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sábado, 21 de agosto de 2010

El Nacional (Editorial) "Maquillajes rojos" 21/08/2010


No obstante los esfuerzos del Gobierno por presentar una "sensación" de prosperidad en los días previos a las elecciones de septiembre, incluyendo el maquillaje de algunas calles y edificios, no ha podido evitar que las estadísticas oficiales sigan mostrando que afrontamos una profunda recesión que se prolonga por año y medio.

En efecto, las cifras publicadas por el Banco Central el jueves pasado indican que durante el primer semestre de este año el producto nacional se redujo 3,5%. Si se estudian con más detalle, se puede observar que ha disminuido la producción en sectores estratégicos como la construcción y la manufactura, lo que significa una reducción en el empleo. También es menor la demanda agregada, lo que implica que la población consume menos. Por no hablar de una drástica disminución en las exportaciones, tanto petroleras como no petroleras, que augura pocas esperanzas de recuperación.

Gran parte de los analistas había previsto que a medida que se acercaran los comicios se produciría un repunte económico debido a las medidas oficiales destinadas a cortejar a los electores.

El intento se ha hecho, como atestiguan los nuevos endeudamientos de la nación con el fin de no paralizar obras y estabilizar los mercados, pero no han sido suficientes.

A pesar de ello, la economía continúa contrayéndose. O, como dirían los contadores, sigue en rojo. En rojo de empobrecimiento. No tanto en el segundo trimestre del año como en el primero.

Pero es que entonces las elecciones estaban lejanas y todavía se tenían escrúpulos sobre aumentar el déficit fiscal. Pero aunque se haya arrojado a la basura tales escrúpulos, la decadencia sigue siendo inocultable.

Los resultados del primer trimestre, una caída de 5,2% del producto, pudieran calificarse, con la prosa oficial, como una "pornografía económica". El descenso del segundo trimestre de 1,9% es menos escandaloso, pero no deja de encontrarse en la categoría triple X, no apto para la sensibilidad de menores o adolescentes.

Se trata de un empobrecimiento aberrante y continuado. Más aún si se le compara con el desempeño de otras economías, como la chilena, que en los mismos días reporta un crecimiento de 6,5% en el segundo trimestre, no obstante el terrible terremoto que la perjudicó a principios de año.

De hecho, la economía venezolana es la única de la región que presenta caída en el producto. Lo que, si se une al aumento récord de los precios y al incremento del desempleo, señala el fracaso del modelo económico que ha seguido el actual régimen, el cual es imposible de justificar con la publicidad y la retórica sobre una supuesta justicia social que nadie ha sentido en carne propia.

Por lo contrario, los resultados oficiales presentados permiten afirmar que los pobres han servido de carne de cañón para un experimento fracasado, incapaz de mostrar alguna buena cara, aun en vísperas de un acto electoral.

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sábado, 14 de agosto de 2010

Izarra y El Nacional se fueron juntos, agarrados de la mano...


¿Porqué tenemos que irnos a los extremos y convertirnos en lo que criticamos del adversario?

Si la risa de Izarra en la entrevista de CNN queriendo minimizar los efectos de la violencia en Venezuela fue detestable y muchos justamente la vimos como una burla tanto a los inocentes caídos por el hampa como a los familiares de las víctimas que aún esperan justicia por la sangre derramada, la foto de la portada del diario El Nacional, cruda, descarnada, obscena, está al mismo nivel.

¿Qué pretendía dar a conocer el Periódico que no se conociera ya? ¿cuál fue la revelación que no supiéramos con mucha anterioridad? Con el agravante de ser una publicación que se vende en quioscos, en las esquinas y que llega a muchos hogares en los que no solamente viven adultos con criterio formado sino también personas impresionables en especial niños.
Yo no necesito pegarme un corrientazo para saber que la electricidad es de cuidado y muy peligrosa…tampoco necesito ver una foto de la morgue para saber que lamentablemente es una institución colapsada por el número de muertos que ingresan todos los días, todas las semanas, todos los meses, venidos en su mayoría por la creciente violencia que azota a Venezuela.

El Nacional cayó al mismo nivel de aquella publicación amarillista, sensacionalista, vulgar llamada “Crónica Policial” que exhibía tanto en la portada como en sus páginas interiores fotografías de los mas horrendos crímenes, o como la basura que no entiendo cómo aún circula abierta y libremente en el Zulia llamada “Mi Diario”, de la misma calaña obscena, morbosamente sangrienta que la anterior.

Si Izarra, en el mas grande de sus desatinos, se fue al fondo de la vergüenza y de la insensibilidad por reírse descaradamente no solo de la enorme cantidad de muertos por la violencia que día a día riegan con su sangre las calles de Venezuela sino también de los millares de familiares que los lloran, El Nacional, en su afán de respuesta para demostrar que la risa de Izarra era el colmo de la iniquidad, se fue con él.

Desagradables ambos, de mal gusto ambos, lesivos ambos a la dignidad de las personas, uno por querer defender lo indefendible (por cierto, de la peor manera posible) y tratar de tapar el sol con un dedo, el otro por presentar una foto, que si bien es cierto es un testimonio gráfico, se olvidó del respeto que le debe a su público que incluye menores de edad y a los familiares de esas víctimas (aún con los rostros borrosos), tendidas en camillas y en el suelo.
En lo personal debo decir que crecí leyendo El Nacional, me sigue pareciendo un excelente medio informativo, no por esto voy a darle la espalda, pero negar que se pelaron esta vez es querer tapar el sol con un dedo, tal como quiso hacer Izarra con su risa de hiena.




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jueves, 3 de junio de 2010

El Nacional (editorial). "Guerra mortal" 03/06/2010

El Presidente de la República lanzó ayer un grito de guerra contra la actividad económica del sector privado y volvió a advertir al grupo de Empresas Polar sobre una eventual nacionalización. En su intervención el mandatario utilizó su lenguaje pendenciero, impropio de un jefe de Estado, y le reclamó a Lorenzo Mendoza que haya apelado a las instancias legales plasmadas en la Constitución que él, como gobernante, incitó a todos los venezolanos a respetar y aplicar.

Pero cuando los venezolanos se atienen a la Carta Magna y acuden a las instancias judiciales que están indicadas en su texto resulta que incurren en "delito de rebelión". ¿Por qué, entonces, no se eliminan esas instancias inútiles y, de plano y descaradamente, se declara la suspensión de la Bicha y se traslada la vigencia de la Constitución a los inestables estados de ánimo del jefe del Gobierno? Cuando el Presidente de la República dice: "No te equivoques, Mendoza, porque te vas a quedar, si te equivocas, sin el chivo y sin el mecate. Es una sana recomendación que te doy, señor Mendoza, que has vuelto por los caminos de las conspiraciones y ahora manipulas a los trabajadores", ya sabemos que esas advertencias vulneran la Constitución y son entendidas por los otros poderes como órdenes directas cuyo cumplimiento es inevitable, a riesgo de perder sus altos puestos burocráticos si desconocen una directriz impartida desde Miraflores.

En este caso, los venezolanos notan la eficiencia del Gobierno cuando quiere machacar a alguien que hace su trabajo honestamente y trata de mantener su producción y capear el temporal en medio de la crisis. Pero cuando se trata de atacar los males que afectan la administración pública entonces el jefe de la revolución no amenaza, se le traba la lengua, se le olvidan las denuncias que se multiplica como caries en las muelas de un indigente.

