miércoles, 24 de marzo de 2010

VIA CRUCIS SACERDOTAL (estaciones XI y XII) 24/03/2010

Vía Crucis Sacerdotal
Undécima Estación: Jesús es clavado en la cruz.
“Estaban cansados y agobiados como ovejas que no tienen pastor” (Mt.9, 36)

V/. Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Reflexión: Jesús al ser taladrado en el madero recibe la última porción de tortura. La cadena de los tormentos fue interminable, desde la traición de Judas hasta el improperio de Gestas el Señor atravesó toda una ruta perenne de vejámenes, afrentas y martirios. Sus manos y pies soportaron lo más cruel de los tormentos, ser traspasado por clavos de acero sin contemplación ni piedad. A esta tribulación llena de escozor sufrida por amor a la humanidad se le llama la “Pasión de Cristo”, la cual se inicia con el sudor de sangre en el Monte de los Olivos. Jesús sufre en el huerto del Getsemaní por el alto grado de pesadumbre psíquica que tuvo en la despedida de la Última Cena (cfr. Lc. 22,15). Más tarde se enfrentó a un juicio totalmente ilegítimo e indebido, la experiencia de toparse con los poderosos del mundo y de ser condenado injustamente por los tiranos de palacio le produce una sensación de impotencia que origina un abatimiento de aflicción. A esta desolación se le suma la conmoción del sangramiento causado por la inhumana flagelación, el Señor que había anunciado que iba a derramar su sangre, lo cumple con el dolor insoportable de los azotes cruentos. La coronación de espinas, salivazos, ser colgado del madero y la humillación con los agravios fueron lo más atenuante de la congoja sufrida por el Pescador de pescadores.
Mucho amor, mucho dolor. Los sacerdotes también sufren parte de este calvario, no es tan excruciante como la experimentada por Jesús Sumo y Eterno Sacerdote, pero muchas veces se asemeja a la pasión por la que demostró su amor por nosotros. “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn. 3,16). Crucificar al sacerdote de Cristo con las calumnias e infamias es clavar en el madero a Cristo sacerdote.

Oración: Señor Jesucristo, que para redimir a los hombres y sanar a los enfermos quisiste asumir nuestra condición humana; mira con piedad a tus siervos, sacerdotes, que están enfermos y necesitan ser curados en el cuerpo y en el espíritu. Reconfórtalos con tu poder para que levanten su ánimo y pueda superar todos sus males, y ya que has querido asociarlos a tu pasión redentora, haz que confíe en la eficacia de sus dolores para la salvación del mundo. Tus sacerdotes enfermos viven contigo la pasión porque eres su mejor amigo, por eso, que cuando nos hablen en tu nombre, sus palabras nos ayuden a conocerte mejor, a Tí y tu Evangelio; que cuando perdonen nuestros pecados sus ojos sigan brillando de cariño, que cuando nos consuelen en los momentos difíciles, que su presencia sea el consuelo que más necesitamos. Cuida a tus sacerdotes, de manera particular por los que están jubilados, retirados o en ministerio emérito, Jesús pastor eterno sea el amor de sus corazones. Amén.



Duodécima Estación: Jesús muere en la cruz.
“Esta es mi sangre…que es derramada a favor de muchos"
(Mc.14, 24)

V/. Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Reflexión: Jesús realiza en sí la demostración más evidente del amor: dar la vida. El Sumo y Eterno Sacerdote es también víctima y altar. No hay amor más grande, y dar la vida como la dio Nuestro Señor Jesucristo ha sido la manera magnánima de expresar el amor verdadero. El sacerdote es ante todo un ministro del altar, es un mediador autorizado para ofrecer sacrificios a Dios en reconocimiento de su dominio supremo y en expiación por los pecados. "Porque todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados" (Hebreos 5,1). Cristo murió, Él mismo lo había anunciado, se entregó más no se rindió, lo crucificaron más no lo eliminaron. Jesús se ofreció como don de salvación y como Cordero inmaculado para destruir el aguijón de la muerte.
El sacerdote es un hombre consagrado para ofrecer dones y sacrificios por los pecados (Heb. 5,1). Por esto, la actividad primordial del sacerdote debe ser ofrecer y ofrecerse en sacrificio. Es evidente que esto va más allá del simple presidir un oficio o una ceremonia. El sacerdote debe no sólo celebrar la Eucaristía, sino debe “Ser Eucaristía”. Como nos recuerda la carta Ecclesia de Eucharistia del Papa Juan Pablo II, la expresión “in persona Christi”, quiere decir algo más que “en nombre” o “en las veces” de Cristo, es la identificación especifica, sacramental, con el “Sumo y eterno Sacerdote”, que es el autor y el sujeto principal del propio sacrificio. Por lo tanto, el sacerdote debe unir su vida al Cordero de Dios que carga con los pecados del mundo y se sacrifica por la salvación de las almas. El sacerdote es el cordero de la Iglesia de Cristo que dispensa los sacramentos de la gracia salvífica. El sacerdote se configura con Cristo en el Altar, allí el Señor se entrega, se inmola, resucita y se da en comunión, donde Cristo sacerdote lo busca, lo encuentra, lo carga y lo mantiene para sí, como propiedad eterna del infinito.

Oración: Señor Jesús que mueres en la cruz por nuestros pecados. Gracias por nuestra parroquia. Estamos recibiendo tanto de ella.Tenemos tanto que agradecerle. En ella te estamos descubriendo, en ella aprendemos a amarte y a seguirte. Desde ella escuchamos tu Buena Noticia, desde ella recibimos el Pan necesario para el camino. Cuando nos cansamos, nos deja su Palabra de ánimo, cuando caemos, nos entrega tu perdón. Cuando nos sentimos débiles, ella nos fortalece, cuando dormimos, ella nos despierta. Gracias por los niños y los jóvenes, por los mayores y los ancianos.Todos, formamos tu Comunidad, tu Iglesia. En nuestra parroquia hay un altar, un sacerdote, un pan y un cáliz donde siempre se actualiza tu Misterio Pasucal. Que de nuestras comunidades parroquiales llames a muchos a la vida sacerdotal. Amén.

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