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viernes, 12 de agosto de 2011

El Evangelio de la política. Padre Andrés Bravo

Para el cristiano el fundamento de su reflexión doctrinal y de su praxis pastoral es el dato de fe de Dios que irrumpe en la historia y se autorevela hasta tal extremo de hacerse hombre y habitar en nosotros. Este misterio de la encarnación del Hijo de Dios le da sentido superior a todo lo humano. Sin olvidar lo definido en el segundo Concilio Constantinopolitano reafirmado por el Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica, de que por la encarnación Dios asume todo lo humano, pero no lo absorbe. Es decir, lo humano no desaparece ante la misteriosa unión con lo divino. Más bien lo humano se enaltece y adquiere una nueva dignidad mucho más enaltecedora. De ahí que nada hay humano que no sea asumido por Jesucristo, como tampoco hay nada humano que le sea indiferente a la Iglesia. Ella no sólo está al servicio de los seres humanos, es humana, es la comunidad de los seres humanos que siguen a Jesús.

La misión de la Iglesia es la de anunciar el Evangelio de Jesús. Él vino a predicar el Reino de Dios que, aunque debe realizarse en nuestra historia, sólo encuentra su plenitud en la eternidad. Por eso Jesús indica, por un lado, que su Reino está en medio de los hombres y, por el otro, que no es como los de este mundo. Se trata de un nuevo dominio en los pueblos, que se realiza en la fraternidad universal y se manifiesta en el extremo del amor en la cruz donde el Hijo se entrega a la muerte. Es pues, una buena noticia (Evangelio) que ocupa la vida y la doctrina de Jesús y su Iglesia. Esto, necesariamente, trastoca el orden de la sociedad con sus sistemas socio-políticos. Los hombres de poder se ven amenazados por la presencia de Jesús. Sin embargo, los pobres de la tierra, se abren a una nueva esperanza de liberación. Esto está significado en el anuncio del Ángel a los pastores: “No tengan miedo, porque les traigo una buena noticia, que será motivo de gran alegría para todos: Hoy les ha nacido en el pueblo de David un salvador, que es el Mesías, el Señor” (Lc 2,10-11). También en el himno de María donde anuncia que Dios “actuó con todo su poder: deshizo los planes de los orgullosos, derribó a los reyes de sus tronos y puso en alto a los humildes…” (Lc 1, 46-55). Por eso, ante el testimonio de los sabios de oriente, Herodes y su poder temblaron de miedo (cf. 2,1-12).

Al comenzar su ministerio, Jesús entra a la Sinagoga de Nazaret y lee el comienzo del capítulo 61 del profeta Isaías y, con este pasaje profético, presenta su programa de acción: anunciar el Evangelio a los pobres, dar la libertad a los presos y la vista a los ciegos, liberar al oprimido y anunciar el año del Señor (cf. Lc 4,16-21). Esta es la prioridad de su acción. Felizmente, Juan Pablo II ha referido esta escena de Jesús, en su convocatoria al Jubileo del tercer milenio, indicando su relación con la práctica del Año Sabático del pueblo de la antigua alianza. Ahí podemos saber en qué consiste “el año del Señor” anunciado por el Profeta y asumido por Jesús como su misión. Sencillamente, podríamos interpretar que se trata de la reconciliación de la humanidad entre sí y con Dios, para lograr la comunión del amor, símbolo del Reino predicado por Jesús. En concreto, leemos en el capítulo 15 del libro del Deuteronomio: toda deuda sea perdonada porque es el año del perdón, “de esta manera no habrá pobres entre ustedes… Si hay algún pobre entre tus compatriotas en alguna ciudad del país que el Señor tu Dios te da, no seas inhumano ni le niegues tu ayuda a tu compatriota necesitado; al contrario, sé generoso con él y prestare lo que necesite… No dejará de haber necesitado en la tierra, y por eso yo te mando que seas generoso con aquellos compatriotas tuyos que sufran pobreza y miseria en tu país”. Es el año de la libertad.

Todo esto nos ayuda a comprender lo que para el cristiano significa la política. No crean que los discípulos le Jesús entendían lo que consiste su Reino predicado. Aún tienen la idea de un Rey soberano que impone su voluntad ante todo un pueblo que se convierte en súbdito, con un orden jerárquico estricto. Ya ven ustedes que la Madre de Juan y Santiago ingenuamente le pedía a Jesús los mejores puestos para sus hijos. Jesús aprovecha la oportunidad para enseñarnos que existe un tipo de gobierno y sistema político autocrático, dictatorial y tiránico: “Como ustedes saben, entre los paganos los jefes gobiernan con tiranía a sus súbditos, y los grandes hacen sentir su autoridad sobre ellos” (Mt 20,25). Pero, para Jesús gobernar es servir. El ejercicio de la política es esencialmente el arte del servicio al bien de todos, siguiendo los criterios del Evangelio del Reino que tiene como meta la fraternidad universal: “El que entre ustedes quiera gobernar, deberá servir a los demás” (Mt 20,26). A eso llamo el Evangelio de la política.

José Andrés Bravo H.
Capellán de la UNICA



sábado, 28 de agosto de 2010

Miguel Otero Silva y "La piedra que era Cristo"


Se cumplen 25 años del fallecimiento de Miguel Otero Silva, fundador del diario El Nacional y escritor de fama mundial. Marxista confeso, supo llevar al papel la constante lucha de clases y la explotación del proletariado que han marcado, desde la tiranía de Juan Vicente Gómez hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX a la Venezuela en la que vivimos.

Muchos han hecho elogios de sus novelas históricas como fiel relato de la situación social del momento para el que escribió. Casas Muertas, Oficina nº 1, Fiebre, Cuando quiero llorar no lloro son fieles exponentes de la violencia que tristemente no ha cesado en el País, y sin embargo su última novela “La piedra que era Cristo”, a mi muy humilde modo de ver, se convierte en la joya que corona un camino de búsqueda del bien, de la paz, de la solidaridad.

Ya resulta paradójico que un marxista y ateo confeso escriba una novela de la vida de Cristo, pero lo mas asombroso aún es que primero la asuma como presupuesto histórico, y segundo se base en los evangelios, que son libros esencialmente de Fe y que a su manera, bañada con “El Capital” y “El Manifiesto Comunista” lograra encontrar la conexión del Jesús histórico con el Cristo de la Fe: "... no lograrán matarlo. él ha resucitado y vivirá por siempre en la música del agua, en los colores de las rosas, en la risa del niño, en la savia profunda de la humanidad, en la paz de los pueblos, en la rebelión de los oprimidos, sí, en la rebelión de los oprimidos, en el amor sin lágrimas" (así termina el libro).

Muchos de sus amigos ñángaras, intelectuales de vieja data y fieles al tan comprometido como cómodo comunismo de cafetería, han tratado de minimizar a lo largo de estos 25 años el alcance que para una biografía de MOS pudiera significar “La piedra que era Cristo”, y en especial su acercamiento tanto a Cristo como a su resurrección. Tal vez no puedan comprender cómo después de tantos años de confesión comunista, al final de sus días, comenzara a considerar a Cristo Resucitado como una opción (y quién sabe si mas que una mera opción). San Lucas en su evangelio nos reporta el diálogo que desde la Cruz tiene Jesús con otro condenado a muerte; un hombre llevado a la pena máxima por sus crímenes (que no debieron ser ni pocos ni de poca monta), pero que reconoce sus culpas “…y eso que lo nuestro es justo…” y la Divinidad y la Realeza del Hijo de Dios “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino”, y la respuesta del Señor “te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Si Cristo pudo transformar en un santiamén toda una vida de crímenes y pecados de un hombre condenado tanto a la muerte como a la muerte eterna en la inmediata certeza del perdón divino y de la resurrección junto con Cristo… ¿no pudo Miguel Otero Silva recibir similar gracia del mismo donante?

Ciertamente el libro no es un compendio dogmático de la doctrina, y en alguna que otra parte resulta ser anti-dogmático (no podíamos esperar menos de una persona acostumbrada a ser libre pensador) pero abre el compás de la esperanza de quien cree en uno que presumiblemente comenzó a creer, y aún cuando MOS no haya aclarado el tema antes de morir, no deja de ser atractiva para el espíritu la imagen de un Otero Silva que encuentra en Cristo y en el amor de Dios la desembocadura natural a sus deseos de justicia, de solidaridad y de paz.

¿Aceptó a Cristo como Hijo de Dios, Mesías y Salvador o no lo aceptó? No lo se a ciencia cierta, pero “La piedra que era Cristo” puede ser una lamparita que ilumine la oscuridad de la duda.

Cuando pienso en MOS no puedo menos que acordarme de una vieja película llamada “Las llaves del Reino” protagonizada por Gregory Peck que encarnaba a un sacerdote católico enviado a las misiones en China y que logró escandalizar a ciertos puritanos cuando (refiriéndose al doctor de la aldea) dijo: “se de un ateo que merece mas el Reino de los Cielos que muchos cristianos que conozco”.