Cuando el Presidente amenaza a Mendoza lo hace como el provocador que invita a pelear a alguien y luego pega gritos para que lo agarren. Nada lo va a agarrar desde su bando, sino que las manos pacíficas surgirán desde la Venezuela inteligente que no quiere ir a la ruina, al desempleo generalizado y al cierre de las empresas. Desde luego que el Presidente no entiende eso, porque no puede aceptar que un empresario tenga éxito en la agroindustria y en la distribución de alimentos, y que la gente lo respalde como lo indican todas las encuestas.

Pero ya que el Presidente está en su plan de matón ante los venezolanos y no de estadista, como es su deber, sería interesante que se ocupara de la gente del pueblo y de sus heridas diarias.

¿Qué tal si le dice al hampa "no te equivoques, porque te vas a quedar, si te equivocas, sin el chivo y sin el mecate?".

En verdad, ¿por qué usted Presidente no amenaza al hampa que mata niños y ancianos, que mata motorizados y choferes de busetas, taxistas y sindicalistas a montón? ¿Por qué no se ocupa de su gente? ¿Miedo o complicidad?




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martes, 25 de mayo de 2010

El Nacional (editorial 25/05) "Amenazas del jefe"

Desde hace semanas el Presidente de la República anda en una provocación constante contra la mayoría de los venezolanos que no creen en su proyecto político.

Lleva a la cárcel a quienes opinan y critican su gestión, como la juez Afiuni. También arremete contra aquellos que le fueron leales como dirigentes o militares activos, valga decir el diputado Wilmer Azuaje y el general Raúl Baduel, sometidos a juicios "por órdenes expresas de Miraflores".

Pero nada de eso parece bastarle en su odio personal enfilado a desprestigiar la iniciativa privada y, en especial, a las grandes empresas que cumplen estrictamente con las normas, resoluciones, reglamentos y leyes que se dictan para controlar el sector empresarial. También deben estar atentos a las cadenas y programas dominicales del Presidente, donde se gobierna obsesiva y mediáticamente al país.

Un gobierno que depende de la bipolaridad de un jefe, no puede ser coherente ni constructivo en su mensaje. Al contrario, enlazado en los cambios de ánimo del jefe supremo, los militantes se despiertan envueltos en la ansiedad de saber qué callo le duele hoy en el pie al caudillo y de qué pierna cojea.

Mientras, el país se desbarranca en la incertidumbre de no cometer un error imperdonable.

A los venezolanos sensatos nos molesta la ira presidencial aunque ella esté dirigida y enfocada a acicatear a sus militantes, pero nos duelen esos insultos y exigimos respeto para ellos.

También le preocupa a los venezolanos cuando esas rabietas obsesivas se dirigen a destruir centenares de puestos de trabajo, a dejar en la calle a millares de trabajadores, a arruinar a empresarios que prestan servicios a Pdvsa y a la CVG, y a despojar de sus propiedades a aquellos agricultores y ganaderos que llevan decenas de años invirtiendo en esas tierras.

Lo que preocupa es que, en función de una supuesta acción revolucionaria, se destruya la capacidad de producción agropecuaria y se nos convierta en un país cada día más dependiente de las importaciones de alimentos. Nos hemos convertido en una nación frágil y vulnerable a la hora de servir la mesa en cualquier hogar humilde o de la clase media, por el capricho de un mandatario que desconoce los sostenidos esfuerzos nacionales para alimentarnos con independencia y soberanía.

Es falso que el latifundio haya influido en la productividad del campo venezolano, y mucho menos que haya marginado a los campesinos que hoy constituyen menos de 10% de la población. Si la intención es dotarlos de tierras pues con la inmensa cantidad de hectáreas expropiadas en diez años ya deberían estar produciendo lo suficiente. Y no ha sido así, porque ese no es el problema.

Theotonio Dos Santos, el investigador brasileño que tantas veces nos visita invitado por el BCV, dijo a la prensa este domingo que el latifundio en Venezuela no ha existido. ¿Y cómo queda Hugo y Jaua? No les queda más remedio que atacar a la Polar.




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sábado, 15 de mayo de 2010

El Nacional (editorial). "Ruinas bolivarianas" 15/05/2010

El Gobierno persiste en su política de control del sector agroindustrial privado, a sabiendas de que fracasará en este nuevo intento de manejar a sus anchas la fabricación, importación y distribución de alimentos con fines electorales. Todos recuerdan que, desde la cuarta república hasta hoy, estos esfuerzos realizados desde el poder terminan creando no sólo una gran deuda imposible de cuantificar y pagar, sino que generan simultáneamente un mar infinito de corrupción.

Estos mega-intentos de consolidar redes alternativas de producción y distribución de alimentos manejadas por altos funcionarios generan, al principio, la falsa sensación de bajar o detener el alto costo de la vida. Pero, a la larga, tanto por impericia y desconocimiento del negocio como por las corruptelas, se terminan por ocultar las pérdidas y maquillar las cifras del desastre.

Esto no es nuevo en los bolivarianos, cuyo famoso Plan Bolívar de compra y distribución de alimentos creó más ricos en el Ejército que el petróleo en el Zulia. No pocas investigaciones se hicieron al respeto pero esas fortunas mal habidas no fueron nunca recuperadas por el Estado venezolano: se quedaron en el exterior a buen resguardo.

No está de más recordar también como Mercal, Pdval y todos los mamotretos creados para vender desde leche en polvo, lavadoras y neveras hasta motocicletas chinas, han fracasado sistemáticamente en hacer funcionar una red que atienda a la gente de una manera cómoda y decente.

Las largas e interminables colas y la persistente escasez de ciertos rubros básicos son características permanentes de estos mercados cerrados o a cielo abierto. Una semana hay pernil para regalar, otra semana pollos brasileños, otra leche en polvo o harina de maíz, pero jamás coinciden en una sola jornada los cuatro productos. Es la demostración más clara de ineptitud burocrática de quienes manejan "el negocio", no sabemos si con criterio particular o colectivo.

El Gobierno insiste en seguir los pasos de la "época loca" de la economía cubana cuando hasta vender helados era considerado una venenosa actividad del capitalismo. La revolución arrasó con la producción privada de azúcar y redirigió la agricultura como si fuera una actividad exclusivamente del Estado. Persiguió a los grandes, medianos y pequeños cultivadores y cerró los mercados populares donde se vendían al detal los productos del campo.

¿Cuáles fueron los resultados de estas políticas? Hambre, pobreza, desabastecimiento y ruina del campo. Hoy Cuba importa cerca de 87% de los alimentos que consume, y los trae principalmente de Estados Unidos. La producción de azúcar apenas abastece el consumo interno mientras que la leche, la carne vacuna y el pollo son productos esporádicos en los expendios del Estado.

¿Es ese el camino que queremos? Como advierte Conindustria, "no hay ni una sola experiencia exitosa de empresas que hayan sido tomadas, confiscadas o expropiadas por el Ejecutivo".


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viernes, 30 de abril de 2010

El Nacional (editorial). "Carniceros presos" 30/04/2010


Si lo que quiere el Gobierno es lanzar un mensaje contundente para atemorizar a los expendedores de carne pues ha escogido el camino más desastroso: nadie quiere que los humildes carniceros que todo el mundo conoce vayan a prisión y sean atropellados por la Policía Militar, de ingrata recordación por la dictadura del general Pérez Jiménez en la década de 1950.

