martes, 25 de mayo de 2010

El Nacional (editorial 25/05) "Amenazas del jefe"

Desde hace semanas el Presidente de la República anda en una provocación constante contra la mayoría de los venezolanos que no creen en su proyecto político.

Lleva a la cárcel a quienes opinan y critican su gestión, como la juez Afiuni. También arremete contra aquellos que le fueron leales como dirigentes o militares activos, valga decir el diputado Wilmer Azuaje y el general Raúl Baduel, sometidos a juicios "por órdenes expresas de Miraflores".

Pero nada de eso parece bastarle en su odio personal enfilado a desprestigiar la iniciativa privada y, en especial, a las grandes empresas que cumplen estrictamente con las normas, resoluciones, reglamentos y leyes que se dictan para controlar el sector empresarial. También deben estar atentos a las cadenas y programas dominicales del Presidente, donde se gobierna obsesiva y mediáticamente al país.

Un gobierno que depende de la bipolaridad de un jefe, no puede ser coherente ni constructivo en su mensaje. Al contrario, enlazado en los cambios de ánimo del jefe supremo, los militantes se despiertan envueltos en la ansiedad de saber qué callo le duele hoy en el pie al caudillo y de qué pierna cojea.

Mientras, el país se desbarranca en la incertidumbre de no cometer un error imperdonable.

A los venezolanos sensatos nos molesta la ira presidencial aunque ella esté dirigida y enfocada a acicatear a sus militantes, pero nos duelen esos insultos y exigimos respeto para ellos.

También le preocupa a los venezolanos cuando esas rabietas obsesivas se dirigen a destruir centenares de puestos de trabajo, a dejar en la calle a millares de trabajadores, a arruinar a empresarios que prestan servicios a Pdvsa y a la CVG, y a despojar de sus propiedades a aquellos agricultores y ganaderos que llevan decenas de años invirtiendo en esas tierras.

Lo que preocupa es que, en función de una supuesta acción revolucionaria, se destruya la capacidad de producción agropecuaria y se nos convierta en un país cada día más dependiente de las importaciones de alimentos. Nos hemos convertido en una nación frágil y vulnerable a la hora de servir la mesa en cualquier hogar humilde o de la clase media, por el capricho de un mandatario que desconoce los sostenidos esfuerzos nacionales para alimentarnos con independencia y soberanía.

Es falso que el latifundio haya influido en la productividad del campo venezolano, y mucho menos que haya marginado a los campesinos que hoy constituyen menos de 10% de la población. Si la intención es dotarlos de tierras pues con la inmensa cantidad de hectáreas expropiadas en diez años ya deberían estar produciendo lo suficiente. Y no ha sido así, porque ese no es el problema.

Theotonio Dos Santos, el investigador brasileño que tantas veces nos visita invitado por el BCV, dijo a la prensa este domingo que el latifundio en Venezuela no ha existido. ¿Y cómo queda Hugo y Jaua? No les queda más remedio que atacar a la Polar.




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