Este domingo rezaré por él en las misas que celebre.

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miércoles, 31 de marzo de 2010

Comunicado de la Conferencia Episcopal Venezolana ante la Semana Santa


1. Al llegar este año a la Semana Santa, tiempo fuerte de nuestra vida cristiana, durante el cual los católicos celebramos la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, nuestro Salvador, los Obispos de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), les invitamos a todos a aprovechar al máximo este tiempo de gracia para fortalecer nuestra fe, asistiendo a los oficios religiosos y realizando con generosidad obras de misericordia y de justicia.

2. Hacemos nuestra la preocupación del Emmo. Señor Cardenal Mons. Jorge Urosa Savino, expresada en su reciente Carta de Semana Santa, por las amenazas que se ciernen sobre nuestra fe y la Religión Católica por el creciente secularismo, los embates de la superstición, de la nueva era y del santerismo"; por los escándalos de algunos ministros de la Iglesia, divulgados por la prensa internacional y por el creciente espíritu antirreligioso difundido por la corriente atea marxista.

3 La Semana Mayor es también tiempo propicio para elevar, llenos de confianza, fervientes e insistentes plegarias al Padre Providente para que envíe la anhelada lluvia en las áreas más necesitadas y llegue así a su fin la prolongada sequía que tanto está afectando a nuestro país.

4. La Semana Santa es un tiempo propicio para reiterar nuestro llamado a todos los ciudadanos, a los gestores sociales y políticos y en particular a las autoridades de los distintos poderes del Estado venezolano a multiplicar las acciones que promuevan la convivencia ciudadana a través de la tolerancia y el respeto a los derechos humanos superando la tentación de utilizar el poder para privilegiar a unos en detrimento de otros, para restringir la libertad de opinión y acallar la disidencia.

5. Pedimos a Dios haga llegar su salvación liberadora a todos los habitantes de nuestro país, particularmente a los secuestrados, a los privados de libertad, a los excluidos. Que Cristo muerto y resucitado nos comunique su Espíritu para "construir la convivencia fraterna, amando a todos sin excluir a nadie, solidarizándonos con los pobres y trabajando por la reconciliación y la paz".


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viernes, 26 de marzo de 2010

VIA CRUCIS SACERDOTAL (estaciones XIII, XIV y XV) 26/03/2010

Vía Crucis Sacerdotal
Decimotercera Estación:
Jesús es descendido de la cruz y puesto en los brazos de su santísima Madre.

“Jesús al verlos llorar…se conmovió profundamente, se estremeció…y lloró”
(Jn. 11,33-35)

V/. Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Reflexión: Jesús que lloró por su amada ciudad de Jerusalén (cfr. Mt. 23,37), que sollozó por la muerte de su amigo Lázaro (cfr. Jn. 11,35), que acompañó a Jairo jefe de la sinagoga ante la muerte de su hija (cfr. Mc. 5,35-43), y se compadeció con la viuda de Naím en el sepelio de su joven hijo (cfr. Lc. 7,11-17), ahora es motivo de aflicción y congoja para los suyos. La beatífica enseñanza de Jesús ante los que lloran es “Dichosos los afligidos, porque Dios los consolará” (Mt. 5,4). La Virgen María es la afligida más impresionante del Calvario. Como madre amorosa y solidaria experimentó el dolor sentimental y emocional más terrible de los estremecimientos humanos: ver morir a un hijo. La vida humana se trastoca cuando el infortunio nos sorprende ante la muerte un ser tan querido y prójimo como son los hijos. La Virgen no escatimó un solo minuto de dolor y ni se restringió en su llanto. La escena adversa del Gólgota al momento de bajar a Jesús de la cruz le mereció el título de la “Dolorosa”.
Una vez más María la Madre del Mesías Redentor se turba ante una situación inesperada, la primera vez fue cuando el Arcángel le anuncia que se va ser madre del Hijo de Dios, y ahora la fidelidad de Cristo con el Padre celestial la coloca frente a otra consternación para lo cual nadie se prepara, sepultar un hijo muerto en la cruz.
Los sacerdotes diariamente se convierten en los marianos en la hora del suplicio en cada Eucaristía, María con su vida junto a Cristo y especialmente en el Calvario hizo suya la dimensión sacrificial del la Eucaristía, Ella no derramó una gota de sangre, pero no se reservó una sola lágrima, los sacerdotes no derraman sangre ni lágrimas en el momento del sacrificio eucarístico, pero se gastan y se desgastan como instrumento sacramentalizado para actualizar la Redención eterna en Cristo Jesús.

Oración: Virgen Dolorosa de pie junto a la cruz del Señor, Te queremos pedir
por el apostolado seglar de las parroquias. Virgen María, ora por los grupos y actividades pastorales. Que seamos en cada comunidad un rincón cálido, un lugar donde nos queramos y respetemos, un espacio donde vivamos como hermanos, donde, unidos, trabajemos por el Reino de Dios y su justicia. Te rogamos para que nuestros sacerdotes luchen por la causa de Cristo el Buen Pastor. Que se empeñen en predicar el Evangelio con sentido profético. Que nosotros tus hijos no nos destaquemos por el activismo protagonista egoísta y personalista. Que nos conozcan, Madre del Cielo, por vivir y construir el Mandamiento del amor fraterno, como lo viviste con Jesús. María, te damos gracias por ser consoladora de los afligidos. Madre del Verbo eterno, te pedimos por los sacerdotes enfermos, hospitalizados, imposibilitados y adultos mayores, guárdalos siempre en tu regazo de Madre junto a Jesús. Amén.


Decimocuarta Estación: Jesús es sepultado.

“Si el grano de trigo no muere queda infecundo”
(cfr. Jn. 12,24)

V/. Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Reflexión: Jesús muerto es enterrado como la semilla de la cual brotará un vástago de redención. No puede quedar infecundo el Hijo de David que dio tanta vida a los enfermos, es inadmisible que se consuma en el sepulcro el que resucitó a los muertos a la hora de su expiración en la cruz, donde “muchas personas santas que habían muerto volvieron a la vida” (Mt. 27,52). La gran lección de la vida solidaria la muestran los amigos incógnitos del Maestro que con arrojo y valentía piden ante Pilatos el cuerpo de Jesús y le dan digna sepultura. Una vez más los de lejos y de relación esporádica traen la mirra para la hora determinante. Los Magos del Oriente cuando Jesús era niño, y ahora Nicodemo y José de Arimatea al momento de la sepultura del Mesías. Ante esta hora aciaga no hubo reparos ni mezquindad, se encontró una tumba sin estrenar y aceites para perfumar. Lo único adverso era el tiempo, el viernes llegaba al ocaso y se acercaba el día del sábado solemne. El que murió crucificado lentamente en el madero fue sepultado apresuradamente en el sepulcro prestado.
Los sacerdotes cuando llegan a la postrimería de sus vidas tienen que soportar muchas veces esta experiencia de la dádiva de un benefactor extraño. A ejemplo de Jesús Sacerdote Eterno no tienen donde reclinar la cabeza. Pasan por la penuria de la carestía, insolvencia e indigencia social. Les toca cargar la cruz toda la vida, y al final de la existencia humana soportar el Calvario de Cristo, de manera literal y vivencialmente. El buen sacerdote a ejemplo del Rey de reyes siempre encontrará el “Arimatea y Nicodemo” que muestren la benevolencia y compasión de manera libre y espontánea. La sinceridad de la caridad en la hora difícil es misericordia clemente y compasiva. Abandonar a un sacerdote en su enfermedad, ancianidad o necesidad es tan impío, ingrato y desalmado como dejar abandonado al propio Cristo muerto en la cruz a merced de los depredadores. Al que te ofreció los canales de la gracia a través de su ministerio sacerdotal no puede morir en la desgracia del abandono, el salario final del sacerdote es la misericordia divina expresada en la caridad de los que son auténtica Iglesia.

Oración: Te pedimos, Señor, que tus siervos sacerdotes difuntos (Romanos Pontífices, Cardenales, Arzobispos, Obispos, Presbíteros y Diáconos), a quienes encomendaste durante en su vida el ministerio sagrado, lleguen a participar eternamente en la gran asamblea de tu Reino. Escucha con bondad, Señor, las plegarias que te dirigimos por el eterno descanso de tus siervos que te sirvieron como ministros de tu altar en la tierra, y recíbelos en el gozo de todos tus santos sacerdotes a quienes en tu nombre desempeñaron fielmente su ministerio. Te suplicamos, Señor, concedas que las almas de tus dispensadores sacramentales a quienes morando en este en este mundo, les adornaste con los dones sagrados del orden sacerdotal, gocen siempre en de la morada gloriosa del cielo. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.


Decimoquinta Estación: Jesús resucita de entre los muertos.

