miércoles, 11 de agosto de 2010

El Nacional (editorial). "chavez desarmado" 11/08/2010

En Santa Marta, lugar de resonancias históricas para Colombia y Venezuela, los presidentes Juan Manuel Santos y Hugo Chávez se reunieron luego de meses de tormentas y rupturas, de denuncias ante el Consejo Permanente de la OEA, de acusaciones ante la Corte Penal Internacional y de un periodo de duelos verbales que dejó atónitos a los observadores y sumidos en el desconcierto y la ruina a quienes, durante 200 años, construyeron su modus vivendi con base en la interdependencia de las regiones fronterizas.

Al final de la reunión, el presidente Santos dijo a la prensa que habían decidido que los dos países "restablecerían sus relaciones diplomáticas". En verdad, las relaciones binacionales superan en no pocas ocasiones la percepción personal de quienes los gobiernan, y eso ha sucedido en los últimos tiempos entre Colombia y Venezuela. En la agenda figuró una conversación a solas de los jefes de Estado. Era lo indicado, después de tantas borrascas y hojarascas.

Sólo así podían poner las cartas sobre la mesa. No son desconocidas estas cartas y por consiguiente, con un simple ejercicio imaginativo podemos leer los rostros de los interlocutores. Ambos presidentes son directos y pocas ocasiones se les presentarán en el futuro de ser tan francos como esta. La franqueza es un factor esencial. Sabían de lo que hablaban y lo que los separaba.

Sabían también de la importancia de las relaciones.

Venezuela está penetrada por las FARC y el ELN, por el narcotráfico, los paramilitares, en suma, por el crimen organizado y binacional. La guerrilla se refugia en Venezuela y ataca a Colombia. Si la guerrilla cuenta con esta alianza, nunca negociará la paz en su país. Las regiones fronterizas no soportan más esta situación.

La Fuerza Armada Bolivariana está siendo cuestionada por los medios internacionales por no haber echado del país a los invasores. Se trata de una situación que no puede prolongarse.

La integración está herida de muerte y también la producción venezolana que depende de insumos colombianos. Bien hizo el presidente Santos en proponer el diálogo directo. Bien hizo el presidente de Venezuela en aceptarlo, en disponerse a viajar antes de que la telaraña de las intrigas hiciera más difícil el encuentro.

Ojalá designen embajadores que entiendan las reglas elementales de la diplomacia y que no pueden avanzar mientras se atacan ante los medios. Conviene rescatar la diplomacia civil y apartarla del ruralismo militar. Conviene también sacar las relaciones internacionales de las arengas patrióticas, pues ese camino nos llevará al infierno.

Hay que buscar otros asuntos para las explosiones retóricas y los aplausos de los pobres de espíritu, la extensa clientela de los ociosos. Restablecidas las relaciones, deben cuidarse con transparencia y sin ambigüedades. Primero el interés de los pueblos y la confiabilidad de los estados.

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