viernes, 13 de noviembre de 2009

Carlitos José Bermúdez Romero

Cuando se tiene un hijo,
se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera,
se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga
y al del coche que empuja la institutriz inglesa
y al niño gringo que carga la criolla
y al niño blanco que carga la negra
y al niño indio que carga la india
y al niño negro que carga la tierra.

-Andrés Eloy Blanco-


Porque cuando se tiene un hijo, se tienen todos los hijos del mundo…

Hoy, luego de una larga enfermedad, agonía también familiar, se le abrieron las puertas del Cielo a Carlos José. Para él terminó la postración de los “cuidados intensivos” y Jesús le dijo: "ven a Mí porque tuyo es el Reino de los Cielos".

Dios no puede negarle el cielo a un alma limpia, nos lo dijo su Hijo en el Sermón del Monte… “bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”, y sostenidos por la confianza en esa Palabra Eterna y Salvífica encontramos conformidad en el doloroso momento de separarnos de un jovencito especial; tan especial que su síndrome de Down, lejos de convertirse para él en un pesado fardo difícil de cargar, lo transformó en la luz de los ojos de Siomara y Tiberio y, qué hubo que no hicieran esos padres por Carlitos. Juntos lucharon la batalla con hidalguía, juntos mantuvieron el anhelo de la recuperación, pero el destino y la naturaleza trastocaron malamente esos deseos enfrentándolos a la dura realidad de la separación.

Este es el preciso momento para dejar a un lado las diferencias ideológicas, posponer los criterios encontrados, las divergencias políticas y encontrarnos en el lugar común del corazón adolorido, de las lágrimas sinceras, de la Palabra de Dios que como bastón viene en ayuda de nuestra debilidad y sostenernos para no caer en la desesperación sin sentido, hablándonos de Resurrección, de Vida Eterna, del Reino de los Cielos, promesas de un Dios que es Amor, Perdón y Misericordia, de un Dios que hoy abraza de manera especial a Carlos José y lo cuenta entre los elegidos.

Vaya mi palabra de solidaridad a Tiberio Bermúdez, alcalde del municipio Miranda y a la primera dama del municipio, Siomara Romero de Bermúdez en este difícil momento familiar. Mi recuerdo de Carlitos será siempre el de ese niño que se acercó al altar del Templo “Nuestra Señora del Carmen” de los Haticos del Sur a recibir su Primera Comunión de manos mías; su sonrisa sincera y su abrazo fuerte, como de oso, como para que todo aquel que lo recibiera sintiera su enorme y limpio corazón.