“Vivirán porque yo vivo”
(Jn. 14,19)

V/. Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Reflexión: Jesús el predilecto del Padre, el Elegido de la eternidad y en quien se complació el Dueño de lo alto ¡Ha resucitado! La evidencia innegable es que el sepulcro está vacío. Aquella pregunta categórica dicha a Marta ante la tumba de Lázaro: “¿No te dije que, si crees verás la gloria de Dios?” (Jn. 11,40) alcanza una respuesta plena que nos llena de esperanza en la vida futura.
Ahora sí el discipulado de Jesús puede comprender todos los “Yo soy” del Mesías: “Yo soy la resurrección y la vida” (Jn. 11,25); “Yo soy el pan de vida” (Jn. 6,35); “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn. 14,6); “Yo soy la luz del mundo” (Jn. 8,12); “Yo soy la vid verdadera” (Jn. 15,1); “Yo soy el agua viva” (cfr. Jn. 4, 13-14). Tenía razón Juan el Bautista, cuando afirmó de Jesús antes de ser bautizado en el Jordán: “Él es más poderoso que yo” (Mt. 3,11). Todo sacerdote es un Bautista que prepara la segunda venida del Señor que vive y que vendrá en Gloria a juzgar a vivos y muertos.

Oración del sacerdote a San Juan Bautista: Precursor del Señor, elegido por Dios en el seno materno, haz que sea consciente del gran don de la vocación que he recibido. Enséñame a dar gracias a Dios todos los días por haberme llamado a la vocación sacerdotal, por haberme escogido para ser pastor de tu pueblo, por haberme dado el privilegio de identificarme más plenamente con Cristo, el Señor. Enséñame, San Juan Bautista, a ser perseverante en mi vocación, a no vacilar; enséñame a entregar la vida totalmente, hasta la muerte.
Enséñame a vivir en la austeridad y la mortificación para unirme a Cristo Crucificado, para domar el oleaje de mis pasiones, para hacer creíble la Palabra que predico. Las almas se convertirán más por lo que viva, que por lo que diga. Que por tu penitencia me haga mortificado, que por tu soledad, sea recogido, que por tu silencio, sea hombre de oración, que por tu virginidad sea casto, que por tu contemplación me mueva siempre por los impulsos del Espíritu.
Enséñame, San Juan Bautista, a preparar los camino del Señor, a preparar un pueblo bien dispuesto para el Señor. Enséñame a mostrar a los hombres al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Enséñame a menguar, para que el crezca. Enséñame a postrarme ante Cristo de quien no merezco desatarle la sandalia, y en cambio, lo tengo en mis manos todos los días en la Sagrada Eucaristía.
Haz que mi trabajo apostólico sea fecundo, que convierta a muchas almas, que muchos aprendan a amar a Dios, que muchos quieran seguirlo en la vocación sacerdotal y religiosa, que muchos quieran ser santos. Enséñame a ser pregonero de la verdad, anunciador de la alegría eterna, testigo de la fe. Que no tema a los poderes humanos, ni tampoco a las críticas y desprecios, que aprenda de ti que mi vida está en función de Cristo, el Mesías, el Señor, el Salvador. Nada más importa. Solo Dios. Amén

Para ver las estaciones XI y XII haga click AQUÍ




miércoles, 24 de marzo de 2010

VIA CRUCIS SACERDOTAL (estaciones XI y XII) 24/03/2010

Vía Crucis Sacerdotal
Undécima Estación: Jesús es clavado en la cruz.
“Estaban cansados y agobiados como ovejas que no tienen pastor” (Mt.9, 36)

V/. Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Reflexión: Jesús al ser taladrado en el madero recibe la última porción de tortura. La cadena de los tormentos fue interminable, desde la traición de Judas hasta el improperio de Gestas el Señor atravesó toda una ruta perenne de vejámenes, afrentas y martirios. Sus manos y pies soportaron lo más cruel de los tormentos, ser traspasado por clavos de acero sin contemplación ni piedad. A esta tribulación llena de escozor sufrida por amor a la humanidad se le llama la “Pasión de Cristo”, la cual se inicia con el sudor de sangre en el Monte de los Olivos. Jesús sufre en el huerto del Getsemaní por el alto grado de pesadumbre psíquica que tuvo en la despedida de la Última Cena (cfr. Lc. 22,15). Más tarde se enfrentó a un juicio totalmente ilegítimo e indebido, la experiencia de toparse con los poderosos del mundo y de ser condenado injustamente por los tiranos de palacio le produce una sensación de impotencia que origina un abatimiento de aflicción. A esta desolación se le suma la conmoción del sangramiento causado por la inhumana flagelación, el Señor que había anunciado que iba a derramar su sangre, lo cumple con el dolor insoportable de los azotes cruentos. La coronación de espinas, salivazos, ser colgado del madero y la humillación con los agravios fueron lo más atenuante de la congoja sufrida por el Pescador de pescadores.
Mucho amor, mucho dolor. Los sacerdotes también sufren parte de este calvario, no es tan excruciante como la experimentada por Jesús Sumo y Eterno Sacerdote, pero muchas veces se asemeja a la pasión por la que demostró su amor por nosotros. “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn. 3,16). Crucificar al sacerdote de Cristo con las calumnias e infamias es clavar en el madero a Cristo sacerdote.

Oración: Señor Jesucristo, que para redimir a los hombres y sanar a los enfermos quisiste asumir nuestra condición humana; mira con piedad a tus siervos, sacerdotes, que están enfermos y necesitan ser curados en el cuerpo y en el espíritu. Reconfórtalos con tu poder para que levanten su ánimo y pueda superar todos sus males, y ya que has querido asociarlos a tu pasión redentora, haz que confíe en la eficacia de sus dolores para la salvación del mundo. Tus sacerdotes enfermos viven contigo la pasión porque eres su mejor amigo, por eso, que cuando nos hablen en tu nombre, sus palabras nos ayuden a conocerte mejor, a Tí y tu Evangelio; que cuando perdonen nuestros pecados sus ojos sigan brillando de cariño, que cuando nos consuelen en los momentos difíciles, que su presencia sea el consuelo que más necesitamos. Cuida a tus sacerdotes, de manera particular por los que están jubilados, retirados o en ministerio emérito, Jesús pastor eterno sea el amor de sus corazones. Amén.



Duodécima Estación: Jesús muere en la cruz.
“Esta es mi sangre…que es derramada a favor de muchos"
(Mc.14, 24)

V/. Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Reflexión: Jesús realiza en sí la demostración más evidente del amor: dar la vida. El Sumo y Eterno Sacerdote es también víctima y altar. No hay amor más grande, y dar la vida como la dio Nuestro Señor Jesucristo ha sido la manera magnánima de expresar el amor verdadero. El sacerdote es ante todo un ministro del altar, es un mediador autorizado para ofrecer sacrificios a Dios en reconocimiento de su dominio supremo y en expiación por los pecados. "Porque todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados" (Hebreos 5,1). Cristo murió, Él mismo lo había anunciado, se entregó más no se rindió, lo crucificaron más no lo eliminaron. Jesús se ofreció como don de salvación y como Cordero inmaculado para destruir el aguijón de la muerte.
El sacerdote es un hombre consagrado para ofrecer dones y sacrificios por los pecados (Heb. 5,1). Por esto, la actividad primordial del sacerdote debe ser ofrecer y ofrecerse en sacrificio. Es evidente que esto va más allá del simple presidir un oficio o una ceremonia. El sacerdote debe no sólo celebrar la Eucaristía, sino debe “Ser Eucaristía”. Como nos recuerda la carta Ecclesia de Eucharistia del Papa Juan Pablo II, la expresión “in persona Christi”, quiere decir algo más que “en nombre” o “en las veces” de Cristo, es la identificación especifica, sacramental, con el “Sumo y eterno Sacerdote”, que es el autor y el sujeto principal del propio sacrificio. Por lo tanto, el sacerdote debe unir su vida al Cordero de Dios que carga con los pecados del mundo y se sacrifica por la salvación de las almas. El sacerdote es el cordero de la Iglesia de Cristo que dispensa los sacramentos de la gracia salvífica. El sacerdote se configura con Cristo en el Altar, allí el Señor se entrega, se inmola, resucita y se da en comunión, donde Cristo sacerdote lo busca, lo encuentra, lo carga y lo mantiene para sí, como propiedad eterna del infinito.

Oración: Señor Jesús que mueres en la cruz por nuestros pecados. Gracias por nuestra parroquia. Estamos recibiendo tanto de ella.Tenemos tanto que agradecerle. En ella te estamos descubriendo, en ella aprendemos a amarte y a seguirte. Desde ella escuchamos tu Buena Noticia, desde ella recibimos el Pan necesario para el camino. Cuando nos cansamos, nos deja su Palabra de ánimo, cuando caemos, nos entrega tu perdón. Cuando nos sentimos débiles, ella nos fortalece, cuando dormimos, ella nos despierta. Gracias por los niños y los jóvenes, por los mayores y los ancianos.Todos, formamos tu Comunidad, tu Iglesia. En nuestra parroquia hay un altar, un sacerdote, un pan y un cáliz donde siempre se actualiza tu Misterio Pasucal. Que de nuestras comunidades parroquiales llames a muchos a la vida sacerdotal. Amén.

