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sábado, 20 de febrero de 2010

El NACIONAL editorial 20/02/2010 "Electricidad vecina"

Recule oficial

Electricidad vecina


Parece que entró en razón el Presidente de la República cuando afirmó ayer su disposición de adquirir la electricidad ofrecida por Colombia. Sin embargo, que sólo avanzaría en esa dirección si considera que la oferta colombiana es de "mutua conveniencia". Si es así, reiteró, "la compramos sin ningún problema". Desde luego que esto último va de sobra porque las leyes y la opinión pública venezolana le impiden aceptar un contrato binacional desfavorable a la nación.

Pero el Presidente tiene todo el derecho de salvar la cara y dejar a un lado cualquier obstáculo político o personal para permitir a Venezuela superar la demoledora crisis de energía en que está sumida. En verdad, no sólo está en problemas él y su gobierno, sino los venezolanos de todas las clases sociales, de todos los niveles económicos y de todas las regiones del país.

A estas alturas lo menos que se espera es un colapso parcial o general en el servicio de electricidad, y nadie (del oficialismo o de la oposición) puede dejar de prestar su contribución en el esfuerzo, tanto público como privado, para evitar que el país caiga en la oscuridad total, lo que sería una tragedia de consecuencias incalculables en el transporte, la industria, la seguridad ciudadana, el comercio, la atención en salud, la educación y, en fin, toda la sociedad.

Pero que contribuyamos al esfuerzo general no significa que abandonemos el espíritu crítico sobre las causas de la crisis, ni el análisis profundo dirigido a demostrar que el Gobierno ha sido responsable en más de 90% de lo que sucede y que tampoco dejemos de luchar contra la propaganda roja rojita que pretende acusar a los ciudadanos ¡por despilfarradores!, de los múltiples errores del régimen.

Resulta rotundamente significativo que la nuez de la propaganda roja rojita esté centrada hoy en culpabilizar a la población por la escasez en el suministro de energía. Qué manera tan hipócrita y soviética en la forma de encarar los problemas que se han generado no por la irracionalidad cotidiana en el patrón de consumo de los inocentes ciudadanos, sino por la absurda irracionalidad en la planificación oficial y en el fracaso del seguimiento año tras año por los ministros del ramo.

Culpar a la gente, y a un estamento social en especial, fue muy propio de Stalin, luego fue estrategia de Mao y su revolución cultural y, finalmente, de Fidel Castro. Vale recordar que a falta de la invasión del imperialismo yanqui, los castristas empezaron a culpar a los enemigos internos por la falta de alimentos, energía y fallas en el transporte.

Ayer el Presidente dijo "tener ofertas de energía de Brasil, Argentina y China", y reveló que compró maquinarias a la corporación del imperio General Electric. Ante esta bajada de pantalones, dijo que "las plantas eléctricas no tienen ideología, no tienen nada que ver con un gobierno. Sencillamente hay una lógica del funcionamiento de las cosas". (Risas de los venezolanos).

viernes, 12 de febrero de 2010

Dos editoriales y una realidad. "El Nacional e Informe"


EL NACIONAL
Población multada

Como reacción a sus propias fallas, el Gobierno ha llegado a una solución muy simple: castigar a la población. Nos referimos a la crisis eléctrica, que no sabe como resolver, y las multas que impondrá a quienes no disminuyan su consumo de electricidad. Mucho antes de que se viera obligado a reconocer que se trata de un problema grave, y no de pequeñas fallas, la manera oficial de castigar a la gente eran los cortes imprevistos, particularmente en las poblaciones pequeñas y de pocos recursos.

Pero, debido a la magnitud del asunto y de sus consecuencias, un buen día decidió racionalizar los apagones y recurrir al racionamiento. Este trajo tantos problemas y protestas en Caracas que el mismo día hubo que suspenderlo. Pero se castigó al resto del país, manteniéndolo donde la represiva Guardia Nacional Bolivariana puede ser más efectiva contra la protesta popular.

Sin embargo, los técnicos y planificadores oficiales no sabían qué hacer con la Gran Caracas, al punto de que pidieron ayuda a un siniestro comandante cubano y a un ministro argentino corrupto.

Una vez sacrificado el anterior ministro del ramo, alguien tuvo la luminosa idea de adoptar una solución neoliberal de mercado: subir el precio a quienes mantengan su antiguo consumo, duplicárselo o triplicárselo a quienes consuman más (por ejemplo, fábricas que trabajan horas extras), y reducírselo a quien opte por permanecer en la oscuridad y apagar sus aparatos o sus maquinarias. Esto es un monstruoso sistema de multas para quien no modifique su consumo de energía, sin tomar en cuenta las exigencias específicas de comercios, fábricas y hogares.

De esta manera, el Gobierno se ha metido a vigilar qué pasa en cada habitación de nuestros hogares y en cada taller u oficina donde trabajamos. Se castiga a la población por el delito de haber votado por un gobierno que, desde sus inicios, se olvidó de las inversiones y el mantenimiento en los servicios públicos, en este caso uno tan vital como la energía que mueve a las industrias, los hospitales y las casas de familia. "Si yo me equivoco, usted es multado y debe pagar por ello" parece ser el lema de los rojos rojitos que diseñaron este esquema absurdo y complicado que seguramente no sabrán manejar por brutos e ineficientes.