Los venezolanos lo que quieren es, simple y llanamente, que se les llame la atención a quienes, siendo detallistas del mercado de la carne, no cumplen con la regulación. Pero de esa modesta aspiración popular a que se les lleve presos a Fuerte Tiuna y se les acuse de especuladores hay un paso mayor. En primer lugar, porque la larga cadena de comercialización obliga a los minoristas a colocar precios que están por encima de los regulados, para obtener una cierta ganancia.

Ahora bien, si los mayoristas venden (según sus costos de producción) a unos precios que están por encima de los fijados en la regulación ¿cómo pueden las carnicerías del barrio ofrecer sus productos a los precios bolivarianos? Desde luego, en esta cadena de ventas las carnicerías, que son el último eslabón del comercio al detal, concentran el odio de los consumidores. Pero la verdad rotunda del aumento de los precios está en manos del Gobierno.

En la misma medida en que se mantienen los precios controlados y se lanza una ofensiva de desprestigio contra los productores agropecuarios, en esa misma medida no sólo se restringe la oferta de productos agrícolas sino que se afecta la inversión en el sector, se desanima la producción y se deprimen las habilidades de los canales de distribución de alimentos.

El modelo chavista de incursión en la economía agrícola está signado por la violencia, en tanto se expropia y se restringe, pasando por encima de la ley, la actividad de los sectores agroproductivos que están hoy oxigenando, a su pesar, la pereza y la ineficiencia de las nuevas alternativas de producción que ha inventado empíricamente el bolivarianismo y que fallecen en sus intentos.

La carga productiva en el agro está en manos de quienes el Gobierno odia pero que si llegara a sustituir terminaría en un fracaso como el que Cuba sufre hoy, como importadora neta de alimentos, dependiente de los productores agrícolas de Estados Unidos, que suministran más de 90% de la comida que se cocina en la isla.

El cinismo de los hermanos Fidel y Raúl Castro ha llegado al punto de solicitar a Estados Unidos que levante el embargo apenas durante "un año". Pero si ya le suministran 90% de lo que se come en la isla ¿qué puede significar ese mínimo 10% para la dignidad de Cuba? ¿Más de qué? ¿Un suero para sobrevivir? Cuando se cierran los expendios de carne, no se están cerrando los sitios donde la especulación se hace presente, sino donde los expendedores tratan de sobrevivir bajo la ley marcial de vender a precios regulados o ir a una prisión militar.

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jueves, 11 de marzo de 2010

El Nacional, editorial 11/03/2010 "Pollos volando"

Y la comida escaseando

Pollos volando


Al Gobierno no le quedó más remedio que decretar un aumento de varios productos de la cesta regulada, rompiendo con su política de estricto control de precios para evitar, según ellos, la especulación por parte de los productores, comerciantes mayoristas y minoristas. Pero los venezolanos saben que los argumentos oficialistas sobre el acaparamiento y la especulación no tienen base en la realidad y sólo obedecen a una campaña de desprestigio contra los sectores agropecuarios y las redes de comercialización privadas.

Incluso si fueran verdad al menos 10% de las denuncias oficialistas, en nada perjudicarían a los compradores porque su efecto sobre los precios generales del mercado no sería significativo.

Imaginemos que el dueño de un expendio de alimentos decide ocultar un lote de azúcar con el fin de venderlo a un precio superior. ¿Cuántos kilos de azúcar puede colocar entre sus clientes? Nada que pueda modificar rotundamente la tabla de precio de ese producto a escala nacional.

Lo que sí modifica el precio del kilo de azúcar es la capacidad de mantener bien abastecido el mercado para satisfacer la demanda en un momento dado. Pero si el Gobierno se dedica a ocupar las tierras destinadas al cultivo de la caña, si se intervienen los centrales azucareros, si se cierran las cadenas de supermercados que hacen llegar al público el producto, entonces es lógico que los precios tiendan a subir, no por la especulación, sino por la mano metiche del Estado que coloca obstáculo donde no los hay.

De manera que cuando el genio del vicepresidente Jaua se obsesiona con tomar tierras y allanar depósitos de procesadoras de alimentos no hace otra cosa que provocar escasez y aupar la especulación.

Como lo sabe la gente de a pie, esa especulación se hace presente no en los supermercados y abastos que tanto odian los bolivarianos, sino en las calles y aceras de Caracas y de las otras capitales del país donde los buhoneros (que presuntamente se nutren de Mercal) ofrecen los productos que no están en los estantes de las cadenas de comercialización, a un precio que triplica el decretado por el Gobierno.

Ocurre lo mismo con el pollo y el arroz, dos renglones básicos en la mesa de los venezolanos. Por una parte, hay que decir que acaparar pollos no es un buen negocio porque la fecha de empaque conspira contra cualquier comerciante que los esconde para agenciarse una ganancia extra. Lo lógico y lo sabio, es salir de ese inventario perecedero a la brevedad posible porque, casualmente, el precio del pollo no admite grandes márgenes de ganancia en el producto (aún especulando) si no se logra colocar en el supermercado lo suficientemente rápido para evitar su deterioro.

Con el arroz sucede algo similar. Hay que decirle a Jaua y a sus colaboradores que los únicos inventarios que pueden mantenerse eternamente son los de las ferreterías. Pero, del resto, la ganancia comercial está en vender lo más rápido posible.

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sábado, 20 de febrero de 2010

El NACIONAL editorial 20/02/2010 "Electricidad vecina"

Recule oficial

Electricidad vecina


Parece que entró en razón el Presidente de la República cuando afirmó ayer su disposición de adquirir la electricidad ofrecida por Colombia. Sin embargo, que sólo avanzaría en esa dirección si considera que la oferta colombiana es de "mutua conveniencia". Si es así, reiteró, "la compramos sin ningún problema". Desde luego que esto último va de sobra porque las leyes y la opinión pública venezolana le impiden aceptar un contrato binacional desfavorable a la nación.

Pero el Presidente tiene todo el derecho de salvar la cara y dejar a un lado cualquier obstáculo político o personal para permitir a Venezuela superar la demoledora crisis de energía en que está sumida. En verdad, no sólo está en problemas él y su gobierno, sino los venezolanos de todas las clases sociales, de todos los niveles económicos y de todas las regiones del país.

A estas alturas lo menos que se espera es un colapso parcial o general en el servicio de electricidad, y nadie (del oficialismo o de la oposición) puede dejar de prestar su contribución en el esfuerzo, tanto público como privado, para evitar que el país caiga en la oscuridad total, lo que sería una tragedia de consecuencias incalculables en el transporte, la industria, la seguridad ciudadana, el comercio, la atención en salud, la educación y, en fin, toda la sociedad.

Pero que contribuyamos al esfuerzo general no significa que abandonemos el espíritu crítico sobre las causas de la crisis, ni el análisis profundo dirigido a demostrar que el Gobierno ha sido responsable en más de 90% de lo que sucede y que tampoco dejemos de luchar contra la propaganda roja rojita que pretende acusar a los ciudadanos ¡por despilfarradores!, de los múltiples errores del régimen.

Resulta rotundamente significativo que la nuez de la propaganda roja rojita esté centrada hoy en culpabilizar a la población por la escasez en el suministro de energía. Qué manera tan hipócrita y soviética en la forma de encarar los problemas que se han generado no por la irracionalidad cotidiana en el patrón de consumo de los inocentes ciudadanos, sino por la absurda irracionalidad en la planificación oficial y en el fracaso del seguimiento año tras año por los ministros del ramo.