Para ver las estaciones IX y X haga click AQUÍ




viernes, 19 de marzo de 2010

VIA CRUCIS SACERDOTAL (estaciones VII y VIII) 19/03/2010

Vía Crucis Sacerdotal
Séptima Estación: Jesús cae por segunda vez.

“Y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros”.
(Lc. 9,49)

V/. Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Reflexión: Jesús sufre una caída que a pesar de ser dolorosa lo calma y lo serena. Las caídas de Jesús en el camino al suplicio son por agotamiento físico, pero las aprovecha el Señor para orar y llenarse de la fuerza trinitaria del Jordán y del resplandor glorificante del Tabor. Después que Jesús inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal en el desierto al rechazar las tentaciones del enemigo, nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado (cfr. Prefacio I domingo de cuaresma). El tentador lo abandona a Él, sin embargo como león rugiente buscaba devorar a sus discípulos (cfr. 1Pe.5, 8-9). Las tentaciones de las envidias, recelos, codicias, egoísmo y soberbia siempre estuvieron rondando al discipulado de Cristo como espina de muerte y división. Jesús ante las instigaciones de los suyos los exhorta al servicio, humildad y caridad.
El sacerdocio único de Cristo se desarrolla en el ministerio sacerdotal de la Iglesia que es una, santa, católica, apostólica y romana. Los sacerdotes son hombres de esperanza y diálogo, el ecumenismo es una experiencia de diálogo profundo, un escucharse y hablarse, un conocerse mejor. La unidad tiene su base en la oración acompañada por el ayuno, el compartir tiene su fundamento en la fraterna colaboración y en la libre donación para aliviar los sufrimientos de la humanidad. La unidad dentro y fuera de la Iglesia es un clamor permanente del Señor que murió por todos. La Virgen María fortalece la unidad dentro del catolicismo y la predicación del Evangelio como Buena Noticia estimula la unidad entre todos los cristianos. Jesús cae por nuestra división para que los cristianos nos levantemos con Él a orar y trabajar por la unidad. Que María, Madre de la Iglesia, ayude a todos los fieles a dejarse abrir íntimamente por Cristo a la comunicación recíproca en la caridad y en la verdad, para transformarse en Él en un solo corazón y una sola alma.

Oración: María, madre de la fe, que acompañaste al templo al Hijo del hombre, en cumplimiento de las promesas hechas a nuestros Padres: presenta a Dios Padre, para su gloria, a los sacerdotes de tu Hijo. Madre de la Iglesia, que con los discípulos en el Cenáculo implorabas el Espíritu para el nuevo Pueblo y sus Pastores: alcanza para el orden de los presbíteros la plenitud de los dones. Madre de Jesucristo, que estuviste con Él al comienzo de su vida y de su misión, lo buscaste como Maestro entre la muchedumbre, lo acompañaste en la cruz, exhausto por el sacrificio único y eterno, y tuviste a tu lado a Juan, como hijo tuyo: acoge desde el principio a los llamados al sacerdocio, protégelos en su formación y acompaña a tus hijos en su vida y en su ministerio, Madre de los sacerdotes vela por los ministros de tu amado Hijo para que nunca sean derribados. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén


Octava Estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén.

“Así que ella se levantó y comenzó a atenderlos”
(Mt. 8,15)

V/. Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Reflexión: Jesús rompe el esquema anímico de todo condenado a muerte, el que sufre también consuela, el Mesías solloza de sufrimiento y a la vez conforta a las que lloran, el Maestro suspira lleno de consternación y descansa aliviando a las atribuladas. Jesucristo como Siervo sufriente renuncia ser consolado para consolar, muy a pesar de estar en desventaja física no deja su labor de cargar el yugo de la humanidad.
Ya antes, Simón de Cirene había sacado la cara y metido su hombro en representación de los hombres, ahora la escena hacia el Calvario nos muestra el rostro de las sufridas mujeres de Jerusalén, ellas no sólo lloran con lamentos a imagen del llanto de Raquel o de las madres de los santos inocentes que murieron en lugar de Cristo niño (cfr. Mt. 2,18), ante la expresión de llanto, ellas como necesitadas permanentes de consuelo y protección, abren sus brazos, su alma y su corazón para recibir al Cristo consolador. Jesús se adelanta al Paráclito e inaugura el tiempo de la consolación del Espíritu Santo.
La vida de los sacerdotes es también de «siervos sufrientes» que constantemente tienen que eximirse de sus dolores para esperanzar a los otros. Al sacerdote por ser «Otro Cristo» en la tierra, muchas veces se le tiene vetado quejarse ante los padecimientos propios, llorar por sus mortificaciones en lo secreto, dónde solo está el Padre que ve en lo secreto (cfr. Mt. 6,1ss), no puede decir estoy cansado porque está llamado a apacentar a los abatidos, en ocasiones cuando es calumniado por los látigos del oprobio social no puede defenderse porque socialmente está en total indefensión. Ante una Iglesia perseguida como el «Nuevo Israel» y unos sacerdotes que son hostigados por su voz profética como «Nuevos Bautistas» por los faraones y Herodes de hoy, se da vigencia a la proclama de la Bienaventuranza: “Dichosos los que sufren porque serán consolados” (Mt. 5,4). El sacerdote conforta, porque Cristo consuela.

Oración: Virgen María, Madre de Cristo Sacerdote, Madre de los sacerdotes del mundo entero. Tú amas con un amor especial a los sacerdotes. Porque ellos son la imagen viva de tú Hijo único. Tú has ayudado a Jesús durante toda su vida. Y los ayudas todavía en el cielo. Nosotros te suplicamos que ruegues por los sacerdotes. Ruega a Dios que envíe operarios a su mies. Ruega para que tengamos sacerdotes. Que celebren los sacramentos. Que nos expliquen el Evangelio de Cristo. Que nos enseñen a convertirnos en verdaderos hijos de Dios. Virgen María, pide a Dios Padre por los sacerdotes. Para que sean santos. Y que las madres creyentes oren al Buen Pastor para que cuando uno de sus hijos sea llamado por Jesús a la vida consagrada sientan tu mismo gozo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Para leer las estaciones V y VI CLICK AQUÍ



miércoles, 17 de marzo de 2010

VIA CRUCIS SACERDOTAL (estaciones V y VI) 17/03/2010

Vía Crucis Sacerdotal
Quinta Estación: Simón el Cirineo ayuda a llevar la cruz de Jesús.
“Y el que no toma su propia cruz y me sigue, no puede ser discípulo mío”
(Lc. 14,26)

V/. Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Reflexión: Jesús nos pide cargar con su cruz como si fuese la nuestra (cfr. Mt. 16,24), Él cargó la nuestra como si fuera la suya. El Cirineo llegó como espectador pasivo y terminó siendo protagonista activo. La llamada vocacional del Señor tiene infinitas maneras de expresarse y de manifestarse a los futuros consagrados. Dios carga nuestras miserias sobre sí para llevarnos a sus excelsitudes, nos llama desde nuestras terquedades humanas para que caminemos libremente hacia el altar de la vida sacramental. Ser sacerdote es optar a ser un cirineo eterno. El sacerdote carga la cruz de Cristo, soporta la suya y sobrelleva la de los demás. Ese triple yugo es llevadero para los sacerdotes porque descansa en los regazos de la liturgia y de la oración vivificante.
El sacerdote, alimenta en sí mismo una vida espiritual de sacrificio y de amor, inspirada en el don del propio sacerdocio ministerial. Su oración, su forma de compartir, sus esfuerzos en la vida, están inspirados por su actividad apostólica que se alimenta de toda una existencia vivida con Dios. El sacerdote es hombre de fe profunda y probada, hombre de lo sagrado y litúrgico. Tiene el Orden sacerdotal y vive dentro del orden de la vida cristiana.
El sacerdote es también un hombre de comunión, porque ser un cirineo es ser hombre de Iglesia. Es el que reúne al Pueblo de Dios y refuerza la unión que hay entre sus miembros por medio de la Eucaristía; él es el animador de la caridad fraterna entre todos. Actúa con sus hermanos en el sacerdocio. Colabora con su propio obispo, padre y pastor, y se esfuerza en acrecentar los lazos de unión entre los miembros del presbiterio. La cruz sacerdotal cargada con fidelidad se convierte en estrella radiante de luz.

Oración: Jesús mío, te ruego por toda la Iglesia: concédele el amor y la luz de tu Espíritu y da poder a las predicaciones de los sacerdotes para que los corazones endurecidos se ablanden y vuelvan a ti. Señor Jesús, danos sacerdotes santos; tu mismo consérvalos en la santidad. Divino y Sumo Sacerdote, que el poder de tu misericordia los acompañe en todas partes y los proteja de los engaños y asechanzas del mal, que están siendo tendidas incesantemente para las almas de los sacerdotes. Que el poder de tu misericordia, Señor, destruya y haga fracasar lo que pueda empañar la santidad de los sacerdotes, ya que tú lo puedes todo. Amadísimo, Jesús, te ruego por el triunfo de la Iglesia, oramos a Tí “Vid verdadera” por una bendición para el Santo Padre Benedicto XVI que nos ha convocado a este Año sacerdotal y por todo el clero, por la gracia de la conversión de los pecadores despiadados. Te pido, Jesús, una bendición especial y luz para los sacerdotes ante los cuales me confesaré durante el resto de mi vida para unirme eternamente a Ti único Dios vivo y verdadero. Amén.


