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viernes, 12 de noviembre de 2010

El Nacional (Editorial) "EL NARCOTRÁFICO (de los rojo rojitos)" 12/11/2010


Las denuncias sobre el narcotráfico en Venezuela están poniendo muy nervioso al Gobierno porque ya no sólo se refieren a las decenas de toneladas de cocaína que pasan por aquí vía Europa o el Caribe, sino que identifican una vasta red de complicidades en los ámbitos civiles y militares rojo rojitos que le paran los pelos al más pintado. Se trata de denuncias que provienen de los cuerpos antidrogas de América y Europa, y también de acusaciones que lanzan los traficantes más famosos capturados en Colombia y México.

La prensa venezolana ha sido muy cuidadosa al tratar estas noticias porque es de tal magnitud lo que se denuncia que pareciera no compadecerse con la realidad. Pero, lamentablemente, al ser investigadas muchas de estas aseveraciones adquieren relevancia y certeza convirtiéndose en una expresión de dolor y rabia.

Ayer, el director de la Oficina Nacional Antidrogas, general Luis Reverol, anunció que había sido incautada la línea Aeropostal.

Según la ONA, la compañía aérea era propiedad del venezolano Walid Makled, preso en Colombia por narcotráfico y lavado de dinero, y a la espera de un pedido de extradición por parte de Venezuela y Estados Unidos.

Menuda sorpresa: mientras las autoridades rojo rojitas se desgañitaban anunciando una cruzada contra el narcotráfico, al mismo tiempo se le entregaba a Walid Makled la concesión para el manejo de Puerto Cabello. O alguien estaba ciego o existía una complicidad mayúscula para que esto ocurriera.

Pero no sólo eso: a Walid Makled se le dio la concesión para la distribución nacional de la urea, un componente específico para la agricultura, pero precursor del refinamiento de cocaína. Si esto constituye un delito ¿quiénes son los cómplices en el Gobierno y por qué no se les ha denunciado? Makled, según las agencias internacionales "ha implicado en acciones ilegales a diversas personalidades políticas venezolanas, entre ellas a un hermano del ministro del Interior, Tareck el Aissami. (...) También ha dicho que aportó por lo menos 2 millones de dólares en 2007 a la campaña del fallido referendo promovido por el presidente Hugo Chávez para aprobar la reelección continuada". Tampoco esto se ha investigado como si quienes son mencionados fueran ilustres desconocidos.

El general Reverol arremete contra los medios y afirma que el Gobierno está preocupado porque "los periodistas llaman a Makled empresario y presunto narcotraficante". Pues, general, lo primero es un hecho público y lo segundo depende ahora de un tribunal. Es como si a usted lo acusáramos de disponer en beneficio personal de los bienes incautados al narcotráfico sólo porque lo estarían investigando tanto la Contraloría como Interiores y Hacienda.

O que apresuradamente lo tildáramos de agente de la CIA por haber trabajado con el general Guillén Dávila cuando Estados Unidos pagaba el comando antidrogas de la Guardia Nacional.

Sería muy injusto con usted, general.

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viernes, 24 de septiembre de 2010

Laureano Márquez "Vota o bota" 24/09/2010

El dilema que esta expresión plantea no es original y ha sido usado con frecuencia para expresar las angustias de una sociedad que se debate entre la democracia y el autoritarismo.


Vota es acuerdo... Bota es sumisión.


Vota es pluralismo... Bota es intolerancia.


Vota es crítica... Bota es uniformidad.


Vota es tolerancia... Bota es violencia.


Vota es respeto... Bota es agresión.


Vota es transparencia... Bota es corrupción.


Vota es justicia... Bota es manipulación.


Vota es comunicación... Bota es censura.


Vota es libertad... Bota es encierro.


Vota es apertura... Bota es cierre.


Vota es justicia... Bota es venganza.


Vota es Ley... Bota es capricho.


Vota es esperanza... Bota es pasado.


Vota es criterio... Bota es obediencia ciega.


Vota es disidencia... Bota es cuartel.

Este domingo, aunque no lo creas, anónimo lector, en tus manos está el futuro de Venezuela... Lo que estamos escogiendo no es poca cosa, son dos modelos de vida y sociedad, así que vota o bota.



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martes, 14 de septiembre de 2010

El Nacional (Editorial) "¿Ley de desarme?" 14/09/2010


Basta preguntarse, para ver por donde vienen los tiros, si con la nueva ley de desarme bolivariana entregarán sus arsenales los grupos como La Piedrita, los Tupamaros o Alexis Vive, o tendrán los miembros del Ejército que intervenir y requisar esas armas por la fuerza. Hasta ahora la FAN se ha hecho de la vista gorda frente a estas organizaciones parapoliciales que operan en ciertas zonas de Caracas, cuando su deber como militares es desarmar a esos grupos civiles.

También habría que interrogarse sobre la actuación de las Fuerzas Bolivarianas de Liberación que se mueven armadas hasta los dientes en las zonas fronterizas de Táchira y parte de Apure y el trato con guantes de seda que le dan ciertos oficiales de la FAN destacados en la región. Porque una cosa es combatir a estos grupos irregulares y otra muy distinta es contrariar los deseos de su máximo comandante.

El Presidente se cansa de hablar sobre una revolución socialista, humanista y pacífica, pero de inmediato contradice sus declaraciones diciendo que la revolución tiene que defenderse y que dispone de su propio armamento para hacerlo. Entonces es válido interrogarse sobre qué armas de fuego o de guerra dispone la revolución para ello: ¿Serán las de la Fuerza Armada? ¿Las de los colectivos armados? ¿O las de miles de delincuentes que las usan contra el pueblo todos los días? Se sabe de fuente cierta sobre la distribución de armas a grupos irregulares bajo la "Misión Moto y Pistola". También es público y notorio el afán del Gobierno de entrenar y poner a disposición de ciudadanos comunes, a través de las milicias, armas de guerra como los AK-103 rusos, el fusil oficial de asalto de las FAN, para el combate asimétrico.

El punto central es que las armas de fuego constituyen un factor, si no el más importante, que facilita la violencia interpersonal y que son causa de 20.000 homicidios al año. El hecho de que el Gobierno no tenga la menor idea de la cantidad de armamento legal e ilegal circula por el país, ejemplariza la ineptitud de los entes de control del Estado en la materia.

Entre 8, 10 o 15 millones de armas cortas son las cifras que se manejan desde la sociedad civil, y tres cuartos de ellas o más no tienen ningún soporte legal. Se conoce que la transferencia de éstas a la sociedad se realiza desde el Estado, que adquiere 80% de todo el armamento que entra al país.

No cabe duda de que la situación de violencia en que vivimos reclama leyes especiales y de emergencia para poner freno a esa vorágine que fusila día a día a los venezolanos. Una ley de desarme cumpliría con esa función si en realidad existiese la voluntad política para ello. La legislación que piensa sancionar la Asamblea Nacional menciona una política de desarme, pero no establece cómo realizarla ni tampoco plazos para ella, lo cual deja en manos de Miraflores lo esencial del asunto. Qué desgracia.



