domingo, 21 de diciembre de 2008

Ayer se murió Reinaldo Aparicio

Ayer se murió Reinaldo Aparicio.

Salvando el detalle de llevar por apellido el mismo de dos ilustres peloteros zulianos, con los que nada tenía que ver, seguramente a muchos de ustedes el nombre no les dirá nada, y ciertamente, fuera de su estricto nucleo familiar y de las relaciones laborales desarolladas en un pueblo perdido en el mapa nacional, los Puertos de Altagracia, el resto de Venezuela continuará ignorando su vida y en especial su aciago destino.

Chavista convencido, de familia chavista, joven esposo y padre de un par (creo) de niños, se defendía en su trabajo de motorizado cobrando de casa en casa la suscripción al servicio de televisión por cable que existe en los Puertos. Una que otra vez, en las tardes y junto a su esposa "mataba tigres" tocando la guitarra y cantando en las misas de difuntos. Se esforzaba en llevar el pan a la casa, eso es innegable y digno de admiración e imitación entre tanto vago bueno para nada que cree que la solución a sus problemas la trae el kino o los terminales.

Algunos meses atrás empezó a sentir molestias físicas y decidió "chequearse" con los cubanos del CDI de los Puertos, seguramente con la esperanza puesta en las palabras de ponderación que el presidente siempre tiene para su Misión "Barrio Adentro" y los (para)médicos cubanos . El diagnóstico fue irrevocable "hay que operarte y sacarte la vesícula". Yo no se si por iniciativa propia o inducido por los "galenos" de la Perla del Caribe, lo cierto es que la operación quirúrgica la hicieron en el mismo CDI, en un cuartico con una camilla, un aparato portatil de signos vitales y una gran lámpara en el techo. Los (para)médicos cubanos, entre los que se encontraba el "anestesiólogo", otro (para)médico con un cursito de especialización de 6 meses, procedieron a la extracción de la vesícula.

De ahí a tener que salir corriendo con Reinaldo para un hospital de verdad con médicos de verdad fue la misma cosa. Dos meses estuvo en cuidados intensivos producto de la mala operación (carnicería, por eufemismo), hasta que, ya sin vida propia, y sin poder evitar el fatal desenlace, decidieron desconectarle los aparatos y ayer sábado murió oficialmente.

El resto de Venezuela no se acordará nunca de Reinaldo Aparicio, pero seguramente muchos, a lo largo y ancho de la geografía nacional recordarán algún caso similar de negligencia (no me atrevería a decir que negligencia criminal) cometido en perjuicio de un venezolano que confió en "Barrio Adentro", con el agravante de que esa Misión está dirigida a los mas pobres del país.

Reinaldo cerró sus ojos a la luz de este mundo... sería buenos que muchos los abrieran a la realidad de indefensión en que se encuentran.

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