Vía Crucis Sacerdotal
Sexta Estación: La Verónica limpia el rostro de Jesús.
“Ánimo, hija, por tu fe has sido sanada”
(Mt. 9,22)

V/. Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Reflexión: El rostro de Jesús se impregna de su sangre redentora y del sudor fatigoso. Ya exhausto y a punto de enceguecerse consigue de una noble y gallarda mujer la gracia de ser enjugado. Este gesto tan simple, es un hálito de fuerza motivadora para el Hijo de David, que aún no ha llegado a la meta redentora. Los sacerdotes diariamente celebran el santo sacrificio eucarístico, actualizan el misterio de la Cruz de Cristo y prolongan la acción salvífica del Señor. El cáliz de la Eucaristía se transforma en la faz de Jesús crucificado, allí se vierte la Sangre de la Nueva Alianza bebida de salvación para los creyentes. El vaso sagrado se convierte en el Cáliz de la Salvación y el sacerdote como ministro del santo sacrificio al purificar la copa eucarística se transforma en el permanente dispensador del Sacramento del Altar.
Enjugar el rostro de Jesús es prepararlo para la prueba definitiva del Calvario. El rostro del Santo entre los santos se dispone a concluir la última etapa de su misión: dar la vida. El perfecto y santo purifica con el velo impregnado a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones (cfr. Is. 25,7). Los sacerdotes son llamados a vivir una relación personal más íntima y completa con el misterio de Cristo y de la Iglesia, a beneficio de toda la humanidad; en esta elección no hay duda de que aquellos supremos valores humanos tienen modo de manifestarse en máximo grado.
La consagración a Cristo mediante el celibato sacerdotal permite al consagrado, la mayor eficiencia y la mejor actitud pastoral para el ejercicio continuo de la caridad perfecta. Sobre esta base de relaciones tan ricas y tan profundas, el celibato adquiere un significado nuevo: no es ya una condición del sacerdocio, sino el camino de una verdadera fecundidad, de una auténtica paternidad espiritual, porque el sacerdote entrega su vida para que los frutos del Espíritu maduren en el Pueblo de Dios.

Oración: Dios de misericordia y santidad, escucha el grito angustiado de tu pueblo para tener sacerdotes santos que les guíen. Llena sus corazones con celo luminoso a fin de que puedan desempeñarse dignamente en tu presencia, sean siempre leales a tu Iglesia, y alcancen amarte con un amor eterno. María, Madre de Jesucristo y Madre de los sacerdotes: acepta este título con el que hoy te honramos para exaltar tu maternidad y contemplar contigo el Sacerdocio de tu Hijo unigénito y de tus hijos, Santa Madre de Dios. Madre de Cristo, que al Mesías Sacerdote diste un cuerpo de carne por obra y gracia del Espíritu Santo para salvar a los pobres y contritos de corazón: custodia en tu seno y en la Iglesia a los sacerdotes que ofrecen diariamente el Cuerpo de Cristo. Te rogamos por tus elegidos que han abandonado el ministerio sacerdotal, para que se mantengan firmes en la fe y puedan alabarte en el silencio profético de sus vidas y en el regazo de sus almas deseosas del santo pastoreo. Amen.

Para ver las estaciones III y IV haga click aquí




lunes, 15 de marzo de 2010

VIA CRUCIS SACERDOTAL (estaciones III y IV) 15/03/2010

Vía Crucis Sacerdotal
Tercera Estación: Jesús cae por primera vez.

“Ustedes no saben lo que piden”
(Mc. 10,38)

V/. Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Reflexión: Jesús cae pero no se hunde. Nosotros antes de caer ya estamos vencidos por la codicia, avaricia o ambición. Antes de que Jesús cayera con la cruz a cuestas, ya sus apóstoles habían caído en las tres tentaciones del aguijón de la soberbia: el poder, el tener y el placer. Esta primera caída nos recuerda la petición asombrosa e incomprendida de los Zebedeos que pretendían sentarse en los puestos privilegiados del séquito del Reino eterno. San Pablo nos invita a tener los sentimientos de Cristo Jesús (cfr. Filp. 2,5), pero la tarea es ardua y agotadora si no tenemos la gracia del Espíritu Santo.
Los sacerdotes son ante todo, hombres de fe, porque tienen la virtud de anunciar la Palabra y de testimoniarla con su ejemplo. El confiar en Dios los aparta del fiarse en los hombres (cfr. Sal.1, 1-2). Los sacerdotes son hombres de oración que viven pidiendo por los demás y suplicando por la humanidad entera. Ellos son mensajeros que comunican la Palabra, la meditan y la predican. A pesar de sus múltiples oraciones por la comunión con la Iglesia, en oportunidades muy eventuales y escasas extravían la intención eclesial hacia la pretensión personal, como le ocurrió a la madre de los Boanerges. Es allí en lo insondable e inexplicable que pudiera parecer el error humano, donde los sacerdotes, pastores del pueblo de Dios, necesitan de la oración sacrificada de sus ovejas fieles y devotas de las cosas santas. El sacerdote es hombre de lo sagrado. Asimila el Evangelio y lo testimonia con su vida desgastada por sus hijos en la fe. Es testigo del Dios invisible y portavoz del Señor ante los visibles del mundo. Las caídas de los sacerdotes son también las caídas de la Iglesia, las levantadas de los sacerdotes son también la puesta en marcha de la Iglesia.
El sacerdote debe ser reconocido como un hombre de Dios, un hombre de preces, al que se ve implorar y al que se oye rezar. Cuando el sacerdote ora con piedad, la Iglesia gana el combate para Cristo Jesús. Donde ora el sacerdote, ora toda la Iglesia.

Oración: Señor Jesús, Pontífice Eterno, Buen Pastor, Fuente de vida, que por singular generosidad de tu dulce Corazón nos has dado nuestros sacerdotes para que podamos cumplir plenamente los designios de santificación que tu gracia inspira en nuestras almas; te suplicamos: ven y ayúdalos con tu asistencia misericordiosa. Sé en ellos, fe viva en sus obras, esperanza inquebrantable en las pruebas, caridad ardiente en sus propósitos. Que tu palabra, rayo de la eterna Sabiduría, sea, por la constante meditación, el alimento diario de su vida interior. Que el ejemplo de tu vida y Pasión se renueve en su conducta y en sus sufrimientos para enseñanza nuestra, y alivio y sostén en nuestras penas. Te rogamos por los sacerdotes perseguidos, encarcelados y enjuiciados. Concédeles, Señor Jesucristo, entereza espiritual, serenidad sacerdotal, desprendimiento de todo interés terreno y que sólo busquen tu mayor gloria. Amén.



Vía Crucis Sacerdotal
Cuarta Estación: Jesús encuentra a su santísima Madre.

“Dichosa la mujer que te dio a luz y te crió”
(Lc. 11,27)

V/. Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Reflexión: Jesús Sacerdote Eterno se encuentra con María Madre de la Iglesia. Más que un simple encuentro en el camino al Gólgota es un abrazo de comunión en el dolor y en el sufrimiento. Jesús sufre el suplicio redentor en su cuerpo, y la Virgen, como le profetizara Simeón (cfr. Lc. 2,35), soporta la espada del martirio atravesada en su corazón. Así como Jesús transformó por la oración intercesora de María el agua en vino, su Santísima Madre deseaba con su mirada cambiar el dolor de su amado Hijo en consuelo y alivio. Sus lágrimas eran el bálsamo de consolación para el Nazareno condenado a muerte. En este breve, pero intenso encuentro la Virgen María a pesar del tormento proclama el Magníficat en sus labios abatidos. Es un gozo distinto al de Belén, al de Canaán o al de Betania; es una gloria para el eterno Padre que contempla a su Hijo único y a su Hija predilecta poniendo en práctica la Palabra.
El sacerdote es esencialmente mariano porque Cristo es substancialmente mariano. La Virgen María acompañó a Cristo Sacerdote Eterno y acompaña hoy a los sacerdotes que son sus hijos predilectos. La Madre de Jesús se encuentra oculta en la sombra de Cristo y se muestra visible en el ministerio sacerdotal. María Inmaculada camina al lado de sus hijos elegidos por el Hijo del Hombre. La Purísima ora con ellos en sus plegarias, es la primera oyente de sus predicaciones, los asiste cuando ellos atienden a los enfermos y ancianos, se apiada cuando sufren y se deleita con sus alegrías sacerdotales. La Virgen María no participa del sacerdocio ministerial, pero vive a plenitud el sacerdocio de sus hijos consagrados como prolongación del sacerdocio eterno de Jesucristo. Ella en cada Eucaristía sirve el vino nuevo y bueno de la sangre redentora.