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jueves, 3 de junio de 2010

El Nacional (editorial). "Guerra mortal" 03/06/2010

El Presidente de la República lanzó ayer un grito de guerra contra la actividad económica del sector privado y volvió a advertir al grupo de Empresas Polar sobre una eventual nacionalización. En su intervención el mandatario utilizó su lenguaje pendenciero, impropio de un jefe de Estado, y le reclamó a Lorenzo Mendoza que haya apelado a las instancias legales plasmadas en la Constitución que él, como gobernante, incitó a todos los venezolanos a respetar y aplicar.

Pero cuando los venezolanos se atienen a la Carta Magna y acuden a las instancias judiciales que están indicadas en su texto resulta que incurren en "delito de rebelión". ¿Por qué, entonces, no se eliminan esas instancias inútiles y, de plano y descaradamente, se declara la suspensión de la Bicha y se traslada la vigencia de la Constitución a los inestables estados de ánimo del jefe del Gobierno? Cuando el Presidente de la República dice: "No te equivoques, Mendoza, porque te vas a quedar, si te equivocas, sin el chivo y sin el mecate. Es una sana recomendación que te doy, señor Mendoza, que has vuelto por los caminos de las conspiraciones y ahora manipulas a los trabajadores", ya sabemos que esas advertencias vulneran la Constitución y son entendidas por los otros poderes como órdenes directas cuyo cumplimiento es inevitable, a riesgo de perder sus altos puestos burocráticos si desconocen una directriz impartida desde Miraflores.

En este caso, los venezolanos notan la eficiencia del Gobierno cuando quiere machacar a alguien que hace su trabajo honestamente y trata de mantener su producción y capear el temporal en medio de la crisis. Pero cuando se trata de atacar los males que afectan la administración pública entonces el jefe de la revolución no amenaza, se le traba la lengua, se le olvidan las denuncias que se multiplica como caries en las muelas de un indigente.

Cuando el Presidente amenaza a Mendoza lo hace como el provocador que invita a pelear a alguien y luego pega gritos para que lo agarren. Nada lo va a agarrar desde su bando, sino que las manos pacíficas surgirán desde la Venezuela inteligente que no quiere ir a la ruina, al desempleo generalizado y al cierre de las empresas. Desde luego que el Presidente no entiende eso, porque no puede aceptar que un empresario tenga éxito en la agroindustria y en la distribución de alimentos, y que la gente lo respalde como lo indican todas las encuestas.

Pero ya que el Presidente está en su plan de matón ante los venezolanos y no de estadista, como es su deber, sería interesante que se ocupara de la gente del pueblo y de sus heridas diarias.

¿Qué tal si le dice al hampa "no te equivoques, porque te vas a quedar, si te equivocas, sin el chivo y sin el mecate?".

En verdad, ¿por qué usted Presidente no amenaza al hampa que mata niños y ancianos, que mata motorizados y choferes de busetas, taxistas y sindicalistas a montón? ¿Por qué no se ocupa de su gente? ¿Miedo o complicidad?




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martes, 25 de mayo de 2010

El Nacional (editorial 25/05) "Amenazas del jefe"

Desde hace semanas el Presidente de la República anda en una provocación constante contra la mayoría de los venezolanos que no creen en su proyecto político.

Lleva a la cárcel a quienes opinan y critican su gestión, como la juez Afiuni. También arremete contra aquellos que le fueron leales como dirigentes o militares activos, valga decir el diputado Wilmer Azuaje y el general Raúl Baduel, sometidos a juicios "por órdenes expresas de Miraflores".

Pero nada de eso parece bastarle en su odio personal enfilado a desprestigiar la iniciativa privada y, en especial, a las grandes empresas que cumplen estrictamente con las normas, resoluciones, reglamentos y leyes que se dictan para controlar el sector empresarial. También deben estar atentos a las cadenas y programas dominicales del Presidente, donde se gobierna obsesiva y mediáticamente al país.

Un gobierno que depende de la bipolaridad de un jefe, no puede ser coherente ni constructivo en su mensaje. Al contrario, enlazado en los cambios de ánimo del jefe supremo, los militantes se despiertan envueltos en la ansiedad de saber qué callo le duele hoy en el pie al caudillo y de qué pierna cojea.

Mientras, el país se desbarranca en la incertidumbre de no cometer un error imperdonable.

A los venezolanos sensatos nos molesta la ira presidencial aunque ella esté dirigida y enfocada a acicatear a sus militantes, pero nos duelen esos insultos y exigimos respeto para ellos.

También le preocupa a los venezolanos cuando esas rabietas obsesivas se dirigen a destruir centenares de puestos de trabajo, a dejar en la calle a millares de trabajadores, a arruinar a empresarios que prestan servicios a Pdvsa y a la CVG, y a despojar de sus propiedades a aquellos agricultores y ganaderos que llevan decenas de años invirtiendo en esas tierras.

Lo que preocupa es que, en función de una supuesta acción revolucionaria, se destruya la capacidad de producción agropecuaria y se nos convierta en un país cada día más dependiente de las importaciones de alimentos. Nos hemos convertido en una nación frágil y vulnerable a la hora de servir la mesa en cualquier hogar humilde o de la clase media, por el capricho de un mandatario que desconoce los sostenidos esfuerzos nacionales para alimentarnos con independencia y soberanía.

Es falso que el latifundio haya influido en la productividad del campo venezolano, y mucho menos que haya marginado a los campesinos que hoy constituyen menos de 10% de la población. Si la intención es dotarlos de tierras pues con la inmensa cantidad de hectáreas expropiadas en diez años ya deberían estar produciendo lo suficiente. Y no ha sido así, porque ese no es el problema.

Theotonio Dos Santos, el investigador brasileño que tantas veces nos visita invitado por el BCV, dijo a la prensa este domingo que el latifundio en Venezuela no ha existido. ¿Y cómo queda Hugo y Jaua? No les queda más remedio que atacar a la Polar.




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viernes, 30 de abril de 2010

El Nacional (editorial). "Carniceros presos" 30/04/2010


Si lo que quiere el Gobierno es lanzar un mensaje contundente para atemorizar a los expendedores de carne pues ha escogido el camino más desastroso: nadie quiere que los humildes carniceros que todo el mundo conoce vayan a prisión y sean atropellados por la Policía Militar, de ingrata recordación por la dictadura del general Pérez Jiménez en la década de 1950.

Los venezolanos lo que quieren es, simple y llanamente, que se les llame la atención a quienes, siendo detallistas del mercado de la carne, no cumplen con la regulación. Pero de esa modesta aspiración popular a que se les lleve presos a Fuerte Tiuna y se les acuse de especuladores hay un paso mayor. En primer lugar, porque la larga cadena de comercialización obliga a los minoristas a colocar precios que están por encima de los regulados, para obtener una cierta ganancia.

