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viernes, 30 de abril de 2010

Día del Trabajador. Mensaje de la Conferencia Episcopal Venezolana

CONFERENCIA EPISCOPAL VENEZOLANA
COMISIÓN EPISCOPAL DE PASTORAL SOCIAL
MENSAJE EN EL DÍA DEL TRABAJADOR.
1º MAYO DE 2010.


“El trabajo no sólo expresa la dignidad del hombre sino que la aumenta".
(Juan Pablo II)

El día primero de mayo, no es solo la conmemoración de una fecha histórica, sino debe ser también un día de reflexión, de búsqueda, de análisis, de las hondas implicaciones que tiene el trabajo humano y la complejidad de sus consecuencias para el desarrollo de la persona y de la sociedad. No se trata, por tanto, de demostrar las fuerzas palpitantes en las organizaciones laborales, sino confrontar la situación laboral de los trabajadores con su vida real, familiar, sus anhelos, sus ideales, su futuro.

La Iglesia siempre ha estado acompañando los distintos procesos que se realizan en torno al mundo laboral. Las Encíclicas Sociales, especialmente la “Laborem Excercens” del Papa Juan Pablo II, sintetiza la importancia del trabajo, colocándolo como la “clave esencial” de toda la cuestión social, porque condiciona el desarrollo no sólo en lo económico, sino también en lo cultural y moral, de las personas, de las familias, de las comunidades y de la humanidad entera (cf. n.1). Más recientemente el Papa Benedicto XVI ha animado para que se logre concretizar el trabajo decente (Caritas in Veritate, 63) y se llegue al pleno desarrollo integral de los trabajadores.

Desde esta óptica eclesial, deseamos enviar nuestro más cordial saludo a todos los trabajadores venezolanos en su día, animándolos a seguir caminando en la búsqueda de la construcción de una sociedad con justicia social, equidad y paz, donde el diálogo y la concertación sean pilares profundamente arraigados en la cultura del mundo del trabajo, pero también en la búsqueda de mejores reivindicaciones salariales y de seguridad social en bien de la familia y la sociedad entera.

Nos adherimos a hombres y mujeres que sufren los estragos del desempleo o que tienen un trabajo informal o a destajo, sin seguridad social y muchas veces son explotados; compartimos sus angustias y sufrimientos. Igualmente a aquellos que viven en permanente amenaza de ser despedidos, cuando se antepone a su dignidad y derechos, una determinada ideología, creando zozobra e incertidumbre. Reafirmamos que nada puede estar por encima de la dignidad humana y su derecho a ser partícipes de la transformación de la creación.

Hacemos un llamado para que se consolide la unidad de todas las organizaciones laborales; es urgente que en este momento histórico de la nación, crezca la unidad de los trabajadores entre sí y sobre todo, en sus organizaciones y dirigencias. Exhortamos también al gobierno nacional a buscar cauces para un auténtico y permanente diálogo social, que privilegie la igualdad de todos los trabajadores en un salario digno y con seguridad social. Ninguno de los actores del mundo del trabajo puede permanecer ausente cuando se trata de mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. Ni ideologías, ni criterios personales o políticos, pueden opacar lo que por derecho le corresponde a los trabajadores: Una mejor calidad de vida.
Caracas, 30 de Abril de 2010

Con nuestra bendición,

+ Mons. José Luis Azuaje Ayala
Obispo del El Vigía- San Carlos del Zulia
+ Mons. Roberto Luckert león
Arzobispo de Coro


+ Mons. Victor Pérez Roja
Obispo de San Fernando de Apure
+ Mons. Wiliam Delgado Silva
Obispo de Cabimas

+ Mons. Ulises Gutierrez
Obispo de Carora


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lunes, 4 de mayo de 2009

Editorial El Nacional 04/05/2009

Contra mujeres y ancianos.

Potecitos de gas.


Que no quepa duda: la represión policial y militar orquestada por el alcalde de Libertador, Jorge Rodríguez, por la nueva autoridad capitalina Jacqueline Faría y el presidente Chávez, es el primer ensayo para nuevas y más duras ofensivas contra los manifestantes de oposición que salgan a la calle a exigir una democracia verdadera. Y como todo tiene su contraparte, debemos decir, igualmente, que desde la oposición civil también se le responderá al Gobierno en paz y sin miedo, dentro de la ley pero sin bajar la cabeza.

Lo que viene es una larga lucha de corajes y de dignidades.

Como todo bicho malo es miedoso, vale decir el Presidente, la alternativa democrática sabe que esta represión policial no implica una posición de fuerza. Si el Gobierno despliega toda su tropa policial y militar no es precisamente porque se siente fuerte, o quiere afincar su presencia en el resto de Caracas.

Al contrario, lo que dejó muy claro el Gobierno es que le tiene terror a que la oposición pueda transitar, manifestar o hacer política en esa parte de Caracas que el oficialismo considera su territorio y que, según los últimos resultados electorales, no lo es tanto y aparece muy dividido entre opositores y abstencionistas. De allí el miedo a que el río de los adversarios al PSUV se interne entre los barrios de la Caracas del oeste y derrumbe el mito de una zona exclusivamente "socialista".

De forma que la batalla del Primero de Mayo estaba planteada de antemano pero no para los sectores de la alternativa democrática, que jamás ni nunca han impedido una manifestación oficialista en Petare, Chacao, Baruta o El Hatillo, porque creen en la libertad de expresarse y salir a la calle a promover sus preferencias políticas de todos los venezolanos.

Por ello se pensó, con lógica natural, que se podía marchar como siempre se había hecho en el pasado: con rutas diferentes, con banderas y consignas respetadas por todos y sin entrar en conflictos, porque el Primero de Mayo es, precisamente, la conmemoración de una tragedia que tiene carácter mundial.

Sólo a unos desquiciados, como las autoridades de Libertador (Rodríguez y Faría), se les ocurre reproducir esa tragedia en Caracas, asfixiando con gases mostaza y chorros de agua a unos pacíficos ancianos, a unas mujeres valientes y a unos líderes políticos con mucho coraje, que se mantuvieron en su sitio a pesar de que le lanzaban todo tipo de sustancias químicas.

Desde luego que la batalla la perdió totalmente el Gobierno, y que la imagen de unas viejecitas pequeñas pero valientes y decididas, y de unas mujeres con empuje y coraje siendo aplastadas por unos policías y guardias nacionales disfrazados de extraterrestres, con cascos, chalecos antibalas, lanzagranadas y caretas antigases, le dio la vuelta no sólo a Venezuela sino al mundo. Y es que así se combate admirablemente al militarismo bravucón y represivo: con la gente saliendo a la calle para obligarlos a salir del closet y demostrar lo que son: vulgares represores.

Tomado de Noticiero Digital



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