jueves, 5 de noviembre de 2009

Angel Lombardi "Contemporáneos del pasado"

La primera intención era titular este artículo "inseguridad, vela y totuma" para referirme al programa de gobierno del señor Chávez en su empeño imposible de regresarnos al siglo XIX venezolano, lleno de inseguridad, miedo, además de las miserias y carencias de la época, propio de un país atrasado, pobre y enfermo.

Tan lejos se encuentra Chávez de Marx y de Lenin que en su ignorancia no se ha dado cuenta que tanto el primero como el segundo, sólo concebían la revolución desde la industrialización y el progreso material, de allí que Marx pensaba que la revolución socialista sólo era posible en los países avanzados como Inglaterra, Alemania o los propios EEUU. Lenin, coherente con este planteamiento, al triunfar la revolución bolchevique en la atrasada Rusia de 1917 planteara como una consigna del nuevo régimen "industrialización más electrificación" porque tenía conciencia que sólo con el desarrollo material de la sociedad era posible viabilizar el sueño marxista de una sociedad libre y justa, productora de riquezas a ser distribuida de manera justa "a cada uno según su necesidad, a cada uno según sus posibilidades".

En la propia Cuba atrasada y empobrecida de hoy sus dirigentes, después de 50 años se han dado cuenta que sin desarrollo material lo único que pueden distribuir es miseria y que el socialismo, igual que la democracia, comienza siendo fundamentalmente libertad, igualdad ante la ley e igualdad de oportunidades de todos los ciudadanos.

La lección es clara, de allí que esto que le está ofreciendo a Venezuela el actual régimen es retroceder en la libertad y mantener y profundizar las desigualdades.

Once años después el Gobierno nos ofrece un país dividido y arruinado y con un nuevo grupo de millonarios vinculados al propio gobierno. Ayer fueron los gallineros verticales y la ruta de la empanada, hoy es el racionamiento del agua y la luz, y una crisis indetenible tanto social como económica a pesar de los cuantiosos recursos administrados. Se nos quiere asustados y humillados por la inseguridad y la violencia, olvidando que el ciudadano de la modernidad ya se acostumbró a la calidad de vida que el siglo XXI nos ofrece como posibilidad y oportunidad y que el desarrollo es la verdadera revolución de la contemporaneidad, no es casual que la disidencia e insurgencia juvenil estén marcando la pauta en el campo político, ya que, estos nietos de la democracia si algo no están dispuestos a renunciar es a construir desde el presente un futuro real, posible y progresista.

Tomado del Diario La Verdad


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