martes, 8 de septiembre de 2009

El NACIONAL editorial 08/09/2009 "Vedette en Venecia"

¿Cuánto cuesta el show?

Vedette en Venecia

Mientras el Gobierno chavista le abre arteramente una nueva investigación administrativa al canal de noticias Globovisión, el Presidente de la República disimula este zarpazo contra la libertad de expresión paseándose como una estrella de Hollywood en el festival de cine de Venecia. ¿Cuánto le cuesta al venezolano este lanzamiento al estrellato del líder bolivariano? ¿Es que acaso el director de cine Oliver Stone, quien ha producido y dirigido la película sobre Chávez, ha sido tan generoso que no le cobra honorarios a Miraflores? Pero más allá de lo que supuestamente le puedan haber cancelado a míster Stone por su epopeya filmada en Venezuela (porque nadie en Estados Unidos trabaja gratis) habría que preguntarse cuánto costó el hecho de que el director estadounidense se moviera por el sur del continente, para entrevistar a los presidentes de Argentina, Brasil, Ecuador y Bolivia, que le sirvieron de comparsa a Chávez en la película presentada ayer en Venecia.

Stone no debió escatimar gastos de producción y de posproducción, pues con una cesta de petrodólares a su alcance le debe haber dado rienda a suelta a su ya famosa costumbre de pasar los límites del presupuesto acordado. Pero si este despilfarro del dinero de Venezuela nos indigna, más asco nos produce que un director como Stone se haya unido al coro de quienes cantan loas a los viejos y nuevos dictadores latinoamericanos.

Al director estadounidense le ha dado por incorporar a su relevante filmografía, crítica en algún momento del sistema conservador estadounidense, a un carcamal como Fidel Castro, cuando este ya no significa nada para las juventudes latinoamericanas.

Si no hubiera dejado de ser un cineasta decente, Stone se habría ido a la Cuba profunda donde se nota el fracaso de una propuesta autoritaria y egocéntrica que, por desgracia, hace pasar hambre a la gente, les exige sacrificios heroicos que ya no tienen sentido, los divide entre cubanos buenos que no abren la boca y aquellos críticos que son calificados de mercenarios y que, aún siendo más cubanos que nadie, deben exiliarse de su tierra para poder sobrevivir.

Así como el sociólogo estadounidense Charles Wright Mills escribió a comienzos de los años 60 el libro ¡Escucha, Yanqui! para denunciar las profundas desigualdades que en la Cuba del dictador Batista habían generado la revolución de Fidel Castro, hoy más que nunca se necesita una América Latina que le diga a Oliver Stone: ¡Escucha, yanqui! No seas tan mercenario, como lo fueron tantos de tus compatriotas en Vietnam. No coloques sobre un pedestal a quienes como populistas y dictadores han hundido y pretenden seguir hundiendo a los pueblos latinoamericanos.

El cine puede ser un entretenimiento y eso es muy válido. Puede ser un instrumento crítico que obliga a la sociedad a reflexionar sobre sus propias angustias y contradicciones. Lo que no puede nunca es convertirse en la alfombra roja de un militar oportunista. Ciao contigo, Stone.


Tomado de Noticiero Digital  



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