Ahora bien, si los mayoristas venden (según sus costos de producción) a unos precios que están por encima de los fijados en la regulación ¿cómo pueden las carnicerías del barrio ofrecer sus productos a los precios bolivarianos? Desde luego, en esta cadena de ventas las carnicerías, que son el último eslabón del comercio al detal, concentran el odio de los consumidores. Pero la verdad rotunda del aumento de los precios está en manos del Gobierno.

En la misma medida en que se mantienen los precios controlados y se lanza una ofensiva de desprestigio contra los productores agropecuarios, en esa misma medida no sólo se restringe la oferta de productos agrícolas sino que se afecta la inversión en el sector, se desanima la producción y se deprimen las habilidades de los canales de distribución de alimentos.

El modelo chavista de incursión en la economía agrícola está signado por la violencia, en tanto se expropia y se restringe, pasando por encima de la ley, la actividad de los sectores agroproductivos que están hoy oxigenando, a su pesar, la pereza y la ineficiencia de las nuevas alternativas de producción que ha inventado empíricamente el bolivarianismo y que fallecen en sus intentos.

La carga productiva en el agro está en manos de quienes el Gobierno odia pero que si llegara a sustituir terminaría en un fracaso como el que Cuba sufre hoy, como importadora neta de alimentos, dependiente de los productores agrícolas de Estados Unidos, que suministran más de 90% de la comida que se cocina en la isla.

El cinismo de los hermanos Fidel y Raúl Castro ha llegado al punto de solicitar a Estados Unidos que levante el embargo apenas durante "un año". Pero si ya le suministran 90% de lo que se come en la isla ¿qué puede significar ese mínimo 10% para la dignidad de Cuba? ¿Más de qué? ¿Un suero para sobrevivir? Cuando se cierran los expendios de carne, no se están cerrando los sitios donde la especulación se hace presente, sino donde los expendedores tratan de sobrevivir bajo la ley marcial de vender a precios regulados o ir a una prisión militar.

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jueves, 11 de marzo de 2010

El Nacional, editorial 11/03/2010 "Pollos volando"

Y la comida escaseando

Pollos volando


Al Gobierno no le quedó más remedio que decretar un aumento de varios productos de la cesta regulada, rompiendo con su política de estricto control de precios para evitar, según ellos, la especulación por parte de los productores, comerciantes mayoristas y minoristas. Pero los venezolanos saben que los argumentos oficialistas sobre el acaparamiento y la especulación no tienen base en la realidad y sólo obedecen a una campaña de desprestigio contra los sectores agropecuarios y las redes de comercialización privadas.

Incluso si fueran verdad al menos 10% de las denuncias oficialistas, en nada perjudicarían a los compradores porque su efecto sobre los precios generales del mercado no sería significativo.

Imaginemos que el dueño de un expendio de alimentos decide ocultar un lote de azúcar con el fin de venderlo a un precio superior. ¿Cuántos kilos de azúcar puede colocar entre sus clientes? Nada que pueda modificar rotundamente la tabla de precio de ese producto a escala nacional.

Lo que sí modifica el precio del kilo de azúcar es la capacidad de mantener bien abastecido el mercado para satisfacer la demanda en un momento dado. Pero si el Gobierno se dedica a ocupar las tierras destinadas al cultivo de la caña, si se intervienen los centrales azucareros, si se cierran las cadenas de supermercados que hacen llegar al público el producto, entonces es lógico que los precios tiendan a subir, no por la especulación, sino por la mano metiche del Estado que coloca obstáculo donde no los hay.

De manera que cuando el genio del vicepresidente Jaua se obsesiona con tomar tierras y allanar depósitos de procesadoras de alimentos no hace otra cosa que provocar escasez y aupar la especulación.

Como lo sabe la gente de a pie, esa especulación se hace presente no en los supermercados y abastos que tanto odian los bolivarianos, sino en las calles y aceras de Caracas y de las otras capitales del país donde los buhoneros (que presuntamente se nutren de Mercal) ofrecen los productos que no están en los estantes de las cadenas de comercialización, a un precio que triplica el decretado por el Gobierno.

Ocurre lo mismo con el pollo y el arroz, dos renglones básicos en la mesa de los venezolanos. Por una parte, hay que decir que acaparar pollos no es un buen negocio porque la fecha de empaque conspira contra cualquier comerciante que los esconde para agenciarse una ganancia extra. Lo lógico y lo sabio, es salir de ese inventario perecedero a la brevedad posible porque, casualmente, el precio del pollo no admite grandes márgenes de ganancia en el producto (aún especulando) si no se logra colocar en el supermercado lo suficientemente rápido para evitar su deterioro.

Con el arroz sucede algo similar. Hay que decirle a Jaua y a sus colaboradores que los únicos inventarios que pueden mantenerse eternamente son los de las ferreterías. Pero, del resto, la ganancia comercial está en vender lo más rápido posible.

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sábado, 20 de febrero de 2010

El NACIONAL editorial 20/02/2010 "Electricidad vecina"

Recule oficial

Electricidad vecina


Parece que entró en razón el Presidente de la República cuando afirmó ayer su disposición de adquirir la electricidad ofrecida por Colombia. Sin embargo, que sólo avanzaría en esa dirección si considera que la oferta colombiana es de "mutua conveniencia". Si es así, reiteró, "la compramos sin ningún problema". Desde luego que esto último va de sobra porque las leyes y la opinión pública venezolana le impiden aceptar un contrato binacional desfavorable a la nación.

Pero el Presidente tiene todo el derecho de salvar la cara y dejar a un lado cualquier obstáculo político o personal para permitir a Venezuela superar la demoledora crisis de energía en que está sumida. En verdad, no sólo está en problemas él y su gobierno, sino los venezolanos de todas las clases sociales, de todos los niveles económicos y de todas las regiones del país.

A estas alturas lo menos que se espera es un colapso parcial o general en el servicio de electricidad, y nadie (del oficialismo o de la oposición) puede dejar de prestar su contribución en el esfuerzo, tanto público como privado, para evitar que el país caiga en la oscuridad total, lo que sería una tragedia de consecuencias incalculables en el transporte, la industria, la seguridad ciudadana, el comercio, la atención en salud, la educación y, en fin, toda la sociedad.

Pero que contribuyamos al esfuerzo general no significa que abandonemos el espíritu crítico sobre las causas de la crisis, ni el análisis profundo dirigido a demostrar que el Gobierno ha sido responsable en más de 90% de lo que sucede y que tampoco dejemos de luchar contra la propaganda roja rojita que pretende acusar a los ciudadanos ¡por despilfarradores!, de los múltiples errores del régimen.

Resulta rotundamente significativo que la nuez de la propaganda roja rojita esté centrada hoy en culpabilizar a la población por la escasez en el suministro de energía. Qué manera tan hipócrita y soviética en la forma de encarar los problemas que se han generado no por la irracionalidad cotidiana en el patrón de consumo de los inocentes ciudadanos, sino por la absurda irracionalidad en la planificación oficial y en el fracaso del seguimiento año tras año por los ministros del ramo.

