lunes, 22 de marzo de 2010

VIA CRUCIS SACERDOTAL (estaciones IX y X) 22/03/2010

Vía Crucis Sacerdotal
Novena Estación: Jesús cae por tercera vez.

“Pedro lo negó diciendo: No, no lo soy”
(Jn. 18,25)

V/. Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Reflexión: Jesús ante la mirada inerte del gentío que observaba el infortunio del Nazareno, cae por tercera y última vez. Él que hace un momento había consolado, ahora está otra vez derribado. El pensamiento colectivo se inclinaba a murmurar que ya había llegado al desenlace fatal. Cayó a tierra, pero no murió en el suelo. Si hubiera fallecido en el piso la redención se trunca por el mero abatimiento corporal, era necesario que el Hijo del hombre fuera levantado en la cima del monte para que todo el que crea tenga por él vida eterna (cfr. Jn. 3,14.15). Los sacerdotes están llamados a negarse a sí mismos y declarar a Cristo con sus labios. El apóstol Pedro cayó en la negación de Cristo Jesús, él se privó temporalmente de confesar el santo nombre de Jesús, de verdad fue una negación expresada con los labios, pero en su corazón estaba la confesión que luego materializaría a su Maestro Resucitado.Así es el miedo, llena a la persona de una conmoción desagradable provocada por la percepción de un peligro, Simón Pedro avista que está en vía de la desgracia, y se resguarda con el recurso escandaloso de la negación. Los sacerdotes son hombres de fe íntegra llamados a testimoniar a Cristo y a declararlo con su boca en toda circunstancia, los peligros por ser fieles a la Iglesia les acechan tenazmente, desde el Santo Padre Vicario de Cristo, hasta el más humilde sacerdote de pueblo o cura de barrio están expuestos ante los agravios, escarnios, vejaciones y torturas que terminan en el martirio moderno de la condena moral. Jesús nos invita a todos y de manera predilecta a sus sacerdotes a negarse a sí mismos. Jamás debemos negarlo a Él para que alcancemos los bienes duraderos de la eternidad. Jesús se niega a quedarse derribado y sigue su camino para cumplir todo lo exigido por el Padre Celestial. Quedarse en el suelo es negar eternamente al Hijo de Dios. Los sacerdotes son testigos fieles de Cristo que mueren de pie, con los brazos abiertos y mirando al cielo.
Oración: Dios omnipotente, que en tu providencia quisiste edificar tu Iglesia sobre la roca de Pedro, príncipe de tus apóstoles, mira con amor a nuestro papa Benedicto XVI, y tú que lo has constituido sucesor de san Pedro, concédele la gracia de ser principio y fundamento visible de la unidad de fe y de comunión de tu pueblo. Concédele Señor, que su palabra y su ejemplo sean provechosos al pueblo que él preside, para que llegue a la vida eterna junto con el rebaño que le ha sido confiado. Haz Dios de bondad, que confirme en la fe a todos los hermanos, y que toda la Iglesia se mantenga en comunión con él por el vínculo de la unidad, del amor y de la paz, para que todos encuentren en ti, Pastor de los hombres, la verdad y la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Décima Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras.

“Podían ponerse sandalias, pero no llevar ropa de repuesto”
(Mc. 6,9)

V/. Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Reflexión: Jesús en reiteradas ocasiones les repetía a sus discípulos las medidas mesiánicas de la austeridad para que vivieran una práctica ascética y una vida moderada (cfr. Mc.6, 8-9). El Señor procuraba cimentar una Iglesia dentro de los niveles máximos del desprendimiento y de la pobreza evangélica. Los sacerdotes al igual que los apóstoles lo dejan todo para seguir al Maestro e imitarlo como el Pastor solícito y misericordioso (cfr. Mt. 4,20). Cuando el elegido lo deja todo, -y Cristo es el elegido del Padre- nadie lo despoja, porque ya se desprendió de todo. Al Señor Jesús lo desvistieron pero no pudieron desnudarlo, el Transfigurado del Tabor siempre estará resplandeciente y luminoso. Arrebatarle la única túnica no fue problema, la dificultad que se imposibilitó para los esbirros del sanedrín fue despojarlo de su dignidad de Hijo de Dios.
La vida sacerdotal está signada por la promesa de la pobreza, el hombre de caridad llamado por Cristo es un sacerdote pobre, que se hace solidario con los más necesitados. Aquel mandato del Señor “dad gratis, lo que gratis habéis recibido” (Mt. 10,8) se hace presente en el Calvario, a Cristo no le despojan, Él como Cordero de Dios le dio a sus verdugos sus vestiduras sin resistencia, sin protestar y sin apelar a nadie. Los sacerdotes son de igual manera los siervos obedientes, que se desprenden libremente de lo que necesitan para compartir alegres con aquellos, que reflejan el rostro de Cristo sufriente. El reflejo de la pobreza de Cristo se evidencia en el pesebre y en la Cruz. Nacer muy pobre y morir siendo más pobre. Así debe estar vivida la experiencia sacerdotal, la realidad final de nuestra vida de fe será evaluada por las veces que amamos y compartimos. No hay cristianismo sin el sentido del hermano, y tampoco lo hay sin el sentido del pobre. No hay sacerdocio de Cristo sin la verdadera liberación en la pobreza. La pobreza en Cristo es la verdadera alegría. Lo que los sacerdotes tienen es de los pobres y sólo lo que ellos dan se torna verdaderamente suyos.

Oración: Señor Jesús, Buen Pastor; Tú has dado tu vida por los hombres porque los amas, y toda tu vida te has preocupado de que todos sean felices: bendecías a los niños, escuchabas a los que necesitaban compañía, atendías a los enfermos, enseñabas el camino al cielo con tus palabras, ayudabas a los necesitados. Te pedimos por nuestro párroco. Él dice que quiere ser como tú, que un sacerdote es el reflejo de tu amor en este mundo. Haz que él también se preocupe por todos nosotros como un padre, que especialmente cuide de los que más lo necesitan. Que siga siendo paciente con los más jóvenes, bondadoso con los ancianos, alegre con los niños; que nunca se canse de hacerte presente en medio de todos al celebrar la Eucaristía, que a pesar de vivir como pobre, celebrar el Sacramento del Altar es su mayor riqueza. Amén.

Para leer las estaciones VII y VIII hacer click aquí