jueves, 3 de septiembre de 2009

El NACIONAL editorial 03/09/2009 "La agenda chavista"


Resulta por demás asombroso la manera cómo la oposición venezolana está marcando, semana tras semana, la agenda del oficialismo. Veamos lo ocurrido con la Ley de Educación y la forma en la cual el Gobierno se ha visto obligado a encarar, en debilidad de condiciones, no sólo las protestas populares de calle sino el debate político, social e ideológico. No queda duda que al imponer su criterio a la fuerza, el chavismo se bate en retirada frente a una clara derrota de su propuesta.

La maquinaria del chavismo se vio obligada a aprobar la ley sin someterla a una enriquecedora discusión por una sencilla razón: sabía, de antemano, su rechazo, incluso entre sus seguidores más honestos y menos oportunistas. Esa debilidad los obligó a actuar en la Asamblea Nacional con alevosía y nocturnidad, como los asaltantes de camino que esperan a sus víctimas a las afueras de la ciudad.

Desde luego, aprobar esta ley en medio de la clandestinidad más absoluta hizo que los grupos radicales chavistas acometieran la posterior tarea de difusión de la ley al resto de la sociedad, con un marcado ánimo de desmoralización. Si eso le ocurría a los sectores más duros de la revolución, qué no estará pasando en el resto de grupos más honestos y sensatos del PSUV.

De allí que al chavismo radical les vino como anillo al dedo el hecho de que la oposición estaba consciente, desde un primer momento, del fondo malévolo y fascista de esa triste ley, y se opusiera con firmeza a ese mamotreto legal. Que la propusiera el inefable ministro de Educación, alias "Burro Dormido" (como le decían en la UCV), y que se atreviera a defenderla a capa y espada le dio más impulso a la protesta.

El oficialismo entendió el carácter explosivo y maligno de la ley cuando percibió claramente que, entre la gran mayoría de la población, el tema suscitaba no sólo un interés específico sino que prendía las alarmas sobre las expectativas que la gente tenía sobre el futuro de sus hijos. Y ese futuro tenía que ser obligatoriamente exitoso y de mejoras económicas sustanciales para los niveles de vida de las familias que confiaban en el progreso incesante de sus hijos.

Pero en el socialismo del siglo XXI hay dos cosas que asustan a la gente: la dependencia obligatoria del Estado y la prohibición del progreso personal. Esto condena el hecho, extremadamente humano, de desear la prosperidad familiar gracias al estudio constante y al trabajo enriquecedor.

¿Qué hizo entonces el Gobierno? Compró, pagó y organizó una marcha paralela, escasa y desvaída, para contrarrestar aquella que la oposición había preparado sin pagarle a nadie un bolívar, sin alquilar autobuses ni pasar lista entre los funcionarios de los ministerios.

Ahora el oficialismo prepara una contramarcha como respuesta a la organizada internacionalmente el viernes contra Chávez y la venezolana convocada este sábado en Caracas. Están corriendo detrás de la oposición. Por primera vez y eso es bien bueno.

Tomado de Noticiero Digital




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