Culpar a la gente, y a un estamento social en especial, fue muy propio de Stalin, luego fue estrategia de Mao y su revolución cultural y, finalmente, de Fidel Castro. Vale recordar que a falta de la invasión del imperialismo yanqui, los castristas empezaron a culpar a los enemigos internos por la falta de alimentos, energía y fallas en el transporte.

Ayer el Presidente dijo "tener ofertas de energía de Brasil, Argentina y China", y reveló que compró maquinarias a la corporación del imperio General Electric. Ante esta bajada de pantalones, dijo que "las plantas eléctricas no tienen ideología, no tienen nada que ver con un gobierno. Sencillamente hay una lógica del funcionamiento de las cosas". (Risas de los venezolanos).

jueves, 18 de febrero de 2010

El NACIONAL editorial 18/02/2010 "Luz sospechosa"

Mentira y represión
Luz sospechosa

Para el Presidente de la República la crisis de energía se debe al derroche que la clase media y la oligarquía, los centros comerciales y las industrias privadas ocasionan por no tomar previsiones para ahorrar el servicio. Es una mentira de principio a fin, porque nadie quiere gastar en electricidad más de lo que ya tiene presupuestado para todo el año.

Al Presidente no le merece la más mínima atención el hecho de que los primeros interesados en bajar sus costos operacionales son los comerciantes y los industriales.

Igual sucede con la clase media, golpeada por la crisis económica y por la violenta devaluación impuesta por el Gobierno. ¿Por qué las residencias de la clase media van a querer gastar más en electricidad si su presupuesto familiar, en conjunto, apenas alcanza para cumplir con los créditos hipotecarios y el pago de servicios como agua y recolección de basura? Se necesita estar loco para llegar a la casa o al apartamento y poner a funcionar todos los artefactos eléctricos o derrochar el agua. El Presidente, como militar que es, se olvida de la carga económica que sobre el bolsillo de las familias recae por el pago de los servicios públicos. Claro, él ha vivido en cuarteles y residencias de guarnición donde esos gastos no cuentan en el presupuesto familiar.

Cuando lanzan esas campañas "ahorradoras" de electricidad y agua no piensan en lo que ellos gastan en sus condominios militares. En estos carnavales, los círculos militares fueron (y lo serán en esta octavita) un doloroso ejemplo de cómo el poder militar le exige a los demás disciplina y rigurosidad, y cómo a sus espaldas el régimen incita al gasto desproporcionado de electricidad en sus áreas controladas.

Pero no sólo fueron los círculos militares sino el hotel Alba (antiguo Hilton en manos de cubanos) convertido en un mini Río de Janeiro, con el área de la piscina iluminada hasta la madrugada.

Qué cinismo y que pobreza de crítica de las costumbres de la cuarta, que se hartan en denunciar pero que imitan decadentemente al dedillo. Allí se emborracharon de luz y agua, y quizás muchos más de licor, los aspirantes a revolucionarios.

Es esta la senda que los lleva a la perdición: se muestran como revolucionarios y actúan como vulgares burócratas de la vieja Unión Soviética: aprovechadores e insensatos. Lo peor es que hacen de la mentira su plato principal. Ayer, el ministro Alí Rodríguez dijo que la propuesta de Colombia de vendernos electricidad era una iniciativa inasible conjeturada por la prensa.

Pues no, Alí, esa propuesta colombiana fue anunciada para ser presentada hoy jueves por el gobierno de Uribe. Si es buena o mala, es harina de otro costal, pero no hay que mentir de entrada. Igual le pasa al ministro de Ambiente, Alejandro Hitcher, cuando anuncia que a los usuarios se les cobrará un recargo tarifario (sic) por cada metro cúbico excedido. Y amenaza: "Les cortaremos el servicio así tengan su facturación al día". Nazi.

viernes, 12 de febrero de 2010

Dos editoriales y una realidad. "El Nacional e Informe"


EL NACIONAL
Población multada

Como reacción a sus propias fallas, el Gobierno ha llegado a una solución muy simple: castigar a la población. Nos referimos a la crisis eléctrica, que no sabe como resolver, y las multas que impondrá a quienes no disminuyan su consumo de electricidad. Mucho antes de que se viera obligado a reconocer que se trata de un problema grave, y no de pequeñas fallas, la manera oficial de castigar a la gente eran los cortes imprevistos, particularmente en las poblaciones pequeñas y de pocos recursos.

Pero, debido a la magnitud del asunto y de sus consecuencias, un buen día decidió racionalizar los apagones y recurrir al racionamiento. Este trajo tantos problemas y protestas en Caracas que el mismo día hubo que suspenderlo. Pero se castigó al resto del país, manteniéndolo donde la represiva Guardia Nacional Bolivariana puede ser más efectiva contra la protesta popular.

Sin embargo, los técnicos y planificadores oficiales no sabían qué hacer con la Gran Caracas, al punto de que pidieron ayuda a un siniestro comandante cubano y a un ministro argentino corrupto.

Una vez sacrificado el anterior ministro del ramo, alguien tuvo la luminosa idea de adoptar una solución neoliberal de mercado: subir el precio a quienes mantengan su antiguo consumo, duplicárselo o triplicárselo a quienes consuman más (por ejemplo, fábricas que trabajan horas extras), y reducírselo a quien opte por permanecer en la oscuridad y apagar sus aparatos o sus maquinarias. Esto es un monstruoso sistema de multas para quien no modifique su consumo de energía, sin tomar en cuenta las exigencias específicas de comercios, fábricas y hogares.

De esta manera, el Gobierno se ha metido a vigilar qué pasa en cada habitación de nuestros hogares y en cada taller u oficina donde trabajamos. Se castiga a la población por el delito de haber votado por un gobierno que, desde sus inicios, se olvidó de las inversiones y el mantenimiento en los servicios públicos, en este caso uno tan vital como la energía que mueve a las industrias, los hospitales y las casas de familia. "Si yo me equivoco, usted es multado y debe pagar por ello" parece ser el lema de los rojos rojitos que diseñaron este esquema absurdo y complicado que seguramente no sabrán manejar por brutos e ineficientes.

Queda el consuelo de que, por ahora, durará dos meses, a la espera de que vuelvan las lluvias. Esto le confiere al Gobierno la ventaja extra (además de la recaudación adicional) de que la gran mayoría de la población elevará sus oraciones a San Isidro para que llueva mucho y pronto.

Mientras tanto, habrá que seguir los consejos sobre como disminuir el consumo de energía para que no seamos castigados, como evitar la comida caliente, usar la totuma para bañarse y otros taradamente creativos. Nosotros nos permitimos agregar uno: apague el televisor durante las largas horas del programa Aló, Presidente y evite las cadenas. Con eso nos ahorraríamos bastante.