Culpar a la gente, y a un estamento social en especial, fue muy propio de Stalin, luego fue estrategia de Mao y su revolución cultural y, finalmente, de Fidel Castro. Vale recordar que a falta de la invasión del imperialismo yanqui, los castristas empezaron a culpar a los enemigos internos por la falta de alimentos, energía y fallas en el transporte.

Ayer el Presidente dijo "tener ofertas de energía de Brasil, Argentina y China", y reveló que compró maquinarias a la corporación del imperio General Electric. Ante esta bajada de pantalones, dijo que "las plantas eléctricas no tienen ideología, no tienen nada que ver con un gobierno. Sencillamente hay una lógica del funcionamiento de las cosas". (Risas de los venezolanos).

jueves, 18 de febrero de 2010

El NACIONAL editorial 18/02/2010 "Luz sospechosa"

Mentira y represión
Luz sospechosa

Para el Presidente de la República la crisis de energía se debe al derroche que la clase media y la oligarquía, los centros comerciales y las industrias privadas ocasionan por no tomar previsiones para ahorrar el servicio. Es una mentira de principio a fin, porque nadie quiere gastar en electricidad más de lo que ya tiene presupuestado para todo el año.

Al Presidente no le merece la más mínima atención el hecho de que los primeros interesados en bajar sus costos operacionales son los comerciantes y los industriales.

Igual sucede con la clase media, golpeada por la crisis económica y por la violenta devaluación impuesta por el Gobierno. ¿Por qué las residencias de la clase media van a querer gastar más en electricidad si su presupuesto familiar, en conjunto, apenas alcanza para cumplir con los créditos hipotecarios y el pago de servicios como agua y recolección de basura? Se necesita estar loco para llegar a la casa o al apartamento y poner a funcionar todos los artefactos eléctricos o derrochar el agua. El Presidente, como militar que es, se olvida de la carga económica que sobre el bolsillo de las familias recae por el pago de los servicios públicos. Claro, él ha vivido en cuarteles y residencias de guarnición donde esos gastos no cuentan en el presupuesto familiar.

Cuando lanzan esas campañas "ahorradoras" de electricidad y agua no piensan en lo que ellos gastan en sus condominios militares. En estos carnavales, los círculos militares fueron (y lo serán en esta octavita) un doloroso ejemplo de cómo el poder militar le exige a los demás disciplina y rigurosidad, y cómo a sus espaldas el régimen incita al gasto desproporcionado de electricidad en sus áreas controladas.

Pero no sólo fueron los círculos militares sino el hotel Alba (antiguo Hilton en manos de cubanos) convertido en un mini Río de Janeiro, con el área de la piscina iluminada hasta la madrugada.

Qué cinismo y que pobreza de crítica de las costumbres de la cuarta, que se hartan en denunciar pero que imitan decadentemente al dedillo. Allí se emborracharon de luz y agua, y quizás muchos más de licor, los aspirantes a revolucionarios.

Es esta la senda que los lleva a la perdición: se muestran como revolucionarios y actúan como vulgares burócratas de la vieja Unión Soviética: aprovechadores e insensatos. Lo peor es que hacen de la mentira su plato principal. Ayer, el ministro Alí Rodríguez dijo que la propuesta de Colombia de vendernos electricidad era una iniciativa inasible conjeturada por la prensa.

Pues no, Alí, esa propuesta colombiana fue anunciada para ser presentada hoy jueves por el gobierno de Uribe. Si es buena o mala, es harina de otro costal, pero no hay que mentir de entrada. Igual le pasa al ministro de Ambiente, Alejandro Hitcher, cuando anuncia que a los usuarios se les cobrará un recargo tarifario (sic) por cada metro cúbico excedido. Y amenaza: "Les cortaremos el servicio así tengan su facturación al día". Nazi.

viernes, 12 de febrero de 2010

Dos editoriales y una realidad. "El Nacional e Informe"


EL NACIONAL
Población multada

Como reacción a sus propias fallas, el Gobierno ha llegado a una solución muy simple: castigar a la población. Nos referimos a la crisis eléctrica, que no sabe como resolver, y las multas que impondrá a quienes no disminuyan su consumo de electricidad. Mucho antes de que se viera obligado a reconocer que se trata de un problema grave, y no de pequeñas fallas, la manera oficial de castigar a la gente eran los cortes imprevistos, particularmente en las poblaciones pequeñas y de pocos recursos.

Pero, debido a la magnitud del asunto y de sus consecuencias, un buen día decidió racionalizar los apagones y recurrir al racionamiento. Este trajo tantos problemas y protestas en Caracas que el mismo día hubo que suspenderlo. Pero se castigó al resto del país, manteniéndolo donde la represiva Guardia Nacional Bolivariana puede ser más efectiva contra la protesta popular.

Sin embargo, los técnicos y planificadores oficiales no sabían qué hacer con la Gran Caracas, al punto de que pidieron ayuda a un siniestro comandante cubano y a un ministro argentino corrupto.

Una vez sacrificado el anterior ministro del ramo, alguien tuvo la luminosa idea de adoptar una solución neoliberal de mercado: subir el precio a quienes mantengan su antiguo consumo, duplicárselo o triplicárselo a quienes consuman más (por ejemplo, fábricas que trabajan horas extras), y reducírselo a quien opte por permanecer en la oscuridad y apagar sus aparatos o sus maquinarias. Esto es un monstruoso sistema de multas para quien no modifique su consumo de energía, sin tomar en cuenta las exigencias específicas de comercios, fábricas y hogares.

De esta manera, el Gobierno se ha metido a vigilar qué pasa en cada habitación de nuestros hogares y en cada taller u oficina donde trabajamos. Se castiga a la población por el delito de haber votado por un gobierno que, desde sus inicios, se olvidó de las inversiones y el mantenimiento en los servicios públicos, en este caso uno tan vital como la energía que mueve a las industrias, los hospitales y las casas de familia. "Si yo me equivoco, usted es multado y debe pagar por ello" parece ser el lema de los rojos rojitos que diseñaron este esquema absurdo y complicado que seguramente no sabrán manejar por brutos e ineficientes.

Queda el consuelo de que, por ahora, durará dos meses, a la espera de que vuelvan las lluvias. Esto le confiere al Gobierno la ventaja extra (además de la recaudación adicional) de que la gran mayoría de la población elevará sus oraciones a San Isidro para que llueva mucho y pronto.

Mientras tanto, habrá que seguir los consejos sobre como disminuir el consumo de energía para que no seamos castigados, como evitar la comida caliente, usar la totuma para bañarse y otros taradamente creativos. Nosotros nos permitimos agregar uno: apague el televisor durante las largas horas del programa Aló, Presidente y evite las cadenas. Con eso nos ahorraríamos bastante.


DIARIO INFORME
Un gobierno sin luz

La muestra más irrefutable de la ineptitud de este Gobierno y quien lo dirige, está en la aberrante situación en la cual han colocado a todos los venezolanos al decretarse la emergencia en el sector eléctrico. Resulta que desde este momento, quienes pagaremos las consecuencias de la desastrosa política de generación, distribución y mantenimiento de la industria de electricidad, seremos los consumidores.

Los genios de la presente administración, después de haber evaluado el escenario sobre el cual se mueve la crisis, lejos de admitir que la culpa la tienen ellos como principales asesores de la Presidencia de la República, han parido otra idea, peor que la anterior, que no es otra que responsabilizar, y de paso castigar a toda la población, por algo que un régimen, ineficaz, corrupto y dilapidador, no controló desde un comienzo y nunca quiso escuchar las advertencias de los que conocen a fondo el asunto.

