viernes, 20 de marzo de 2009

Carta Abierta al On. Francesco Cossiga, ex presidente de Italia

Senador
Francesco Cossiga
Ex presidente de la República Italiana
y Senador Vitalicio
Presente.-

Muy apreciado On. Cossiga:

Leí con mucha atención y respeto su carta-respuesta a Mons. Fisichella y me pareció poco justa.

Debo decirle que medité mucho esta carta por el “doble efecto” de apreciarle a Ud. figura que conocí a través de mi estadía como estudiante de teología en la casa generalicia de los Padres Rosminianos en Porta Latina, y al mismo tiempo conocer y apreciar al Profesor Rino Fisichella como mi maestro de Teología Fundamental en la Pontificia Universidad Gregoriana.

Creo entender, ciertamente mis limitadas capacidades intelectuales a veces no me permiten conocer lo profundo de las cosas, que Monseñor Fisichella manifiesta su disconformidad con el obispo de Recife por “haber abierto la boca en el peor momento”; no está juzgando la certeza o no del peso de las declaraciones del obispo brasileño, que por cierto están ajustadas a derecho, sino los dos caminos posibles para enfrentarse a la noticia: el camino de “lex, dura lex, sed lex” (adoptado por el brasileño) o el camino de la “legis plenitudo caritas” que manifiesta Fisichella.

Este último hace una muy acertada reflexión (in genere) del dramático proceso que ocurre en la mente y el alma de un médico que se enfrenta a una decisión de ese tipo en la que debe decidir en materia tan delicada como complicada, y sin justificar la negación de los principios fundamentales del catolicismo en materia de vida, lo que pide es que la reflexión en el juicio al médico no sea ni apresurada ni pueril.

Al mismo tiempo, aún cuando reconoce que el obispo de Recife actuó ajustado a Derecho, también reconoce que no era el primer paso declarar la condena de excomunión sino acercarse con amor a esta niña para manifestarle que en tan grave situación no está sola; que nuestro afecto y nuestras oraciones están con ella “Non c'era bisogno, riteniamo, di tanta urgenza e pubblicità nel dichiarare un fatto che si attua in maniera automatica. Ciò di cui si sente maggiormente il bisogno in questo momento è il segno di una testimonianza di vicinanza con chi soffre, un atto di misericordia che, pur mantenendo fermo il principio, è capace di guardare oltre la sfera giuridica per raggiungere ciò che il diritto stesso prevede come scopo della sua esistenza: il bene e la salvezza di quanti credono nell'amore del Padre e di quanti accolgono il vangelo di Cristo come i bambini, che Gesù chiamava accanto a sé e stringeva tra le sue braccia dicendo che il regno dei cieli appartiene a chi è come loro”.

El último párrafo del artículo de L’Osservatore sería el que tanto resquemor y vestiduras rasgadas ha causado en ciertos ámbitos eclesiales y extra eclesiales. Al respecto, vienen a mi memoria las charlas de espiritualidad de Don Francesco Berra, a quien usted debió conocer y apreciar tan bien como yo. Don Berra hacía siempre énfasis en la diferencia entre “la verdad objetiva y la verdad subjetiva”, conceptos que como dúo inseparable formaban parte obligatoria de cada una de sus reflexiones. Pues bien, en ese contexto hay que leer a Don Rino y su conclusión. La excomunión latae sententiae es la verdad objetiva y su peso recae “objetivamente” sobre los colaboradores directos del aborto, independientemente de lo que podamos pensar, desear o querer, y asunto perfectamente claro al que el autor no pretende ni negar ni restarle gravedad; sin embargo el merecimiento “Sono altri che meritano la scomunica e il nostro perdono, non quanti ti hanno permesso di vivere e ti aiuteranno a recuperare la speranza e la fiducia.” está en el ámbito de la subjetividad de Fisichella y no pretende darle a sus palabras ni fuerza de ley ni cambiar el estado de las cosas. Habló el Arzobispo mirando la situación de “Carmen” y no solo al “Codex Iuris Canonici”, habló el Arzobispo mirando al deleznable padrastro, habló el Arzobispo gritando contra la pobreza extrema, habló el Arzobispo mirando la falta de valores familiares, habló el Arzobispo como pastor tratando de llevar la bondadosa misericordia a los corazones desgarrados por el pecado.

El verdadero sentido de la excomunión es hacer reflexionar al pecador para que se arrepienta de sus pecados, pero ¿cómo puede haber arrepentimiento sin una clara manifestación de misericordia y de bondad? ¿cómo puede la persona creer en la redención de sus pecados personales si no distingue una señal de misericordia en los que han recibido del mismo Cristo la misión de absolver los pecados en Su nombre?.

La subjetividad de Fisichella no anula la verdad objetiva de la excomunión, sino que brinda una perspectiva de amor, de solidaridad, de misericordia a la marmórea frialdad del Cuerpo de Leyes eclesiásticas, sin cambiarlas, tal vez en consonancia con “Misericordia quiero y no sacrificios

Era necesario presentar en su Carta Abierta a monseñor Fisichella como laxo moralmente? Como exponente de la iglesia del “tal vez”, del “veamos si se puede”, del “a lo mejor…”? en contraposición a la Iglesia del “si,si…no,no”?

Me parece, con todo el respeto a su persona, que con esa Carta Abierta, al poner en duda la solidez de la doctrina de Mons. Fisichella, usted tampoco contribuye ni al aumento de los fieles ni a que los que ya forman parte se mantengan dentro de la Barca de Pedro.


Atentamente

Carlos Ares García
Sacerdote




,


No hay comentarios: