y esto último sí es grave, no sólo para el gobierno del presidente Chávez, sino para todos los ciudadanos que profesamos un ideal democrático. No podemos, bajo ningún respecto, darle vida a grupos que, desde la derecha o la izquierda, pretendan crear un ambiente de violencia en el seno de la sociedad. Esto no es válido para nadie y no puede usarse como argumento para armarse y atacar a quien no comparte sus ideas. Eso mismo llevó a Colombia a esta inmensa tragedia de violencia que aún vive y padece.

Los golpes de pecho del Presidente tal vez adquieran cierta convicción para sus militantes y aliados más cercanos. Pero el resto de los venezolanos nos preguntamos si esta actitud adoptada por el jefe del Estado tiene que ver con una táctica electoral, con un guión propagandístico de sus asesores y que, días después, en el dolor de la derrota electoral los volverá a recibir en su seno.

Como el Presidente es un embustero irredimible, los venezolanos que no son fanáticos políticos piensan, con toda razón, que La Piedrita y los ladrones de la sinagoga de Maripérez no tardarán en salir en libertad.

Tomado de Noticiero Digital



, , ,




No hay comentarios: