viernes, 30 de abril de 2010

El Nacional (editorial). "Carniceros presos" 30/04/2010


Si lo que quiere el Gobierno es lanzar un mensaje contundente para atemorizar a los expendedores de carne pues ha escogido el camino más desastroso: nadie quiere que los humildes carniceros que todo el mundo conoce vayan a prisión y sean atropellados por la Policía Militar, de ingrata recordación por la dictadura del general Pérez Jiménez en la década de 1950.

Los venezolanos lo que quieren es, simple y llanamente, que se les llame la atención a quienes, siendo detallistas del mercado de la carne, no cumplen con la regulación. Pero de esa modesta aspiración popular a que se les lleve presos a Fuerte Tiuna y se les acuse de especuladores hay un paso mayor. En primer lugar, porque la larga cadena de comercialización obliga a los minoristas a colocar precios que están por encima de los regulados, para obtener una cierta ganancia.

Ahora bien, si los mayoristas venden (según sus costos de producción) a unos precios que están por encima de los fijados en la regulación ¿cómo pueden las carnicerías del barrio ofrecer sus productos a los precios bolivarianos? Desde luego, en esta cadena de ventas las carnicerías, que son el último eslabón del comercio al detal, concentran el odio de los consumidores. Pero la verdad rotunda del aumento de los precios está en manos del Gobierno.

En la misma medida en que se mantienen los precios controlados y se lanza una ofensiva de desprestigio contra los productores agropecuarios, en esa misma medida no sólo se restringe la oferta de productos agrícolas sino que se afecta la inversión en el sector, se desanima la producción y se deprimen las habilidades de los canales de distribución de alimentos.

El modelo chavista de incursión en la economía agrícola está signado por la violencia, en tanto se expropia y se restringe, pasando por encima de la ley, la actividad de los sectores agroproductivos que están hoy oxigenando, a su pesar, la pereza y la ineficiencia de las nuevas alternativas de producción que ha inventado empíricamente el bolivarianismo y que fallecen en sus intentos.

La carga productiva en el agro está en manos de quienes el Gobierno odia pero que si llegara a sustituir terminaría en un fracaso como el que Cuba sufre hoy, como importadora neta de alimentos, dependiente de los productores agrícolas de Estados Unidos, que suministran más de 90% de la comida que se cocina en la isla.

El cinismo de los hermanos Fidel y Raúl Castro ha llegado al punto de solicitar a Estados Unidos que levante el embargo apenas durante "un año". Pero si ya le suministran 90% de lo que se come en la isla ¿qué puede significar ese mínimo 10% para la dignidad de Cuba? ¿Más de qué? ¿Un suero para sobrevivir? Cuando se cierran los expendios de carne, no se están cerrando los sitios donde la especulación se hace presente, sino donde los expendedores tratan de sobrevivir bajo la ley marcial de vender a precios regulados o ir a una prisión militar.

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