DIARIO INFORME
Un gobierno sin luz

La muestra más irrefutable de la ineptitud de este Gobierno y quien lo dirige, está en la aberrante situación en la cual han colocado a todos los venezolanos al decretarse la emergencia en el sector eléctrico. Resulta que desde este momento, quienes pagaremos las consecuencias de la desastrosa política de generación, distribución y mantenimiento de la industria de electricidad, seremos los consumidores.

Los genios de la presente administración, después de haber evaluado el escenario sobre el cual se mueve la crisis, lejos de admitir que la culpa la tienen ellos como principales asesores de la Presidencia de la República, han parido otra idea, peor que la anterior, que no es otra que responsabilizar, y de paso castigar a toda la población, por algo que un régimen, ineficaz, corrupto y dilapidador, no controló desde un comienzo y nunca quiso escuchar las advertencias de los que conocen a fondo el asunto.

Si bien es cierto que las condiciones climatológicas por la cuales atraviesa el país, con una sequía que se prolonga más de lo habitual, mantiene los embalses y represas con bajo nivel hídrico, no es menos cierto que no eso no constituye una situación que se presentó de la noche a la mañana.

El Gobierno nunca quiso tomar en cuenta las recomendaciones de los expertos y hasta su cabecilla insinuó que tales advertencias constituían un plan desestabilizador orquestado por la oligarquía nacional en combinación son el imperio. Y las consecuencias de tal actitud la estamos viviendo en este momento y con el agravante que ahora todos los venezolanos somos los culpables y debemos pagar por ello.

Todo lo anterior confirma en grado superlativo lo que se viene afirmando de este régimen, es decir, que no tiene brújula y actúa sin dirección, mientras busca culpables de sus yerros entre los venezolanos que nada o muy poco tienen que ver con la situación de un país se cae a pedazos producto de la manera caprichosa como actúa el Presidente que expropia a su libre albedrío causando más daño y aportando pocas soluciones a los problemas que agobian al país.

Además, el Gobierno da señales querer todo menos el bienestar de la mayoría de los venezolanos. Confiscar bienes; apropiarse de las industrias, medios de comunicación y todo lo que considere de utilidad pública y no solucionar los verdaderos problemas que nos afectan a todos, especialmente la inseguridad, son indicios que la única luz que sigue el barco llamado Venezuela y que anda al garete a merced de la tempestad, es convertirnos a la fuerza en una nación empobrecida para beneficiar a otros países, especialmente a Cuba y a su vitalicio dictador.

Los venezolanos no somos los culpables del desastre eléctrico que nos incomoda. Con todo y la sequía que pueda afectar los embalses y represas del país, la verdadera razón del racionamiento que ahora nos quieren imponer con castigo a la parte que más duele, es decir, al menguado bolsillo de todos, es la incapacidad del régimen para atender las verdaderas necesidades del pueblo y es por ello que ante este nuevo atropello que se quiere consumar en detrimento de la ya deteriorada calidad de vida de todos los que vivimos en Venezuela, todos a una sola voz debemos dejar sentir nuestra protesta y si la misma debe ir acompañada con violencia, que así sea porque es el régimen el que apela a ella sin importarle los derechos humanos de nadie.

El Gobierno puede ser que no tanga luz, pero a los venezolanos nos sobra lucidez para saber quienes son los verdaderos culpables del deterioro de la vida nacional y especialmente de la docilidad y la entrega sumisa de las instituciones que en otra época servían para velar por los derechos de los ciudadanos y que hoy no son más que coro de bufones que no hacen reír al amo pero si celebran su malos chistes, como este nuevo recién inventado de ponernos a pagar por la crisis del sector eléctrico cuando todos sabemos quién es el verdadero culpable.

Esta debe ser la prueba suprema; la situación ya no se puede estirar más. O el régimen afloja, o la liga se revienta y después no valdrán lamentos.



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miércoles, 23 de diciembre de 2009

El NACIONAL editorial 23/12/2009 "Arepa socialista... rellena con humo"

De nuevo el Presidente insiste en que el problema de la adquisición de alimentos por parte de la mayoría de la población está limitada por una cosa que, entre ellos mismos, llaman "especulación". Pero ¿cómo se puede especular si la importación de alimentos y su desembarque en los puertos venezolanos está estrictamente controlado por los propios y "confiables" funcionarios bolivarianos que manejan la nacionalización de los productos importados? Valdría la pena preguntarse cómo los productos que llegaban a Venezuela a través de la red de importación y comercialización que manejaba el hoy preso en los calabozos de la policía política, Fernández Berrueco, podían burlar los precios que el propio Gobierno había establecido para los rubros de consumo popular. Nadie cree que el señor Fernández se atreviera a tanto y decidiera evadir las reglas oficiales si no contara con contactos cómplices en las altas esferas gubernamentales. Pero de eso nada se dice o, en su lugar, se extiende un manto de oscuridad muy sospechoso.

En la misma medida en que Cadivi maneja estricta y puntillosamente la autorización de divisas para la importación de alimentos, en esa misma medida los ministerios del ramo y los de control de precios están en el deber de vigilar cómo los importadores "socialistas" inflan los precios de los productos que traen al país.

No son los importadores privados (que están súper vigilados) quienes están en capacidad de maniobrar con los precios, sino aquellos que gozan de las preferencias oficialistas.

La razón es muy sencilla: el gobierno bolivariano ha estado impulsando una red paralela de distribución de alimentos y productos básicos, y con ello tienen hoy la capacidad total para controlar los precios del mercado con sólo aprobar rápidamente dólares preferenciales a sus socios amigos, como fue hasta hace poco con Fernández Barrueco.

De manera que a otro perro con ese hueso. No es posible que a diez años de la toma del poder, el gobierno socialista nos venga con el cuento de que ellos no controlan la casi totalidad de la importación de alimentos y de productos básicos de consumo popular. Si yo tengo una instancia como Cadivi que exige a rajatabla requisitos extremos para traer comida para la población, entonces ¿cómo es posible que los precios suban exageradamente? La respuesta es directa: aguas abajo muchos funcionarios no están haciendo su trabajo y, en vez de vigilar, se entretienen en guisar y dejar que las cosas pasen. He allí el origen de la especulación porque, si se cumplieran las reglas, cualquiera podría importar cagarrutas de chivos y ganar dinero. El origen de todo está en el diferencial de precios entre el bolívar y el dólar: si se importa algo, por innecesario que sea, siempre se obtendrá dinero extra.

Las areperas socialistas (como los gallineros verticales y los cultivos hidropónicos bolivarianos) son la cortina de humo de un fracaso. Y volvemos a lo mismo.




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martes, 22 de diciembre de 2009

El NACIONAL editorial 22/12/2009 "Pimentones rojos rojitos, Depósitos públicos"

En la reciente crisis de intervención y cierre de varios bancos, los depósitos oficiales han jugado un papel protagónico. La inmensa masa de dinero que manejan los entes y empresas del Estado constituye un arma poderosa que, si es utilizada irresponsable o fraudulentamente, causa mucho daño al sistema bancario y a la economía nacional.

