jueves, 26 de noviembre de 2009

El NACIONAL editorial 26/11/2009 "¿Gladiador?"


La verdad es que la visita del presidente iraní Mahmud Ahmadineyad, "gran gladiador antiimperialista" como lo llamó nuestro mandatario nacional, no ha dejado de causar protestas en todas las comunidades democráticas de las naciones suramericanas donde se ha atrevido a poner pie. Desde luego, se le ha recibido con el protocolo de rigor, pero los pueblos lo ven como un extraño que llega con una bolsa de dinero en la mano para comprar cariños obligados.

Tampoco es un hombre simpático y, por si fuera poco, carece de carisma y no muestra una inteligencia extraordinaria. Pero nuestro máximo líder lo ve como el gran gladiador antiimperialista y, claro, los venezolanos ­que son unos mamadores de gallo por naturaleza­ empezaron a imaginarse a Ahmadineyad con un peto enorme que le queda flojo, un escudo en la mano que parece una totuma y una espada más grande que él. Pero la culpa no es del ciego sino de quien le da el garrote, como dicen en Barinas.

Llamar gladiador al presidente iraní enciende de inmediato las memorias cinematográficas de los venezolanos, que recuerdan a Kirk Douglas, lleno de músculos y con una mirada que indica que está dispuesto a todo. O también, más recientemente, al recio actor neozelandés Russel Crowe batiéndose a muerte en la arena del Coliseo de Roma. Pero si Ahmadineyad hubiera aparecido en ese momento de la lucha, no hubiera durado un minuto.

¿Por qué definir a este visitante (y que nos perdone), que tiene una imagen debilucha y enclenque, como "gladiador antiimperialista" cuando se le pudo dar un nombre más acorde con su personalidad? ¿Qué les costaba pensar en algo mejor y más agradable para distinguir a ese señor que viene a traer un montón de reales a una Venezuela prácticamente en quiebra? Llamarlo gladiador es como calificar al gordito Lula como el atleta de los 100 metros planos de la diplomacia comercial y financiera brasileña, o considerar al irascible Álvaro Uribe como la hermana Teresa de Calcuta.

Esta desproporción de Miraflores ha terminado por provocar risas entre los venezolanos, y no se trata de una maniobra del imperio y mucho menos del rey de Arabia Saudita o de los jeques de los Emiratos Árabes Unidos (miembros de la OPEP), que odian al gladiador antiimperialista.

En verdad, los venezolanos no soportan a los mandatarios extranjeros que vienen a Venezuela con varias maletas llenas de dólares a comprar nuestra adhesión a sus políticas racistas, antidemocráticas, antifeministas y profundamente homofóbicas, que están a contramano de la historia de la cultura occidental.

En este Irán que preside Ahmadineyad no sólo se persigue la disidencia política sino que se proscriben los derechos más inmediatos de la mujer. De igual manera, es uno de los pocos países del mundo donde la protesta ciudadana y la homosexualidad son delitos castigados con la pena de muerte. Menudo ejemplo.



Tomado de Noticiero Digital




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