Si bien es cierto que las condiciones climatológicas por la cuales atraviesa el país, con una sequía que se prolonga más de lo habitual, mantiene los embalses y represas con bajo nivel hídrico, no es menos cierto que no eso no constituye una situación que se presentó de la noche a la mañana.

El Gobierno nunca quiso tomar en cuenta las recomendaciones de los expertos y hasta su cabecilla insinuó que tales advertencias constituían un plan desestabilizador orquestado por la oligarquía nacional en combinación son el imperio. Y las consecuencias de tal actitud la estamos viviendo en este momento y con el agravante que ahora todos los venezolanos somos los culpables y debemos pagar por ello.

Todo lo anterior confirma en grado superlativo lo que se viene afirmando de este régimen, es decir, que no tiene brújula y actúa sin dirección, mientras busca culpables de sus yerros entre los venezolanos que nada o muy poco tienen que ver con la situación de un país se cae a pedazos producto de la manera caprichosa como actúa el Presidente que expropia a su libre albedrío causando más daño y aportando pocas soluciones a los problemas que agobian al país.

Además, el Gobierno da señales querer todo menos el bienestar de la mayoría de los venezolanos. Confiscar bienes; apropiarse de las industrias, medios de comunicación y todo lo que considere de utilidad pública y no solucionar los verdaderos problemas que nos afectan a todos, especialmente la inseguridad, son indicios que la única luz que sigue el barco llamado Venezuela y que anda al garete a merced de la tempestad, es convertirnos a la fuerza en una nación empobrecida para beneficiar a otros países, especialmente a Cuba y a su vitalicio dictador.

Los venezolanos no somos los culpables del desastre eléctrico que nos incomoda. Con todo y la sequía que pueda afectar los embalses y represas del país, la verdadera razón del racionamiento que ahora nos quieren imponer con castigo a la parte que más duele, es decir, al menguado bolsillo de todos, es la incapacidad del régimen para atender las verdaderas necesidades del pueblo y es por ello que ante este nuevo atropello que se quiere consumar en detrimento de la ya deteriorada calidad de vida de todos los que vivimos en Venezuela, todos a una sola voz debemos dejar sentir nuestra protesta y si la misma debe ir acompañada con violencia, que así sea porque es el régimen el que apela a ella sin importarle los derechos humanos de nadie.

El Gobierno puede ser que no tanga luz, pero a los venezolanos nos sobra lucidez para saber quienes son los verdaderos culpables del deterioro de la vida nacional y especialmente de la docilidad y la entrega sumisa de las instituciones que en otra época servían para velar por los derechos de los ciudadanos y que hoy no son más que coro de bufones que no hacen reír al amo pero si celebran su malos chistes, como este nuevo recién inventado de ponernos a pagar por la crisis del sector eléctrico cuando todos sabemos quién es el verdadero culpable.

Esta debe ser la prueba suprema; la situación ya no se puede estirar más. O el régimen afloja, o la liga se revienta y después no valdrán lamentos.



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jueves, 7 de enero de 2010

El NACIONAL editorial 07/01/2010 "la mayonesa roja"

Se bate en retirada
La mayonesa roja


Se veía venir: al Gobierno no le ha quedado otro camino que batirse (como la mayonesa) en retirada ante la ofensiva de protestas populares por el cierre de centros comerciales en horas que no eran las más apropiadas. La gente está harta de que el Presidente de la República improvise planes y políticas al vuelo en sus cadenas de televisión, y así se lo ha reclamado no la oposición recalcitrante sino el jefe el Partido Comunista de Venezuela, Jerónimo Carrera, de cuya honestidad nadie duda.

El jefe del Estado ha demostrado hasta la saciedad que es un hombre que obedece a impulsos del momento y que cuando está ante unos cuantos micrófonos pierde no sólo los estribos sino que mete la pata hasta el fondo. Ya hemos visto cómo ante el "descubrimiento" de la llegada de fenómeno de El Niño, reaccionó como un niño, con pataleta de por medio, y no como un adulto que tiene en sus manos la responsabilidad de asistir y guarecer a millones de venezolanos que sufren la desdicha de estas alteraciones climáticas.

El Niño es un fenómeno que sucede en unos ciclos suficientemente estudiados y determinados, y que, de alguna manera, es posible prever para proteger a la población. No es algo que surgió el mes pasado: es un hecho climático reiterado a través de los años y que sólo varía en cuanto a su intensidad. Con los estudios a través de satélites se le ha llegado a conocer más profundamente de lo que los militares venezolanos imaginan. Incluso, en las costas suramericanas del Pacífico, el fenómeno de El Niño determina la suerte de la pesca en gran escala.

Pero volviendo a Venezuela, lo más lógico y quizás lo más práctico hubiera sido que nos preparáramos para lo que, según los ciclos de El Niño, iba a ser un castigo anunciado de sequía. Nada se hizo, nada se tomó como previsión y nada se está haciendo ahora. Si revisamos las medidas adoptadas improvisadamente por el Gobierno en este período de crisis de agua y electricidad, notamos con angustia que son las mismas medidas que hubiera tomado un paramédico cuando se le entrega un herido de varios balazos. Es decir, tratar de mantenerlo con vida, pero sin garantizar que luego de detener la hemorragia pueda volver a ser un hombre normal.

Cuando, desde Miraflores, se da la orden de cerrar los centros comerciales y se establece un horario absolutamente irracional, no sólo se golpeó a los dueños de los locales allí establecidos (como malignamente quería el Gobierno) sino que se pateó una parte importante de la vida de los caraqueños y de los habitantes de las grandes ciudades. Se les confiscó un espacio de vida, de esparcimiento, del disfrute de caminar libremente sin ser asaltado o asesinado por el hampa.

Como el gobierno bolivariano no es capaz de resguardar la vida de la gente en los barrios y urbanizaciones, como su desidia ha fomentado el hampa y el narcotráfico, pues los ciudadanos exigieron y lograron un triunfo: mantener sus espacios de libertad.

Tomado de EL NACIONAL




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miércoles, 23 de diciembre de 2009

El NACIONAL editorial 23/12/2009 "Arepa socialista... rellena con humo"

De nuevo el Presidente insiste en que el problema de la adquisición de alimentos por parte de la mayoría de la población está limitada por una cosa que, entre ellos mismos, llaman "especulación". Pero ¿cómo se puede especular si la importación de alimentos y su desembarque en los puertos venezolanos está estrictamente controlado por los propios y "confiables" funcionarios bolivarianos que manejan la nacionalización de los productos importados? Valdría la pena preguntarse cómo los productos que llegaban a Venezuela a través de la red de importación y comercialización que manejaba el hoy preso en los calabozos de la policía política, Fernández Berrueco, podían burlar los precios que el propio Gobierno había establecido para los rubros de consumo popular. Nadie cree que el señor Fernández se atreviera a tanto y decidiera evadir las reglas oficiales si no contara con contactos cómplices en las altas esferas gubernamentales. Pero de eso nada se dice o, en su lugar, se extiende un manto de oscuridad muy sospechoso.

En la misma medida en que Cadivi maneja estricta y puntillosamente la autorización de divisas para la importación de alimentos, en esa misma medida los ministerios del ramo y los de control de precios están en el deber de vigilar cómo los importadores "socialistas" inflan los precios de los productos que traen al país.

No son los importadores privados (que están súper vigilados) quienes están en capacidad de maniobrar con los precios, sino aquellos que gozan de las preferencias oficialistas.

