martes, 29 de septiembre de 2009

Andrés Cañizalez: "De una callada manera" (a Nelson Bocaranda) 29/09/2009

Hace algunos meses, en las páginas de Tal Cual, Ibsen Martínez recobraba el estribillo de la canción que popularizó Pablo Milanés, "de qué callada manera", para hablar de la situación de censura en Venezuela. En el cono sur se le ha bautizado como "censura sutil", para hablar de una serie de presiones por parte del Estado para restringir la información, especialmente aquella que le es crítica a través de los llamados mecanismos indirectos.

Hace unas semanas, en este mismo espacio, sosteníamos que con la avalancha de acciones y decisiones que arrancaron en julio pasado no sólo quedarían cerrados, literalmente, algunos medios de comunicación en Venezuela, sino que más grave aún sería el número ­sin duda mayor, pero difícil de precisar­ de medios que quedarían acallados, amordazados.

El control oficial sobre la televisión en Venezuela cristalizó el 27 de mayo de 2007 y en materia de radio la fecha fue el 31 de julio de 2009. El cierre de RCTV, en la pantalla chica de señal abierta, dijo al resto de medios audiovisuales hasta dónde estaba dispuesto llegar el gobierno de Hugo Chávez con tal de silenciar la crítica pública.

Para buenos entendedores en realidad hacen falta pocas palabras. El resto de medios televisivos entendieron perfectamente que su propia sobrevivencia estaba en desmarcarse de las posturas críticas de antaño y optaron por equilibrios difíciles de construir en una sociedad polarizada.

Conocidos casos de la salida del aire de figuras que ejercían una crítica incisiva en la televisión como Napoleón Bravo (Venevisión), Marta Colomina y César Miguel Rondón (Televén), son señales del reacomodo que vivió la televisión, en cuyas pantallas hubo también un claro recorte de la programación dedicada a la opinión.

Paralelo a este proceso de mayor control oficial sobre la pantalla chica, el gobierno aumentó significativamente su presencia en la televisión. En 2002 existía solamente VTV, hoy junto a esta señal, que difícilmente le hace honor al lema de ser el canal de todos los venezolanos, están Vive, Telesur (en sus dos señales, una nacional y otra internacional) y para ello fue comprado el canal privado CMT, Tves que pasó ocupar la señal del canal 2, que durante 53 años tuvo RCTV.

Se crearon Ávila TV y Asamblea Nacional TV. El aparato de medios oficiales creció exponencialmente como resultado de la lectura que se hizo en el gobierno tras el golpe de Estado de abril de 2002. La acción abiertamente opositora de los medios privados debía quebrarse y eso es lo que ha venido ocurriendo apelando a diversos mecanismos: el enfrentamiento, la cooptación, la coerción.

El mecanismo, o debemos usar el plural: los mecanismos oficiales se han perfeccionado. El caso de las emisoras de radio es sintomático de ello. El Estado estaba obligado, según la Ley de Telecomunicaciones que se aprobó durante la era Chávez (es decir no es un instrumento del pasado), a otorgar los permisos a los radiodifusores. Una suerte de cambio en las licencias para transmitir.

En no pocos casos, el Estado sencillamente no respondió, nunca dio el renovado permiso, y ahora aparece la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) acusando de ilegales a los operadores. El limbo en el que se encontraban no pocas estaciones, junto a la medida de cierre que se aplicó el 31 de julio contra 34 estaciones, es cultivo idóneo para la más cruda, pero a la vez callada, forma de censura: la autocensura. No hace falta que el gobierno indique cuál programa debe salir del aire o cuál conductor debe tomarse forzadas y prolongadas vacaciones. Si hubiese una orden del Poder Ejecutivo ello sería un acto de censura, hasta sería denunciado públicamente.

La autocensura, en tanto, opera en el fuero más íntimo, por tanto es más difícil de probar. Impensable que salga algún propietario de medios o periodista a confesar: tuve miedo de perder el medio o de quedarme sin empleo y por tanto me autocensuré. Decíamos que no hace falta la orden del poder para ponerse en acción.

Así, conocemos el caso de un empresario de medios que nunca tuvo que ver con la política pero que decidió inscribirse en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y comenzó a mostrar entre sus empleados el carné. El mensaje es claro: aquí nos cuadramos con el proceso. De nuevo, no hicieron falta muchas palabras para que todo ello tuviese un efecto multiplicador de arriba hacia abajo.

El ministro Diosdado Cabello, al frente de Conatel, entre muchas otras responsabilidades, podría patentar un modelo para generar la autocensura. La fórmula es la siguiente: Como superministro anuncio que el 40 por ciento de estaciones están en situación de ilegalidad, pero no específico cuáles son y tampoco cuál es la irregularidad en cada caso.

Voy administrando la información a cuentagotas, generando zozobra y miedo en el sector de los radiodifusores. Sabemos que muchos de ellos efectivamente están en una posición débil: el Estado no les renovó las licencias pese a que la ley lo prevé.

Doy un primer golpe: se cierran 34 estaciones, incluyendo emblemáticas estaciones críticas de la gestión oficial. Simultáneamente doy este mensaje: las radios deben dedicarse al entretenimiento, están llenas de opinadores sin oficio. No hizo falta que llegara el segundo lote de estaciones cerradas para que el sector radial comenzara a moderarse. "De qué callada manera".

Tomado de A Través de Venezuela


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