Oración: Jesús Buen Pastor nacido de Santa María Virgen, que por singular generosidad de tu dulce Corazón, nos has dado nuestros sacerdotes para que podamos cumplir plenamente los designios de santificación que tu gracia inspira en nuestras almas; te suplicamos: ven y ayúdalos con tu asistencia misericordiosa. Sé en ellos, Jesús, fe viva en sus obras, esperanza inquebrantable en las pruebas, caridad ardiente en sus propósitos. Que tu Palabra, rayo de la eterna Sabiduría, sea, por la constante meditación, el alimento diario de su vida interior. Que el ejemplo de tu vida y Pasión se renueve en su conducta y en sus sufrimientos para enseñanza nuestra, y alivio y sostén en nuestras penas. Concédeles, Señor, desprendimiento de todo interés temporal y que sólo busquen tu mayor Gloria. Concédeles ser fieles a sus obligaciones con pura conciencia hasta el último aliento. Y cuando con la muerte del cuerpo entreguen en tus manos la tarea bien cumplida, dales, Jesús, Tú que fuiste su Maestro en la tierra, la recompensa eterna: la corona de justicia en el esplendor de los santos. Amén

(para leer las Estaciones I y II CLICK AQUÍ)

Las estaciones V y VI se publicarán el miércoles 17



viernes, 12 de marzo de 2010

VIA CRUCIS SACERDOTAL (estaciones I y II) 12/03/2010

De lo mejor que he leído últimamente está el VIA CRUCIS que hizo el Padre José Palmar como homenaje al Año Sacerdotal proclamado por el Santo Padre Benito XVI.

Es un ejercicio de piedad (ejercicio porque fortalece nuestra alma) que nos invita a considerar el camino de Nuestro Señor Jesucristo como nuestro propio camino también. Es el convencimiento interior de que así como para Cristo, el camino con la cruz es el camino hacia la luz, nuestro camino espiritual, aún con las pesadas cargas que podamos llevar sobre nuestras espaldas, es el camino a la Resurrección.
Probablemente no estés acostumbrado a este tipo de “ejercicios”… tampoco querrás parecerte a una vieja beata de las que se la pasan rezando todo el día. Solo te pido que al menos lo leas, como simple curiosidad, que si algo bueno sacas de eso, será para la mayor gloria de Dios y enorme beneficio para tu Vida Eterna.

El Via Crucis se compone de 14 estaciones. Hoy solo publicaré las dos primeras y luego continuaré con el siguiente cronograma:

Lunes 15 estaciones III y IV
Miércoles 17 estaciones V y VI
Viernes 19 estaciones VII y VIII
Lunes 22 estaciones IX y X
Miércoles 24 estaciones XI y XII,
Viernes 26 estaciones XIII, XIV


Vía Crucis Sacerdotal

Primera Estación: Jesús es condenado a muerte.

“Amigo, ¿a qué vienes?”(Mt. 26,50)

V/. Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Reflexión: Jesús es hecho prisionero por la prevaricación de un amigo. La traición siempre viene del cercano, no duele que te condene un tirano como Pilatos, punza tu alma el que te entregue una persona de confianza como el Iscariote. Jesús ha vivido este dolor con nobleza y sin arrebato. El amigo siempre se acerca para ayudar, servir o socorrer, pero cuando se aproxima para entregarte vilmente al enemigo es una muerte afectiva que devasta los sentimientos. Jesús evita cualquier acto de violencia, incluso remedia la que tuvo el apóstol Pedro con el mal uso de su navaja. Jesús ni siquiera rechaza el beso del traidor, con su pregunta colmada de congoja y su mirada llena del sigilo de la conciencia moral le hace ver su error. Es inaceptable que un beso, signo de vida y de profundo cariño, llegue a ser un acto de hipocresía y de muerte.
El sacerdote es el amigo de Cristo que tiene la misión de ser pescador de hombres (cfr. Mt. 4,19). Jesús nunca nos condena a pesar de nuestras culpas. Jesús siempre nos justifica y nos salva. Ser sacerdote santo es ser “otro Cristo” en la tierra, mostrar el sacerdocio de Cristo con sus flaquezas y miserias humanas es presentar “otro Iscariote” en la Iglesia. “La mies es mucha y los obreros son pocos” (Mt. 9,37), la traición de un solo obrero del Señor arruinó la cena pascual. Jesús buscó edificar una Iglesia de amigos para rescatar a los enemigos, una Iglesia de santos para convertir a los pecadores, una Iglesia de elegidos para llamar a los perdidos.
Jesús el Hijo de Dios se dejo traicionar y condenar porque no ambicionaba este mundo. Los sacerdotes viven en medio del mudo sin ambicionar sus placeres, son miembros de cada familia sin pertenecer a ninguna; comparten todos los sufrimientos, penetran todos los secretos, perdonan todas las ofensas, y al final de sus vidas a imitación del Cordero de Dios son condenados más por sus pequeñeces humanas que recompensados por las grandezas de su pastoreo solícito y bondadoso. Condenar a un sacerdote de Cristo, es condenar a Cristo sacerdote.

Oración: Jesús Salvador nuestro, que has confiado a los sacerdotes que son nuestros pastores, la aplicación de la Obra de la Redención y de la Salvación del mundo; por medio de nuestra Santísima Madre, te ofrecemos para la santificación de los sacerdotes, seminaristas y novicios, durante este Vía Crucis, todas nuestras oraciones y plegarias, nuestros sacrificios y sufrimientos. Danos, Señor, sacerdotes verdaderamente santos que, inflamados del fuego de tu Amor, no procuren otra cosa que tu santa Gloria. Sálvalos de todos los peligros interiores y exteriores, ampáralos, sobre todo contra las insidias de los enemigos de su virtud y de su santo ideal sacerdotal. Señor, Danos muchos sacerdotes santos, para que todos seamos también santos. Amén.


Segunda Estación: Jesús carga la cruz.

“Carguen con su cruz de cada día y síganme”
(Lc. 9,23)


V/. Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Reflexión: Jesús nos ama todos los días hasta sentir dolor de amor. Cargar la cruz es indudablemente una oportunidad para negarse a sí mismo. Ir en pos de Cristo es caminar por los pasos hacia el Calvario y pisando las huellas del martirio. La triple exigencia de toda vocación cristiana reclamada por el Señor es: renunciar a sí mismo, tomar la cruz y seguirle. Los sacerdotes viven esta solicitud amorosa del Buen Pastor, como consagrados que le prometen solemnemente cumplirlas en su ministerio sacerdotal. El elegido por Cristo se despide del mundo viviendo en la tierra, y anhela el cielo nuevo de las verdes praderas peregrinando sobre las cañadas oscuras de la humanidad. Jesús no pide que dejemos de vivir, la exigencia es que vivamos con la novedad de la plenitud de la vida que sólo Él puede dar. No es renunciar y quedarnos sin nada, es optar libremente por lo más justo, bello y gozoso del ser cristiano: dar para recibir, perdonar para ser perdonado y morir con Cristo para resucitar a la vida eterna.
Renunciar así mismo, cargar la cruz y seguir a Jesús significa ceder ante nuestros proyectos limitados y mezquinos para acoger el de Dios que es pleno, rebosante y misericordioso. Al renunciar a sí mismo, el Señor no nos quita nada, al contrario lo tenemos todo, porque optamos por lo que no se carcome ni se acaba: los bienes de arriba (cfr. Col. 3,1); al cargar la cruz el Maestro no nos imputa más obligaciones, más bien Él con su gracia hace que la carga sea ligera y el yugo llevadero (cfr. Mt. 11,28); y al seguirlo sólo a Él, no despreciamos nuestros proyectos o aspiraciones, con la fidelidad y entrega generosa nuestros planes temporales los asume el Señor, los santifica, los perfecciona y los transforma en gloria para su santo nombre. Los sacerdotes son hostias vivas de oblación permanente llamados a estar siempre alegres. Un sacerdote feliz es una bendición inagotable, es la prolongación de la alegría paternal de San José Custodio del Redentor que le enseñó a Jesús trabajar el leño para cumplir la voluntad de Dios.