La razón es muy sencilla: el gobierno bolivariano ha estado impulsando una red paralela de distribución de alimentos y productos básicos, y con ello tienen hoy la capacidad total para controlar los precios del mercado con sólo aprobar rápidamente dólares preferenciales a sus socios amigos, como fue hasta hace poco con Fernández Barrueco.

De manera que a otro perro con ese hueso. No es posible que a diez años de la toma del poder, el gobierno socialista nos venga con el cuento de que ellos no controlan la casi totalidad de la importación de alimentos y de productos básicos de consumo popular. Si yo tengo una instancia como Cadivi que exige a rajatabla requisitos extremos para traer comida para la población, entonces ¿cómo es posible que los precios suban exageradamente? La respuesta es directa: aguas abajo muchos funcionarios no están haciendo su trabajo y, en vez de vigilar, se entretienen en guisar y dejar que las cosas pasen. He allí el origen de la especulación porque, si se cumplieran las reglas, cualquiera podría importar cagarrutas de chivos y ganar dinero. El origen de todo está en el diferencial de precios entre el bolívar y el dólar: si se importa algo, por innecesario que sea, siempre se obtendrá dinero extra.

Las areperas socialistas (como los gallineros verticales y los cultivos hidropónicos bolivarianos) son la cortina de humo de un fracaso. Y volvemos a lo mismo.




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martes, 22 de diciembre de 2009

El NACIONAL editorial 22/12/2009 "Pimentones rojos rojitos, Depósitos públicos"

En la reciente crisis de intervención y cierre de varios bancos, los depósitos oficiales han jugado un papel protagónico. La inmensa masa de dinero que manejan los entes y empresas del Estado constituye un arma poderosa que, si es utilizada irresponsable o fraudulentamente, causa mucho daño al sistema bancario y a la economía nacional.

Pero esta masa de dinero también genera jugosos negocios a los militares y a sus compinches civiles. Conseguir los depósitos oficiales aumenta la capacidad de maniobra de los bancos. Esto lo saben quienes colocan en ellos los dineros del Estado y, si no son meticulosamente honrados (como es el caso de los rojos rojitos), caen en la tentación de sacarle el jugo a ese poder. Es lo que hacen hoy los mandamases políticos del entorno de Miraflores, igualito que en los tiempos de Carlos Andrés Pérez.

Los bancos pequeños, nuevos y de poca penetración en el mercado (como los que fueron intervenidos) son los que más se benefician de estas colocaciones oficiales porque disponen de pocos depósitos del público. Esta situación crea complicidades entre los aprendices de banqueros poco escrupulosos y altos personeros del gobierno bolivariano. Esto es más peligroso cuando se autorizan nuevos bancos dirigidos por amiguitos del chavismo, con la confianza de que podrán disponer a su antojo de los depósitos oficiales.

Recordemos que dentro de las funciones de la Superintendencia de Bancos se encuentra la de evitar y denunciar estas asociaciones mafiosas. Haber llegado a la situación que hoy vivimos demuestra que Sudeban falló en sus funciones. Si se visita la página web de esa superintendencia se puede apreciar el rango de los depósitos oficiales entre los diferentes bancos.

De acuerdo con el Balance General de Publicación correspondiente a septiembre de 2009, por ejemplo, en uno de los bancos más tradicionales y conservadores, los depósitos oficiales corresponden a menos de 5% de sus disponibilidades. En contraste, en dos de los bancos intervenidos los depósitos oficiales significan casi 100% de las disponibilidades. Ahí están los guisos.

En los casos de las recientes compras de bancos por otros bancos sobre la base de los depósitos del público, eso significa que si la mayoría de esos fondos son captaciones de depósitos oficiales alguien está adquiriéndolos con dinero que es de todos los venezolanos. Y, probablemente, se convertirá en millonario si es amigo del Presidente, o terminará en la cárcel si se pelea con el gran capo.

Los guisos bancarios bolivarianos se montan a la sombra de los burócratas encargados de colocar los fondos públicos, casi todos ellos militares. Se les llama pimentones rojos rojitos. Lo peor es que estos favores no son gratuitos.

En verdad constituyen una manera vergonzosa de beneficiarse del tráfico de los depósitos de los entes públicos. Y ninguno de estos burócratas deshonestos está preso: gozan de la más alta protección.




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jueves, 26 de noviembre de 2009

El NACIONAL editorial 26/11/2009 "¿Gladiador?"


La verdad es que la visita del presidente iraní Mahmud Ahmadineyad, "gran gladiador antiimperialista" como lo llamó nuestro mandatario nacional, no ha dejado de causar protestas en todas las comunidades democráticas de las naciones suramericanas donde se ha atrevido a poner pie. Desde luego, se le ha recibido con el protocolo de rigor, pero los pueblos lo ven como un extraño que llega con una bolsa de dinero en la mano para comprar cariños obligados.

Tampoco es un hombre simpático y, por si fuera poco, carece de carisma y no muestra una inteligencia extraordinaria. Pero nuestro máximo líder lo ve como el gran gladiador antiimperialista y, claro, los venezolanos ­que son unos mamadores de gallo por naturaleza­ empezaron a imaginarse a Ahmadineyad con un peto enorme que le queda flojo, un escudo en la mano que parece una totuma y una espada más grande que él. Pero la culpa no es del ciego sino de quien le da el garrote, como dicen en Barinas.

Llamar gladiador al presidente iraní enciende de inmediato las memorias cinematográficas de los venezolanos, que recuerdan a Kirk Douglas, lleno de músculos y con una mirada que indica que está dispuesto a todo. O también, más recientemente, al recio actor neozelandés Russel Crowe batiéndose a muerte en la arena del Coliseo de Roma. Pero si Ahmadineyad hubiera aparecido en ese momento de la lucha, no hubiera durado un minuto.

¿Por qué definir a este visitante (y que nos perdone), que tiene una imagen debilucha y enclenque, como "gladiador antiimperialista" cuando se le pudo dar un nombre más acorde con su personalidad? ¿Qué les costaba pensar en algo mejor y más agradable para distinguir a ese señor que viene a traer un montón de reales a una Venezuela prácticamente en quiebra? Llamarlo gladiador es como calificar al gordito Lula como el atleta de los 100 metros planos de la diplomacia comercial y financiera brasileña, o considerar al irascible Álvaro Uribe como la hermana Teresa de Calcuta.

Esta desproporción de Miraflores ha terminado por provocar risas entre los venezolanos, y no se trata de una maniobra del imperio y mucho menos del rey de Arabia Saudita o de los jeques de los Emiratos Árabes Unidos (miembros de la OPEP), que odian al gladiador antiimperialista.

En verdad, los venezolanos no soportan a los mandatarios extranjeros que vienen a Venezuela con varias maletas llenas de dólares a comprar nuestra adhesión a sus políticas racistas, antidemocráticas, antifeministas y profundamente homofóbicas, que están a contramano de la historia de la cultura occidental.

En este Irán que preside Ahmadineyad no sólo se persigue la disidencia política sino que se proscriben los derechos más inmediatos de la mujer. De igual manera, es uno de los pocos países del mundo donde la protesta ciudadana y la homosexualidad son delitos castigados con la pena de muerte. Menudo ejemplo.



Tomado de Noticiero Digital




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miércoles, 18 de noviembre de 2009

El NACIONAL editorial 18/11/2009 "El mas corrupto"

No ha sido una sorpresa para nadie, pero sí constituye un anuncio vergonzante el hecho de que Venezuela aparezca nuevamente como el país más corrupto de Latinoamérica, al lado de Paraguay y Ecuador. La deshonra mundial ocurrió ayer en Berlín, Alemania, donde fue presentado a la prensa el Índice de Percepción de la Corrupción, elaborado por la organización Transparencia Internacional.

