jueves, 27 de agosto de 2009

Acerca de la ley que prohibe los videojuegos violentos

Dificilmente pude pensar en estar de acuerdo con alguna de las leyes promulgadas por el chavismo recalcitrante de la Asamblea Nacional. Pero con la regulación de los videojuegos violentos y los juguetes bélicos, tengo que quitarme el sombrero, merecen un aplauso. Esto no elimina lo pernicioso de otras leyes, como la de Educación, que es peligrosa mas por lo que deja de decir que por lo que contiene, pero bien merece una consideración positiva.

Yo soy testigo de cómo niños sanos, educados y pacíficos luego de jugar con esos videos de combates y torneos de lucha terminan por liarse a patadas con el hermanito o a responder con amenazas tanto a padres como a madres por el simple hecho de mandarlos a bañar o llamarlos para que almuercen. Ay! si la orden paterna o materna llega durante uno de los combates. Inmediatamente el “ya va, mami” que se va repitiendo paulatinamente hasta la exasperación del progenitor o la progenitora que terminan por optar por el regaño, lo que hace que las relaciones familiares (al menos temporalmente pero cada vez mas frecuentemente) lleguen al borde de la violencia verbal y física.

Una vez, en los inicios de la década de los 80, tuve la oportunidad de ser secretario de la visita pastoral que Monseñor Roa Pérez hizo en la parroquia San Rafael del Moján y entre las visitas programadas por el párroco estaba el manicomio. Era mi primera vez en un centro como ese, y aún no se me borra la impresión de los internos, hombres y mujeres escapados de la realidad, hablando solos, gesticulando al aire como si hablaran a una multitud inexistente, miradas perdidas, movimientos violentos sin necesidad aparente, amenazas e improperios al aire lanzados contra la pared de la realidad. Y aunque la comparación sea extrema, no puedo menos que pensar en algunos niños que conozco, que para caminar del cuarto (donde tienen el aparatito ese, llámese como se llame, wii, xbox, nintendo, play station) hasta la cocina, van imitando las patadas voladoras y las llaves de judo, acompañándolas con los gritos estertóreos que copian del luchador de turno, o la onomatopeya de los bombazos, tiros y explosiones del grupo comando. Y lo hacen de manera inconciente! No se dan cuenta de lo que están haciendo, y sin embargo copian al calco expresiones, gestos y movimientos de esos malhadados videojuegos en un inconsciente que es incapaz de procesar y discriminar ficción y realidad (por la temprana edad de los niños).

No soy psiquiatra, pero observo el cambio de conducta de esos niños y algo me dice que ese tipo de videojuegos ni deben ni pueden ser buenos. Que alteran la psique infantil haciéndolos violentos, que les hacen cambiar la noción de la realidad llevándolos a un mundo “virtual” de violencia desde el que juzgan al mundo real extrapolando conductas mas propias de terroristas y pendencieros que de niños.

En mi época de niño yo también jugué al Llanero Solitario y a Roy Rogers con “revolvitos de tiritos” (los que usaban un rollito de cinta amarilla con fulminantes que iba saliendo a medida que disparábamos), le hacíamos emboscadas a “los indios” mientras gritábamos “jayo-silver”, pero cuando el jueguito se terminaba, se terminaba… no teníamos el atafago de los videojuegos que nos hiciera entrar hasta por los poros la enorme carga de violencia y sangre a las que están expuestos los niños de hoy. Y ahora que los niños están de vacaciones y pueden disponer de mas tiempo libre, sería bueno que los padres le llevaran el tiempo que pasan jugando frente al televisor para que se dieran cuenta de la cantidad de tiempo que pasan expuestos a la violencia virtual.


En este punto no podemos olvidar la responsabilidad de los padres en todo este asunto, que para tener a los niños en casa sin la necesidad de tener que estarlos vigilando, prefieren comprarle ese tipo de videojuegos y así tenerlos “controlados”, en el cuarto, frente al televisor, sin la preocupación de tener que saber dónde están, con quién andan y lo que están haciendo. “Pan pa’ hoy y hambre pa’ mañana” dice el refrán, la comodidad se paga cara y esa comodidad de padres y madres puede revertirse en hijos violentos, desadaptados de la realidad en que viven.

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