Pero esta masa de dinero también genera jugosos negocios a los militares y a sus compinches civiles. Conseguir los depósitos oficiales aumenta la capacidad de maniobra de los bancos. Esto lo saben quienes colocan en ellos los dineros del Estado y, si no son meticulosamente honrados (como es el caso de los rojos rojitos), caen en la tentación de sacarle el jugo a ese poder. Es lo que hacen hoy los mandamases políticos del entorno de Miraflores, igualito que en los tiempos de Carlos Andrés Pérez.

Los bancos pequeños, nuevos y de poca penetración en el mercado (como los que fueron intervenidos) son los que más se benefician de estas colocaciones oficiales porque disponen de pocos depósitos del público. Esta situación crea complicidades entre los aprendices de banqueros poco escrupulosos y altos personeros del gobierno bolivariano. Esto es más peligroso cuando se autorizan nuevos bancos dirigidos por amiguitos del chavismo, con la confianza de que podrán disponer a su antojo de los depósitos oficiales.

Recordemos que dentro de las funciones de la Superintendencia de Bancos se encuentra la de evitar y denunciar estas asociaciones mafiosas. Haber llegado a la situación que hoy vivimos demuestra que Sudeban falló en sus funciones. Si se visita la página web de esa superintendencia se puede apreciar el rango de los depósitos oficiales entre los diferentes bancos.

De acuerdo con el Balance General de Publicación correspondiente a septiembre de 2009, por ejemplo, en uno de los bancos más tradicionales y conservadores, los depósitos oficiales corresponden a menos de 5% de sus disponibilidades. En contraste, en dos de los bancos intervenidos los depósitos oficiales significan casi 100% de las disponibilidades. Ahí están los guisos.

En los casos de las recientes compras de bancos por otros bancos sobre la base de los depósitos del público, eso significa que si la mayoría de esos fondos son captaciones de depósitos oficiales alguien está adquiriéndolos con dinero que es de todos los venezolanos. Y, probablemente, se convertirá en millonario si es amigo del Presidente, o terminará en la cárcel si se pelea con el gran capo.

Los guisos bancarios bolivarianos se montan a la sombra de los burócratas encargados de colocar los fondos públicos, casi todos ellos militares. Se les llama pimentones rojos rojitos. Lo peor es que estos favores no son gratuitos.

En verdad constituyen una manera vergonzosa de beneficiarse del tráfico de los depósitos de los entes públicos. Y ninguno de estos burócratas deshonestos está preso: gozan de la más alta protección.




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sábado, 10 de octubre de 2009

El NACIONAL editorial 10/10/2009 "Apagones"

Además del racionamiento del agua, padeceremos paralelamente apagones diarios que durarán cinco horas, según las noticias provenientes de fuentes oficiales.

Añadámosle a estos dos problemas del subdesarrollo, la crisis profunda de la salud, a pesar de las maromas oficiales para ocultarla, y la terrible inflación que golpea de manera inclemente a la población, y tendremos un cuadro que no es compatible con un país que ha recibido un millón de millones de dólares en la década de la revolución bolivariana.

Estos no son asuntos que se resuelven de la noche a la mañana. Son problemas que las sociedades confrontan cuando sus gobiernos carecen de la capacidad de planeación. Este es el dilema de Venezuela. El gobierno bolivariano ha demostrado que es fundamentalmente imprevisivo. Sus planes dependen siempre de los procesos electorales, cada vez que hay unas elecciones en el horizonte activa sus resortes, pero los activa a corto, muy corto plazo, y con propósitos exclusivamente demagógicos. De ahí que prefiere echar a la calle grandes recursos, mientras los problemas que por su entidad requieren programación quedan postergados. Pero estallan, fatalmente, en su momento.

Es lo que está ocurriendo con el suministro eléctrico. El país de grandes fuentes hidráulicas y de grandes recursos de hidrocarburos está condenado a los apagones diarios, de cinco horas, hasta diciembre. ¡Quién sabe si hasta diciembre! Hay regiones, como Margarita, en donde los apagones son cotidianos. Sólo cuando se reúnen cumbres y vienen visitantes como Gaddaffi y Mugabe, entonces la electricidad no falla. Este es el resultado de un gobierno que regala plantas eléctricas a sus socios del ALBA.

La explicación oficial es que "la demanda está por encima de la capacidad de generación". ¿Qué pasa, entonces, con la planificación del Estado? ¿No saben, acaso, que las poblaciones crecen, y que por tanto son cuestiones que deben programarse a tiempo? ¿Por qué nos estamos pareciendo cada vez más y con mayor rapidez a la Cuba de la cual tanto dependemos? ¿Por qué nos obstinamos en copiar un modelo fracasado, que después de medio siglo ha demostrado su inviabilidad? Un régimen que no puede caminar sin muletas ajenas.

El problema del agua es tan dramático que innumerables barrios de la capital pasan semanas sin el servicio. Esto genera malestar y protestas cotidianas. La gente ya no soporta la incapacidad del Gobierno. No hay otra causa, es la incapacidad, la imprevisión, la carencia de planificación lo que explica el retraso, la vuelta atrás, de nuestro nivel de vida.

Frente a problemas de tanta incidencia social, el Gobierno calla, deja el asunto en manos de funcionarios que ensayan sus excusas, pero de la crisis del agua como la crisis de electricidad no se habla en Aló, Presidente. Cuando se habla es para prometer fantasías. ¿Cuántas veces, vale la pena preguntar, el Presidente de la República ha anunciado el fin de Yacambú? Es preciso que el Gobierno hable y diga cuáles son las perspectivas sobre problemas que afectan de manera tan brutal el trabajo y la vida del pueblo venezolano.

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viernes, 18 de septiembre de 2009

INFORME editorial 18/09/2009 "Conflicto Peligroso"

Chávez se empeña en meter a Venezuela en una crisis geopolítica

¿Qué necesidad tiene Venezuela de aliarse con países y organizaciones de pésima reputación a nivel mundial? Ninguna. El único que ve ganancias para el país con esas “sociedades” es el Presidente de la República, quien sigue en su empeño en participar en una crisis geopolítica generada por la combinación de terrorismo y manejo dudoso de la energía nuclear.

Si fuese un sueño personal solamente, no habría ningún problema. El gran problema es que está arrastrando a Venezuela hacia una tormenta donde no tenemos nada que ganar. Nuestro país siempre ha sido pacifista, pero con Chávez vamos hacia un país belicista.

Chávez ha venido persistentemente involucrando a Venezuela en un conflicto internacional de muy graves proporciones. Primero con sus fuertes nexos con la guerrilla colombiana que incluyen supuestamente financiamiento y apoyo logístico no sólo en territorio colombiano, sino su permisividad con la presencia de los terroristas de las FARC en suelo patrio.

Por esas relaciones con grupos que el mundo casi en su totalidad considera terroristas, hay varios prominentes miembros del proceso revolucionario que aparecen en la lista negra de colaboradores del terrorismo y tienen sus bienes congelados en los Estados Unidos, además de tener negado su acceso a esa nación.

¿Hay necesidad de esa relación con quienes son unos criminales que han asesinado a miles de inocentes en una guerra interna? No. Pero Chávez lo sigue haciendo y eso ubica a Venezuela casi al borde de ser declarado Estado forajido en cualquier momento. Estamos en un estado de pre-guerra con Colombia y todo por nuestra flácida postura ante las FARC, a las que se defiende directa e indirectamente.

En otro frente, Chávez ha venido estableciendo acuerdos muy fuertes con Irán que mantiene con los grandes países fuertes disputas por la utilización de la energía nuclear. Esa es una pelea en la cual nadie nos invitó pero Chávez, como siempre, nos metió.

Los nexos con Irán han hecho que en el país haya una muy importante presencia de funcionarios iraníes cumpliendo actividades extremadamente secretas. Parte de la labor iraní en Venezuela está destinada a la construcción de una carretera de muy especiales características en plena Sierra de Perijá, lo que ha levantado la sospecha de que están planificando la producción del uranio necesario para el programa nuclear de esa nación.

Otra parte, de las acciones iraníes en Venezuela está en la Fábrica Nacional de Bicicletas en el estado Cojedes, donde hay un área muy grande con fuertes medidas de seguridad y con acceso restringido al máximo ¿Cuáles son las labores de los iraníes en esa instalación? Tememos lo peor.

Y ahora Irán será uno de nuestros tutores para el programa de energía nuclear venezolano que supuestamente es con fines “pacíficos” pero con tanto anuncio de compra de armas y de guerra, también tememos lo peor cuando Venezuela tenga capacidad nuclear. Pero además de eso, Chávez prometió la ayuda venezolana a Irán para burlar el bloqueo que le han impuesto en algunas áreas por su programa atómico. Más ganas de meternos en problemas en los cuales no tenemos nada que ver.

Con Rusia la relación es también preocupante. Ahora además de proveernos de miles de millones de dólares en equipamiento militar, serán el otro tutor en el programa de energía nuclear. Para qué tanto gasto militar si los retos que Venezuela tiene no se solucionan con tanques y sistemas de defensa aérea.

Chávez anuncia con felicidad que Rusia nos abrió una línea de crédito por 2.200 millones de dólares para comprar tanques y misiles ¿No hay problemas más graves que atender en Venezuela? ¿Acaso la inseguridad se combate con esos tanques y misiles? Aquí el orden de las prioridades sigue invertido.

¿Tenemos guerras pendientes los venezolanos? Si, pero con la pobreza, la inseguridad, los hospitales, los graves problemas en los servicios públicos, el desempleo y la escasez de alimentos, entre otras batallas. Ninguna se gana con los equipos militares que Chávez compra a granel.

Y por si fuera poco, crecen las acusaciones de que el Gobierno venezolano es débil frente al narcotráfico, lo que por supuesto levanta sospechas y teorías muy preocupantes. Por eso casi todos los días hay intercambios de acusaciones en esa materia.

Todo lo anterior forma parte del afán de protagonismo del Presidente, quien se desvive por ser uno de los líderes de una coalición internacional que acabe con los Estados Unidos. Por eso casi hasta suplica que nos invadan. Por eso provoca con toda clase de insultos contra el presidente de esa nación. Para ello piensa usar la energía atómica como otra provocación. Con ese propósito expone al país con alianzas con países de escasa reputación como Irán, Libia y Bielorrusia. Sólo le falta visitar Corea del Norte y exaltar las bondades de los misiles con cabeza nuclear.

Esa ambición de protagonismo está involucrando a Venezuela en un conflicto internacional de graves proporciones. La combinación de compra de armas+energía nuclear+terrorismo+narcotráfico es un gran peligro y se aleja de lo que son nuestros intereses históricos como nación. Vamos por el camino incorrecto. Chávez tomó el sendero más peligroso.

Tomado de Noticiero Digital




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jueves, 30 de julio de 2009

Editorial El Nacional 30/07/2009 Colombia y Brasil

La crisis con Colombia sigue avanzando en términos amenazadores, a pesar de que los países vecinos, entre ellos el gigante Brasil, se muestran preocupados por las consecuencias de esta dilatada trayectoria de enfrentamientos entre Chávez y Uribe. Ayer Celso Amorin, el canciller de Brasil, ofreció sus esfuerzos para tratar de detener, de alguna manera, una ofensiva que comenzó siendo diplomática y que fue convertida en un anuncio de guerra por el presidente venezolano.

Se trata de una de las mayores estupideces que un mandatario pueda cometer en América Latina. Al igual que los viejos golpes de Estado, -resucitados por Hugo Chávez cuando intentó derribar sangrientamente a Carlos Andrés Pérez-en el hemisferio americano las guerras entre países hermanos forman parte del pasado. Pero no hay nada que le guste más a un presidente autoritario que provocar un ambiente de guerra para librarse de las formalidades democráticas.

En esto de enemistar a Venezuela con los demás países de América Latina camina Chávez desde hace tiempo. Para felicidad de las madres venezolanas, esas guerras que propone el chavismo no se llevarán a cabo y, si el Presidente las intenta, le pasará como al abominable general Galtieri en Argentina, que usó la justa reivindicación de las islas Malvinas como un pretexto cruel y sangriento para mantenerse en el poder.

Los venezolanos vemos con simpatía las declaraciones del ministro brasileño de Relaciones Exteriores, Celso Amorim, en el sentido de que "si hay una preocupación en Venezuela con relación al nuevo acuerdo militar entre Bogotá y Washington, sería bueno que Colombia diga transparentemente de qué se trata". Ese es el lenguaje de la diplomacia y no el del insulto y la desconfianza.

El canciller Celso Amorin recordó que "Brasil siempre trabajó y seguirá trabajando por la amistad y reconciliación entre esos dos países". No podía ser de otra manera porque los funcionarios brasileños de Itamaraty siguen con detenimiento y preocupación lo que sucede entre Colombia y Venezuela.

Con los colombianos, Brasil busca una salida al Pacífico (con rumbo a los mercados de China y la India), a través de la construcción de una estratégica carretera que, desde el norte brasileño, cruza Colombia y desemboca allí en un puerto de aguas profundas. Este objetivo es vital para el crecimiento de las exportaciones industriales y agroalimentarias de Brasil que son el leit motiv que mueve al gobierno de Lula y el piso fundamental de su éxito político.

En ese esquema internacional de expansión comercial de Brasil no caben las FARC y sus relaciones con el narcotráfico, ni los extremismos militaristas venezolanos. Entre las cuestiones básicas que están planteadas es que, en el transcurso de la construcción de ese estratégico corredor hacia el Pacífico y luego durante su funcionamiento, se garantice la seguridad de los bienes brasileños en movimiento. Y Colombia por sí sola no puede dar esa garantía. Más explicaciones imposible.