También, y es lastimoso, aparece Haití pero esto resulta hasta lógico porque esa nación ha padecido tantas calamidades naturales y políticas que sus instituciones se han derrumbado. Pero el caso de Venezuela es distinto porque se supone que la revolución bolivariana lleva diez años en el poder, y eso es tiempo suficiente para adecentar y someter a un estricto control a la administración pública.

Incluso todos los años la Asamblea Nacional recibe a esa especie de caimán dormido que es el controlador Russián, y éste, con una sonrisa de medio lado y picándole el ojo a Cilia Flores, entrega un informe voluminoso sobre los pecadillos cometidos por cientos de funcionarios de menor rango.

Pero a los peces gordos, sean militares o civiles, Russián no los toca ni con el pétalo de una rosa, aunque estos corruptos cobren comisiones tan voluminosas que se las tienen que llevar a su casa en un camión blindado de transporte de valores.

Para la contraloría bolivariana no existen fortunas mal habidas provenientes del tráfico de influencias, ni exhibiciones claras y rotundas de lujo y derroche por parte de altos funcionarios chavistas, ni la adquisición de carísimas viviendas en urbanizaciones donde sólo moran los reyes del dinero.

Claro que no sólo es la acumulación de dinero mal habido, o del manejo de información privilegiada a la hora de hacer negocios, sino también el saqueo persistente del tesoro público, muy propio de los regímenes donde los militares se hacen cargo mayoritariamente de la administración pública.

No están lejanas en la memoria de los venezolanos las abultadas maletas, rellenas de dólares, abandonadas en el aeropuerto de la Carlota por Pérez Jiménez en su fuga al exterior, al igual que hoy se habla del maletín de Antonini repleto de dólares de Pdvsa que todavía nadie ha reclamado en la aduana de Buenos Aires.

Dos gobiernos militares venezolanos y dos formas idénticas de raspar la olla del tesoro público impunemente, como si fuera de ellos y no de la nación entera. Tampoco es una cuestión que distingue sólo a los militares sino que está vinculado a una forma autoritaria de gobernar: por ejemplo, Nicaragua, Honduras y Argentina "también obtuvieron una mala puntuación en la lista de niveles de corrupción por país", según las agencias de noticias.

Sin embargo, Chile, Uruguay, Puerto Rico y Costa Rica resultaron ser los países latinoamericanos que presentan los niveles más bajos de corrupción. Allí sí funcionan los controles y la libertad de expresión. A esta última le temen muchísimo los corruptos.

miércoles, 28 de octubre de 2009

El NACIONAL editorial 28/10/2009 "Mentiras y sequías"

De las pocas verdades que pueden decirse hoy de la propaganda oficialista, perfeccionada por los cubanos, es que uno de sus soportes más importante es la exageración. Valga decir que de una gota de agua se hace un mar o se inventa un lago. Decimos esto porque ahora resulta que sufrimos una crisis en el abastecimiento de la demanda eléctrica por culpa de fenómenos naturales como El Niño o porque los oligarcas malgastan la electricidad destinada a los pobres.

Las dos explicaciones van dirigidas a convencer a la población de la inocencia plena del Gobierno en lo que está sucediendo y que, como todos sabemos y padecemos, no es sino una más de las tantas deficiencias administrativas y gerenciales que, luego de diez años en el poder, el Presidente de la República no ha logrado resolver. La crisis en la generación y abastecimiento de electricidad en Venezuela no sólo estaba anunciada sino estudiada y resuelta en informes y proyectos.

De manera que desde Miraflores se miente con insistencia y mala fe sobre las causas de la crisis en el suministro eléctrico. Es tanta la mentira que en cualquier universidad que sea pública, privada o bolivariana oficialista, existen expertos que pueden explicar con decencia y honestidad la causa de los apagones, los graves perjuicios que estas ausencias de electricidad causan a las empresas del Estado, a las grandes fábricas ensambladoras y manufactureras, al comercio mayor y al detal, al transporte colectivo y a la infraestructura hospitalaria y clínica.

En suma, lo que llama la atención es el desparpajo con que el jefe del Estado difunde hipótesis y teorías sobre la crisis en el suministro de electricidad con la inequívoca intención de librarse de culpas y de atribuirle a los demás el origen de sus propias equivocaciones y engaños. Un poquito de sinceridad y modestia le haría bien al Presidente si quiere enfrentar el asunto con seriedad y buenas intenciones.

Pero él prefiere el chiste fácil contra sus críticos, la acusación falsa lanzada a un sector de la población que le hace oposición civil y pacífica, y no armada y agavillada como sus grupos parapoliciales que atacan salvajemente a los medios de comunicación y a los periodistas.

Lo lógico sería que si se trata de un problema nacional que afecta a todos los sectores de la población, lo enfrentemos unidos con la voluntad comunitaria y las iniciativas que aporten la mayoría de los afectados. Pero, desde el Gobierno, se prefiere dividir a los venezolanos entre quienes gastan electricidad en cuestiones que no son básicas para la vida diaria (lo cual es falso) pero que, por supuesto son oligarcas culpables de antemano, y aquellos otros que gracias a las palabras del Presidente son víctimas del derroche de esos malvados.

Lo verdadero, lo valiente y lo auténticamente venezolano sería dividir esta crisis de suministro de energía eléctrica entre quienes alertaron a tiempo sobre lo que iba a ocurrir y aquellos, sordos y mudos, que nada hicieron.

Tomado de Noticiero Digital




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viernes, 23 de octubre de 2009

El NACIONAL editorial 23/10/2009 "Chiflados al mayor"


Los tres ministros que acompañan al presidente Chávez en la conducción de la economía (Alí Rodríguez, Giordani y "el Kino" Merentes) han sido objeto de un aluvión de críticas por su pobre actuación a la hora de dar a conocer el paquetazo bolivariano para el resto de este año y el próximo. Pero, para sorpresa de los economistas, las críticas fundamentales se han referido a sus fallas como artistas de circo y no como ministros. En principio, la gente en la calle les ha colocado el mote de Los Tres Chiflados.

Que los llamen así no es nuestra responsabilidad ni vamos a opinar sobre ello. Pero sí nos interesa, en todo caso, referirnos a las propuestas que el trío ha formulado a la sociedad venezolana para tratar de remendar el capote a las torpezas chavistas de esta década y, como es lógico, encausar la economía por una camino más o menos serio.

Que tilden en la calle a Alí Rodríguez, Giordani y Merentes, como la versión bolivariana de los Tres Chiflados, hace cuesta arriba la labor periodística de observar con justicia sus propuestas de hoy. Sin embargo, debemos reconocer que estamos asombrados por ese estilo poco ortodoxo de organizar los dineros del país. Como si de un espectáculo de magia se tratara, los tres manejan el presupuesto al estilo de un show de Las Vegas.

En este nuevo espectáculo, el titular de Finanzas y sus dos ministros anexos nos envuelven en papel de regalo un presupuesto que en nada se parece a la realidad y sólo tiene que ver con la fantasía. En ese mundo de Disney, el dólar permanece impasible en su tipo de cambio con el bolívar, olvidando la relación directa de la masa monetaria con el nivel de las reservas internacionales. Hay que recordar cómo, en el pasado reciente, Giordani quemó irresponsablemente las reservas del Banco Central de Venezuela en un intento fallido de controlar la inflación.