Oración: Glorioso San José, padre tutelar de Jesucristo, en este Vía Crucis te pedimos por todos los sacerdotes, especialmente por los recién ordenados. Que al igual que tú, fueron tomados de entre los hombres para servir a Dios. Hazles imitar tu gran fe, tu castidad perfecta, tu entrega total al servicio de Dios sin mirar las consecuencias, tu humildad, tu trabajo constante, tu pobreza, tu obediencia y tu disponibilidad sobrehumana. Ayúdales a imitarte a ti y a tu Hijo Jesús en todo. Ayúdales a ser buenos sacerdotes ante los ojos de Dios, socórrelos en la soledad y en las tentaciones. Acompáñalos en todos los momentos difíciles de su vida y en los instantes de alegría. Defiéndelos de todos los que buscan hacerles daño, como defendiste a Nuestro Señor Jesucristo, hasta que lleguen al Reino de los cielos a gozar contigo para siempre de la presencia de Dios, nuestro Padre. Amén.




domingo, 13 de diciembre de 2009

Los "milagros" del Papa Wojtyla


Una caricia de Juan Pablo II curó al cardenal Marchisano
Los "milagros" del Papa Wojtyla
Cardenal Dziwisz: "No podíamos hablar de sus milagros"


Cada vez aparecen más "milagrados" del Papa Wojtyla. Y es que Juan Pablo II ejerció durante su largo pontificado una amplia, aunque casi secreta, actividad taumatúrgica. Milagros en vida que empiezan a salir a la luz pública, por los testimonios que se acumulan en la causa de beatificación y en libros de vaticanistas como Andrea Tornielli («Santo subito») o el polaco Pawel Zuchniewicz («Miracles of John Paul II»).

Hace pocos días, el cardenal Stanislaw Dziwisz, que fue su secretario durante años, admitió que el Papa hizo muchos milagros en vida: «No podíamos hablar de ello, nos estaba prohibido, pero ahora que está muerto, hay muchas cosas que se están registrando y documentando», declaró Dziwisz, actual arzobispo de Cracovia.

Ahora bien, para ser beato es necesario que se haya demostrado su intercesión en un milagro, pero sólo después de muerto. De este modo, los numerosos testimonios de presuntos milagros hechos en vida por Juan Pablo II no tienen valor para ese expediente y sólo lo tendrán los que aparezcan a partir de su muerte.

A este ambiente se ha unido, por ejemplo, el cardenal Francesco Marchisano que ayer, durante una misa en San Pedro, dijo que una caricia de Juan Pablo II en su cuello le hizo volver a hablar. Marchisano había sido operado en la carótida y un error de los médicos le había dejado con las cuerdas vocales maltrechas y con un hilo de voz, problema resuelto después de que Wojtyla le acariciara la garganta y le dijera que rezaría por él.

El cardenal celebró misa junto al histórico secretario del Papa, el arzobispo polaco Stanislao Dziwisz, que hoy aparece en "La Stampa" con el relato de la curación de un estadounidense, que padecía un tumor en el cerebro y que sanó después de una misa privada con el Papa, que le dio la comunión a pesar de ser de religión hebrea.

En diversos medios se han mencionado otros milagros realizados por Juan Pablo como la curación de una señora ciega que recuperó la vista después de ser tocada por el Papa y la sanación de un joven de México que tenía un tumor y que se curó tras ser besado por el Pontífice.

Es cierto que la publicación en un informe de estos y otros casos tendrá el valor de ser un homenaje al Papa polaco y contribuirá a darle aún más "fama de santidad" que siempre es importante en el inicio de un proceso de beatificación.

Una vez beatificado se puede abrir la causa de canonización, que lleva a la condición de santo, para lo cual es necesario un segundo milagro, que ha de ocurrir después de ser proclamado beato.

Tomado de religiondigital.com


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domingo, 31 de mayo de 2009

Nueva Ley de equidad e igualdad de género. Reflexiones del comunicado de las comunidades católicas de la Diócesis de Cabimas.

Leyendo un ejemplar del periódico de la Arquidiócesis de Maracaibo llamado “La Grey” me encontré un comunicado que las comunidades católicas de la Costa Oriental del Lago (a mí ni me avisaron ni me consultaron a pesar de que en algún lado debe aparecer mi número de teléfono y mi dirección de correo electrónico!) hacen al presidente de la República, a la Asamblea Nacional y al Tribunal Supremo de Justicia, alertándolos contra un proyecto de ley que atenta “contra los principios que deben regir el respeto a la dignidad humana”.

El proyecto se denomina “Ley orgánica para la equidad e igualdad de género” que puede usted conseguir en formato .PDF haciendo click aquí.

Con respecto a las consideraciones del Comunicado (que por extenso no lo copio) me permito dar mis impresiones acerca de los puntos álgidos que tocan:

En primer lugar existe una separación de hecho entre el Estado y la Iglesia lo que le permite al Estado la libertad de disponer de un conjunto de normas y leyes no solo para los católicos sino para todos los venezolanos. El Estado no es el garante del Bien Común Católico sino del Bien Común de todos los venezolanos, creyentes y no creyentes, mayorías y minorías, y el gobierno es el ente encargado de hacer valer las disposiciones que el Estado juzgue necesarias para que prevalezca el Bien Común.

Bajo esa premisa tenemos que leer ese proyecto de Ley que pretende hacer justicia a la mujer, vista con paridad frente al hombre, con igualdad de derechos, de deberes y oportunidades, sin que por su género sea discriminada o vea vulnerados sus derechos mas fundamentales por una sociedad tradicionalmente machista y patriarcal (de ahí se entiende el porqué la Ley hace mención a generar cambios culturales, sociales, políticos, institucionales -art. 9-)

El Estado es quien debe decidir (y está en la obligación de decidir) las políticas de Salud Pública, y esas incluyen (nos parezca o no) la promoción, difusión, orientación y gratuidad de métodos anticonceptivos que prevengan las enfermedades de transmisión sexual, el SIDA, los embarazos no deseados, especialmente en los niños y adolescentes, fenómenos tristemente comunes en nuestra sociedad que lamentablemente no se eliminan con charlas, simposios, homilías ni seminarios sino con una acción directa, que probablemente no controle el problema pero sí las consecuencias. El Estado puede escuchar las consideraciones morales de las diferentes religiones pero no está obligado a seguirse por ellas. Nuestro trabajo como pastores cristianos católicos es dirigirnos a los fieles e instruirlos en los fundamentos de la moral cristiana y evitar los reduccionismos del concepto de “persona humana” para que cada quien, utilizando el libre albedrío decida lo mejor para su vida en base a su sistema de creencias.

Lo mismo vale para el aborto. Que la Ley contemple en su artículo 5: “El derecho a la autonomía e integridad corporal. Incluye el derecho de la mujer a tomar decisiones responsables y libres relativas a su sexualidad y reproducción sin sufrir discriminación, coacción y violencia” ciertamente no implica que TODAS las mujeres están obligadas a abortar. Esa será una decisión muy particular que, amparada por una Ley, tiende a despenalizar el aborto como crimen (algo que a mí, particularmente me parece chocante y desagradable en primer lugar porque creo y defiendo la vida humana desde el mismo momento de la concepción, en segundo lugar porque me parece un supremo acto de barbarie y discriminación sin precedentes el que siempre termine pagando las consecuencias el mas débil, el mas desprotegido, el mas vulnerable y en tercer lugar porque para mí, aborto será siempre igual a crimen)

¿Las mujeres podrán interrumpir el embarazo en cualquier momento o utilizarán el criterio del famoso juicio Roe vs. Wade que estableció en la legislación norteamericana que el aborto se permite hasta el momento en que el feto sea viable – hasta el momento en que pueda vivir fuera del útero- (las 24-28 semanas de gestación)? Son aspectos que el proyecto de Ley no toca y que dependerá del concepto de “vida humana” que tenga o proporcione el Estado (si es que tiene alguno, que me parece que no lo tiene); lo que si me parece es que la Ley, pretendiendo ser anti-discriminatoria lo que logra, en el caso de los embarazos y de la “persona humana” con vida intrauterina, es totalmente lo contrario.

El documento de las Comunidades Católicas de la COL trae lo siguiente:

2.- Existe la pretensión de justificar y darle carácter de protección y promoción legal a las relaciones homosexuales y de otra índole contra la naturaleza, reconociendo que todo individuo tiene derecho a vivir su sexualidad según su orientación sexual (Art.5)

En primer lugar, no entiendo que quisieron decir con “relaciones homosexuales y de otra índole contra la naturaleza”. Yo conozco solo dos tipos, las relaciones heterosexuales y las homosexuales y a menos que presupongan las desviaciones patológicas como bestialismo, la pedofilia o el fetichismo (cosas que no creo estén contempladas en el proyecto de ley) esa frase “y de otra índole contra la naturaleza” no solo está demás sino que si quisieron utilizar un recurso estilístico, pues solo lograron presentar una imagen distorsionada del proyecto de Ley que no se ajusta a la realidad. Lo cierto es que nuestra Constitución establece en su Artículo 77: “Se protege el matrimonio entre un hombre y una mujer, fundado en el libre consentimiento y en la igualdad absoluta de los derechos y deberes de los cónyuges. Las uniones estables de hecho entre un hombre y una mujer que cumplan los requisitos establecidos en la ley producirán los mismos efectos que el matrimonio.” Claro que el artículo 77 no parece restrictivo y pudiera “alargarse” (ya estamos acostumbrados a que el gobierno hace lo que le da la gana con las leyes de este país) para incluir las uniones homosexuales como legales y sujetas a deberes y derechos, pero mientras no se cambie el concepto de “matrimonio”, tendrán que llamarlas “contrato de mutua convivencia” o darles otro nombre parecido.