Tomado de Noticiero Digital




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martes, 7 de julio de 2009

Editorial Revista SIC nº 716. La legalidad abolida


Por distintas vías jurídicas se ha creado una nueva institucionalidad cuyo adjetivo común, aparente, es el socialismo. Esta nueva institucionalidad se funda entre otras normas en los 31 decretos leyes emitidos durante 2007 y 2008, la legislación recientemente sancionada por la Asamblea Nacional, las interpretaciones de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia y el conjunto de decisiones que, fundamentándose sobre esos instrumentos, ha tomado la administración pública.

Aparente sustento político

El Presidente y sus colaboradores han sentido que su reelección en 2006 y relegitimación el 15-F los autorizan para adelantar legislativamente la agenda de la reforma constitucional derrotada en diciembre de 2007. Esto implica un reordenamiento del Estado y la sociedad a partir de la estatización de la industria, la centralización del poder, la creación y fortalecimiento del llamado poder popular –con epicentro en los consejos comunales–, el control ideológico –en especial a través de la educación– y la agresión a medios de comunicación adversos.

El sustento político de esas decisiones no es el consenso pues la teoría política de trasfondo es la lucha de clases y el cambio de hegemonía, por lo que el diálogo político no es un valor, ni ha sido ejercido. La democracia es asumida como una imposición de las mayorías sobre las minorías y no un mecanismo de búsqueda de acuerdos en base a la deliberación.

Pero además, la democracia, como expresión de la voluntad mayoritaria popular, tampoco es un valor en sí para el actual proceso, sino que es un valor en la medida en que avale lo ya diseñado por el actual régimen. Así, por ejemplo, no se ha interpretado igual la elección del ciudadano Presidente que la elección de gobernadores o alcaldes de oposición, a quienes de forma expresa se les han quitado competencias, a pesar de la masiva participación que hubo en los comicios del 23-N que debieron ser interpretados como un aval social al proceso de descentralización.

La Constitución sirve para todo

Lamentablemente la institucionalidad y en particular la legalidad venezolana se moldean según los intereses políticos de quienes ejercen el poder y no bajo los principios de respeto, igualdad y justicia. Ya en 1848 José Tadeo Monagas afirmaba que la Constitución sirve para todo. En aquel entonces sirvió para justificar un gobierno nepótico y autoritario. Hoy el sistema justifica una legislación que centraliza competencias, limita seriamente algunas libertades y por tanto derechos humanos, elimina la designación democrática de funcionarios locales o regionales, y establece una base ideológica que puede significar exclusión, aunque todo ello vaya expresamente contra normas de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Tal resultado no es casual, sino producto del modo como se ha procedido en materia legislativa. En el caso de los decretos leyes, emitidos durante la vigencia de la ley habilitante (2007 a 2008), ninguno fue sometido a consulta alguna. De hecho el último día se aprobaron 26 de ellos cuyos textos eran totalmente desconocidos. En el caso del parlamento, su condición casi unipartidista (resultado fundamental de la errática actitud asumida por la oposición en el año 2005) hizo que las leyes fueran aprobadas sin necesidad de consensos. En muchos casos el procedimiento fue expedito y sin consulta a los entes afectados.

Este modo de proceder ha hecho que la Asamblea Nacional se haya convertido en la versión antagónica de lo que es su esencia, pues la idea de un parlamento es constituirse en el foro político por excelencia de un país y, en cuanto tal, abierto para el debate de ideas contrarias que en un proceso dialéctico logra algunos consensos. Pero ahora se imponen restricciones a la prensa para el ingreso a los debates; se aprueban leyes a gran velocidad, lo que hace difícil su proceso de conocimiento y deliberación social; no se invita a los actores que claramente se verán afectados por los instrumentos que se vayan a aprobar, ni siquiera cuando la Constitución así lo ordena. Ese modo de actuación hace sentir a los ciudadanos, en particular a quienes puedan tener criterios distintos a la actual mayoría parlamentaria, que sus opiniones no tienen valor y que nada pueden hacer contra una locomotora que los atropella, generando sensaciones de frustración, rabia, ira, depresión o deseos de escape, nada de lo cual ayuda a un clima político que haga posible el entendimiento.

La ley tiene sentido si y sólo si es expresión de la voluntad general. Ésta se busca inicialmente en la deliberación que trata de encontrar los consensos, y sólo en aquellos aspectos donde no es posible se apela al criterio de la mayoría. Incluso en casos altamente polémicos es bueno consultar a la población (de hecho así ocurrió con la reforma y la enmienda). En esos casos hay que recordar que se requiere un buen proceso de información y debate. Pero resulta que hoy se adelanta una agenda que tiene en su haber una clara manifestación de rechazo, ya sea activa (votos contrarios) como pasiva (abstención) y sobre estos aspectos no hay consulta.

Socialismo impuesto

Así estamos ante un aparente socialismo con carácter impuesto, contrario a uno democrático. La diferencia entre ambos está en que el democrático acepta el debate con el oponente, no escamotea de facto la voluntad popular y comprende que si bien un gobierno puede ser socialista y llevar adelante múltiples programas asociados con esa línea de pensamiento, no puede pretender que el Estado lo sea (pues hace tiempo que se superó la idea de Estados confesionales) y mucho menos la sociedad que es un ente aún más plural.

Cuando no se distinguen los ámbitos se entra en conflicto con derechos fundamentales como la libertad de conciencia, de partido, de trabajo, de no discriminación por razones de ideología política, de libertad de expresión, etc. La ley o cualquier norma general no puede obligar a los ciudadanos a asumir una postura ideológica cualquiera que ella sea. La ley se convierte en un acto particular, para un grupo en particular y con unos fines particulares, es decir, se convierte en su perversión.

Vale la pena señalar que además ocurre en el país una suerte de inflación normativa que hace inmanejable el ordenamiento jurídico y en la práctica su imposible cumplimiento. Hay un conjunto de normas que llegan a ser contradictorias unas con otras, sin que medie derogación expresa, muchas de ellas emitidas de forma simultánea. Se piden requisitos administrativos que sólo engordan el aparato burocrático. Los costos de transacción suben y a fin de cuentas de allí se deriva el soborno o el abuso. Nada más lejos de una república que esa realidad descrita.

La república se afirma contra el absolutismo justamente cuando la ley es expresión de la voluntad general, y no la voluntad subjetiva de uno o varios, la que determina lo que es común a todos y en particular aquello que pueda ser definido como orden público. La república se afirma en la institucionalidad en la que encuentra su mediación necesaria. Por eso, en la medida en que se golpea la institucionalidad y se la debilita o niega, se golpea, debilita o niega a la misma república y como consecuencia aparece la anarquía. El resultado puede entonces no ser el pretendido socialismo, sino la anarquía.



Tomado de Sic semanal-Centro Gumilla