De manera que si creemos en los números que, por arte de birlibirloque, sacan a la luz estos magos de feria, lo más seguro es que caminemos a oscuras hacia el abismo. Las cifras oficiales de este Gobierno, desde que llegó al poder hace diez años, se caracterizan por una manía frenética de ocultar los efectos perversos, es decir, los duros batazos que, cual Bob Abreu, le va a dar a la población en los próximos 12 meses.

Entre las medidas anunciadas en el proyecto de presupuesto para 2010, presentado esta semana ante la Asamblea Nacional para (¡ja ja ja!) su discusión y aprobación, está la de aumentar la pobre y miserable partida que el jefe del Estado dedicará a sus maquillajes personales, su vestuario de Armani, sus zapatos italianos y sus viajes de alquiler en el avión presidencial cubano.

Todos esos lujos serán pagados con el aumento de impuestos previsto por el Seniat y por el recorte de las partidas dedicadas a las universidades, a los hospitales, a la seguridad y a la cultura. ¡Vivan los tres chiflados y su jefe, el chiflado mayor!


Tomado de Noticiero Digital




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viernes, 16 de octubre de 2009

El NACIONAL editorial 16/10/2009 "Rechazo popular"

De un tiempo ­bastante- a esta parte, las encuestas, los análisis (en el país y en el exterior) y las revelaciones de funcionarios descontentos con una realidad completamente distinta a la que aparece en el "disco rayado del Presidente", reflejan un descenso importante en la valoración que tiene la opinión pública del Gobierno.

El último estudio realizado por la empresa Keller y Asociados (tercer trimestre de 2009) confirma y profundiza esa apreciación, por la contundencia de sus conclusiones, producto de una consulta que abarca 58 centros poblados del país con más de 20.000 habitantes y toma en cuenta 78,6% de la población nacional.

Las respuestas obtenidas en relación con los distintos temas, muchos de ellos objeto de consultas anteriores, revelan que la tibia oposición manifestada no hace mucho se ha convertido en un categórico rechazo a la gestión gubernamental, especialmente en lo que se refiere a los planes de profundización de la revolución bolivariana.

Al preguntar sobre la propuesta de sustituir la propiedad privada por propiedad social, 66% se manifestó en contra, 23% a favor y 11% dijo no saber o no contestó; pero lo curioso de la actual medición es que 46% considera que un puesto de buhonero es tan propiedad privada como una gran empresa.

Un resultado parecido se obtuvo con la pregunta sobre la prohibición de las cuñas de televisión que promueven el derecho a la propiedad privada: 64% la rechazó, 24% la apoyó y 12% dijo no saber o no contestó.

El repudio mayor lo produjo la inversión de grandes sumas en la estatización de empresas petroleras, eléctricas, telefónicas, cementeras, siderúrgicas, hoteleras, por parte del Gobierno. 81% se pronunció a favor de que el dinero se invierta en hospitales, escuelas, viviendas y pensiones, por ejemplo; 8% está de acuerdo en mantener las estatizaciones y 8% por la posibilidad de que se lleven a cabo ambas opciones.

El propósito de dar adoctrinamiento político y entrenamiento militar a los trabajadores del sector público tuvo un elevado índice de reprobación, 64% frente a 23% de conformidad; y el de eliminar los sindicatos fue descartado por 57% y obtuvo respaldo de 29%. Llama la atención el hecho de que la mayoría exprese su desacuerdo con la idea de que Hugo Chávez está sacando a los venezolanos de la pobreza: 57% cree que es falso o muy falso y solo 41% que es verdadero o muy verdadero; especialmente porque el Gobierno ya está en campaña para las próximas elecciones parlamentarias y tendrá que hacer muchos esfuerzos para revertir los porcentajes.

Otra encuesta reciente, la del IVAD, reveló que el bloque no chavista aventaja (por primera vez), con 43,6% de opinión favorable, al chavista que obtiene 41,5%. Ricardo Haussman, director del Centro Estratégico de Desarrrollo Internacional de la Universidad de Harvard, tiene una respuesta para todo lo anterior: "En Venezuela no se está construyendo el futuro de ricos ni de pobres... aquí no se ve una grúa de construcción por ninguna parte y el modelo de política económica del Gobierno no da más".

Tomado de Noticiero Digital




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sábado, 10 de octubre de 2009

El NACIONAL editorial 10/10/2009 "Apagones"

Además del racionamiento del agua, padeceremos paralelamente apagones diarios que durarán cinco horas, según las noticias provenientes de fuentes oficiales.

Añadámosle a estos dos problemas del subdesarrollo, la crisis profunda de la salud, a pesar de las maromas oficiales para ocultarla, y la terrible inflación que golpea de manera inclemente a la población, y tendremos un cuadro que no es compatible con un país que ha recibido un millón de millones de dólares en la década de la revolución bolivariana.

Estos no son asuntos que se resuelven de la noche a la mañana. Son problemas que las sociedades confrontan cuando sus gobiernos carecen de la capacidad de planeación. Este es el dilema de Venezuela. El gobierno bolivariano ha demostrado que es fundamentalmente imprevisivo. Sus planes dependen siempre de los procesos electorales, cada vez que hay unas elecciones en el horizonte activa sus resortes, pero los activa a corto, muy corto plazo, y con propósitos exclusivamente demagógicos. De ahí que prefiere echar a la calle grandes recursos, mientras los problemas que por su entidad requieren programación quedan postergados. Pero estallan, fatalmente, en su momento.

Es lo que está ocurriendo con el suministro eléctrico. El país de grandes fuentes hidráulicas y de grandes recursos de hidrocarburos está condenado a los apagones diarios, de cinco horas, hasta diciembre. ¡Quién sabe si hasta diciembre! Hay regiones, como Margarita, en donde los apagones son cotidianos. Sólo cuando se reúnen cumbres y vienen visitantes como Gaddaffi y Mugabe, entonces la electricidad no falla. Este es el resultado de un gobierno que regala plantas eléctricas a sus socios del ALBA.

La explicación oficial es que "la demanda está por encima de la capacidad de generación". ¿Qué pasa, entonces, con la planificación del Estado? ¿No saben, acaso, que las poblaciones crecen, y que por tanto son cuestiones que deben programarse a tiempo? ¿Por qué nos estamos pareciendo cada vez más y con mayor rapidez a la Cuba de la cual tanto dependemos? ¿Por qué nos obstinamos en copiar un modelo fracasado, que después de medio siglo ha demostrado su inviabilidad? Un régimen que no puede caminar sin muletas ajenas.

El problema del agua es tan dramático que innumerables barrios de la capital pasan semanas sin el servicio. Esto genera malestar y protestas cotidianas. La gente ya no soporta la incapacidad del Gobierno. No hay otra causa, es la incapacidad, la imprevisión, la carencia de planificación lo que explica el retraso, la vuelta atrás, de nuestro nivel de vida.

Frente a problemas de tanta incidencia social, el Gobierno calla, deja el asunto en manos de funcionarios que ensayan sus excusas, pero de la crisis del agua como la crisis de electricidad no se habla en Aló, Presidente. Cuando se habla es para prometer fantasías. ¿Cuántas veces, vale la pena preguntar, el Presidente de la República ha anunciado el fin de Yacambú? Es preciso que el Gobierno hable y diga cuáles son las perspectivas sobre problemas que afectan de manera tan brutal el trabajo y la vida del pueblo venezolano.

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