sábado, 6 de marzo de 2010

Eli Bravo: "Superhéroes"

Se creen justificados para luchar, a capa y espada, contra un mundo totalmente equivocado

Trabajar en el cuerpo diplomático venezolano debe ser emocionante. Plantarse ante la conspiración internacional, levantar la voz de la justicia en un mar de hipocresía, batallar contra el sistema malévolo y pérfido que la derecha ha tejido en todo el planeta. ¡Ni el más avezado guionistas de comics podría crear las aventuras de estos superhéroes!

¿Pero qué digo guionistas, si la conspiración es real? En la narrativa de la orquestación anti-revolucionaria, las páginas de la historia son escritas por analistas, periodistas y militantes convencidos de que la persecución es coordinada por hombres de negro desde laboratorios en Washington. Pulsan un botón y hacen hablar a un juez español.

Chávez y Bush siempre me parecieron diablitos gemelos. Ahora el chavismo se asemeja cada vez más al macartismo: obsesionados con sus enemigos imaginarios ven volar por todas partes a las Brujas de Salem.

Consecuencia inmediata de la militancia y el fanatismo, la teoría de la conspiración es perfecta para cerrar filas y mentes. La racionalidad es lo de menos, acá los argumentos ceden paso a las emociones en una batalla donde el fin justifica los medios. Con la ventaja adicional de aliviar la presión que suponen las responsabilidades: sus actos están más allá de la ley común. A fin de cuentas lucha por la supervivencia de los suyos ante un enemigo superior.

¿Lo más peligroso de esta actitud? Contagia a la sociedad con la convicción de que todos los problemas son causados por factores externos (siempre malintencionados) a la vez que anestesia el sentido de la autocrítica. Investidos como agentes de la verdad y la justicia, los fanáticos y militantes se transforman en superhéroes de su propia fantasía.

Explicar el mundo como un campo de batalla entre buenos y malos resulta conveniente a los políticos maniqueos. Y cuando los ciudadanos se tragan el anzuelo tropelías como la guerra en Irak avanzan sobre ruedas. Paradojas de la vida: la izquierda bolivariana sufre de la misma condición que padecen quienes militan en la extrema derecha: se creen justificados para luchar, a capa y espada, contra un mundo totalmente equivocado. Y quien está ungido por la verdad no tiene que dar explicaciones a mortales o imperios.


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