Que esto (como me decía una persona no hace mucho) destruya el concepto de familia nuclear y tradicional, no me parece ni real ni justo. El que se aprueben por vía legal las uniones homosexuales no tiene porqué afectar a las familias normalmente constituidas ni cambiar las cosas para los que quieran formar una familia normalmente constituida. Solo significa que el concepto que manejamos de convivencia tendrá que ampliarse como de la misma manera nuestro concepto de tolerancia tendrá que ser puesto a prueba. En la Santa Madre Iglesia creemos y defendemos que hay que odiar al pecado pero no al pecador, y si el Estado cree que los homosexuales merecen un trato legal y no discriminatorio que ampare sus uniones, pues también son venezolanos y tendremos que aceptarlos.

En todo caso, las políticas anti discriminatorias de los homosexuales que pueda tomar el Estado Venezolano tienen sus raíces en los documentos aprobados por la ONU y la OEA.

Lo cierto es que por los vientos que soplan esta ley se aprobará pronto, de ahí que nuestra labor como pastores, como laicos comprometidos, como maestros católicos, sea la de renovar en nuestros fieles el conocimiento y manejo de los principios morales básicos del cristianismo para que puedan responder desde la fe a las opciones que este nuevo ordenamiento legal presenta.

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sábado, 30 de mayo de 2009

Albertico (Limonta) Cutié y la reacción del Arzobispo de Miami

DECLARACIÓN
de John C. Favalora, Arzobispo de Miami, sobre la Separación del Padre Alberto Cutié de la Iglesia Católica Romana


Me siento sinceramente decepcionado con el anuncio hecho en esta tarde por el Padre Alberto Cutié de que se une a la Iglesia Episcopal.

De acuerdo a nuestro derecho canónico, con esta acción, el Padre Cutié se separa a sí mismo de la comunión de la Iglesia Católica Romana (c. 1364, 1) al profesar fe y morales erróneas, y rehusar la sumisión al Santo Padre (canon 751). También se separa del ejercicio de las órdenes sagradas como sacerdote (cánones 1041 y 1044, 1), deja de tener las facultades de la Arquidiócesis de Miami para celebrar los sacramentos, y tampoco puede predicar o enseñar sobre la fe y la moral católicas (canon 1336, 1). Sus acciones pueden llevarle a ser separado del estado clerical.

Esto significa que el Padre Cutié se destituye a sí mismo de la completa comunión con la Iglesia Católica y, por lo tanto, pierde sus derechos como clérigo. Los católicos romanos no pueden solicitarle los sacramentos al Padre Cutié. Cualquier intento de su parte para administrar los sacramentos sería ilícito. Cualquier misa que celebre sería válida, pero ilícita, pues no reúne los requisitos para que un católico cumpla con su obligación. El Padre Cutié no puede oficiar matrimonios válidos de católicos romanos en la Arquidiócesis de Miami, o en cualquier otro lugar.

El Padre Cutié aún se encuentra obligado por su promesa de vivir una vida célibe, la cual él asumió con absoluta libertad en la ordenación. Sólo el Santo Padre puede dispensarle de dicha obligación.

A los fieles católicos de la parroquia Saint Francis de Sales, Radio Paz, y a toda la Arquidiócesis de Miami, vuelvo a decirles que las acciones del Padre Cutié no pueden ser justificadas a pesar de sus buenas obras como sacerdote (declaración del 5 de mayo de 2009). Esto cobra mayor veracidad a la luz de las declaraciones de hoy. El Padre Cutié habrá abandonado la Iglesia Católica, les habrá abandonado a ustedes, pero yo les reitero que la Iglesia Católica jamás les abandonará. La Arquidiócesis de Miami está aquí para ustedes.

Las acciones del Padre Cutié han causado gran escándalo dentro de la Iglesia Católica, han hecho daño a la Arquidiócesis de Miami—especialmente a nuestros sacerdotes—y han creado una división dentro de la comunidad ecuménica y la comunidad en general. El anuncio del día de hoy sólo intensifica dichas heridas.(*)

Cuando el Padre Cutié se reunió conmigo el 5 de mayo, solicitó, y le concedí, una licencia del ministerio sacerdotal. Debido a esto, él no podía continuar como administrador de la parroquia Saint Francis de Sales o como director general de Radio Paz. Por el bien de la Iglesia, y con el fin de evitar un frenesí en los medios de comunicación, opté por no imponerle públicamente una penalidad eclesiástica, aunque sus acciones la justificaban. Desde aquella reunión, no he vuelto a saber del Padre Cutié, y él tampoco ha solicitado reunirse conmigo. El nunca me dijo que estaba considerando unirse a la Iglesia Episcopal.(**)

También debo expresar mi sincera decepción con la manera en que el obispo Leo Frade, de la Diócesis Episcopal del Sureste de la Florida, ha tratado esta situación (***). El obispo Frade nunca ha hablado conmigo sobre su posición ante tan delicado asunto, o sobre las acciones que consideraba. Sólo escuché de él a través de los medios de comunicación locales. Esto representa un serio retroceso en las relaciones ecuménicas y la cooperación entre nosotros. La Arquidiócesis de Miami nunca ha hecho alarde público cuando, por razones doctrinales, los sacerdotes episcopales se han unido a la Iglesia Católica y buscan ser ordenados. De hecho, hacerlo violaría los principios de la Iglesia Católica sobre las relaciones ecuménicas. Lamento que el obispo Frade no me concediera, ni a la comunidad católica, la misma cortesía y respeto.

Durante mis casi 50 años de sacerdocio, he predicado con frecuencia sobre la parábola del Hijo Pródigo, que en realidad debería llamarse la parábola del Padre Misericordioso (Lucas 15, 11-32). La historia que hizo el Señor hace tanto tiempo, podría ser aplicada a nuestras discusiones en esta tarde.

Un padre tenía dos hijos. Uno de ellos tomó su herencia por anticipado y dejó el hogar, gastando el dinero como quiso. El padre esperó con paciencia por el regreso de su hijo pródigo quien, tras darse cuenta del error cometido, se arrepintió y regresó al hogar. A su llegada, el padre lo abrazó con amor y lo llamó su hijo. Oro para que el Padre Cutié “recapacite” (Lucas 15,17) y regrese a casa. La Iglesia Católica busca la conversión y la salvación de los pecadores, no su condena. Esa es mi postura ante el Padre Cutié.

Sin embargo, no podemos olvidar que había dos hijos en la historia del Señor. El otro hijo, que nunca abandonó el hogar, sintió enojo ante la bienvenida que el padre le dio a su hermano pecador. A todos los fieles católicos les digo lo que el padre expresó a su segundo hijo: “tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo; pero había que hacer fiesta y alegrarse, puesto que tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida” (Lucas 15, 31-32). (****)

En esta hermosa parábola, Jesús nos enseña que Dios es un padre amoroso y misericordioso. Cada uno ha experimentado ese amor, cada uno necesita ese perdón, pues todos somos pecadores. Si nuestro hermano regresa al hogar, celebremos con el Padre.

Para concluir, elogio y rindo homenaje a los sacerdotes de la Arquidiócesis de Miami, y a todos los sacerdotes que viven y cumplen con fidelidad su promesa del celibato. Por su fidelidad a dicha promesa, reflejan con mayor claridad para el mundo al Cristo cuya entrega absoluta de sí mismo al Padre fue el amor puro y casto por sus hermanos y hermanas. En estos tiempos de tanta preocupación por el sexo, el don del celibato representa aún más un signo del Reino de Dios donde, como dicen las Escrituras, no hay “matrimonio ni dándose en matrimonio” (Mateo 22, 30). Exhorto a todos los católicos a apoyar y a orar por nuestros entregados sacerdotes.


Monseñor John C. Favalora
Arzobispo de Miami

Tomado de la página de la Arquidiócesis de Miami


Notas personales y particulares:

(*) Mi estimado Mons. Favalora, el caso particular y personal del sr. Cutié no tiene porqué afectar las relaciones ecuménicas de la Arquidiócesis de Miami. El caso es notorio, ciertamente, pero particular en todo caso, y mas peso tiene la búsqueda de lo que nos une que lo que nos separa.

(**) Mons. Favalora. Que el sr. Cutié estaba pensando abandonar la Iglesia Católica lo sabía yo, que vivo a miles de kilómetros de distancia de Miami; no puedo entender cómo usted no se diera por notificado, especialmente después de la entrevista aparecida en el Nuevo Herald el día 9 de mayo Ya eso habría tenido que ofrecerle pistas acerca del "salto de fe" de Cutié

(***) Ciertamente, yo pensaba que los obispos anglicanos eran mas serios y capaces de distinguir entre una crisis de fe y los berrinches de un niño malcriado.

(****) Yo complementaría con 2 Macabeos 6,18-31 y el ejemplo de fidelidad hasta la muerte que nos brinda Eleazar.




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