Queda el consuelo de que, por ahora, durará dos meses, a la espera de que vuelvan las lluvias. Esto le confiere al Gobierno la ventaja extra (además de la recaudación adicional) de que la gran mayoría de la población elevará sus oraciones a San Isidro para que llueva mucho y pronto.

Mientras tanto, habrá que seguir los consejos sobre como disminuir el consumo de energía para que no seamos castigados, como evitar la comida caliente, usar la totuma para bañarse y otros taradamente creativos. Nosotros nos permitimos agregar uno: apague el televisor durante las largas horas del programa Aló, Presidente y evite las cadenas. Con eso nos ahorraríamos bastante.


DIARIO INFORME
Un gobierno sin luz

La muestra más irrefutable de la ineptitud de este Gobierno y quien lo dirige, está en la aberrante situación en la cual han colocado a todos los venezolanos al decretarse la emergencia en el sector eléctrico. Resulta que desde este momento, quienes pagaremos las consecuencias de la desastrosa política de generación, distribución y mantenimiento de la industria de electricidad, seremos los consumidores.

Los genios de la presente administración, después de haber evaluado el escenario sobre el cual se mueve la crisis, lejos de admitir que la culpa la tienen ellos como principales asesores de la Presidencia de la República, han parido otra idea, peor que la anterior, que no es otra que responsabilizar, y de paso castigar a toda la población, por algo que un régimen, ineficaz, corrupto y dilapidador, no controló desde un comienzo y nunca quiso escuchar las advertencias de los que conocen a fondo el asunto.

Si bien es cierto que las condiciones climatológicas por la cuales atraviesa el país, con una sequía que se prolonga más de lo habitual, mantiene los embalses y represas con bajo nivel hídrico, no es menos cierto que no eso no constituye una situación que se presentó de la noche a la mañana.

El Gobierno nunca quiso tomar en cuenta las recomendaciones de los expertos y hasta su cabecilla insinuó que tales advertencias constituían un plan desestabilizador orquestado por la oligarquía nacional en combinación son el imperio. Y las consecuencias de tal actitud la estamos viviendo en este momento y con el agravante que ahora todos los venezolanos somos los culpables y debemos pagar por ello.

Todo lo anterior confirma en grado superlativo lo que se viene afirmando de este régimen, es decir, que no tiene brújula y actúa sin dirección, mientras busca culpables de sus yerros entre los venezolanos que nada o muy poco tienen que ver con la situación de un país se cae a pedazos producto de la manera caprichosa como actúa el Presidente que expropia a su libre albedrío causando más daño y aportando pocas soluciones a los problemas que agobian al país.

Además, el Gobierno da señales querer todo menos el bienestar de la mayoría de los venezolanos. Confiscar bienes; apropiarse de las industrias, medios de comunicación y todo lo que considere de utilidad pública y no solucionar los verdaderos problemas que nos afectan a todos, especialmente la inseguridad, son indicios que la única luz que sigue el barco llamado Venezuela y que anda al garete a merced de la tempestad, es convertirnos a la fuerza en una nación empobrecida para beneficiar a otros países, especialmente a Cuba y a su vitalicio dictador.

Los venezolanos no somos los culpables del desastre eléctrico que nos incomoda. Con todo y la sequía que pueda afectar los embalses y represas del país, la verdadera razón del racionamiento que ahora nos quieren imponer con castigo a la parte que más duele, es decir, al menguado bolsillo de todos, es la incapacidad del régimen para atender las verdaderas necesidades del pueblo y es por ello que ante este nuevo atropello que se quiere consumar en detrimento de la ya deteriorada calidad de vida de todos los que vivimos en Venezuela, todos a una sola voz debemos dejar sentir nuestra protesta y si la misma debe ir acompañada con violencia, que así sea porque es el régimen el que apela a ella sin importarle los derechos humanos de nadie.

El Gobierno puede ser que no tanga luz, pero a los venezolanos nos sobra lucidez para saber quienes son los verdaderos culpables del deterioro de la vida nacional y especialmente de la docilidad y la entrega sumisa de las instituciones que en otra época servían para velar por los derechos de los ciudadanos y que hoy no son más que coro de bufones que no hacen reír al amo pero si celebran su malos chistes, como este nuevo recién inventado de ponernos a pagar por la crisis del sector eléctrico cuando todos sabemos quién es el verdadero culpable.

Esta debe ser la prueba suprema; la situación ya no se puede estirar más. O el régimen afloja, o la liga se revienta y después no valdrán lamentos.



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miércoles, 10 de febrero de 2010

EDELCA está por el suelo... lo dejó entrever su presidente


Para apropiarme de una frase que no es mía sino de Leopoldo Castillo, la noticia que está rompiendo el celofan ( para mí, en todo caso) es la publicación de un memorandum de la empresa EDELCA en el que su presidente convoca a los empleados a una jornada de oración llamada “clamor a Dios por el sector eléctrico nacional” con la intención de “levantar la empresa”.

No niego el gran poder de la oración cuando ésta se hace con fe. Soy testigo de cómo el Señor derrama su Gracia sanante, eficiente y suficiente sobre aquellos que piden con fe… lo que me extraña sobremanera es que una empresa que pertenece al Estado que ex profeso sacó a Dios de la constitución, prohibió la educación religiosa escolar en los planteles públicos, eliminó gran parte de las ayudas a instituciones religiosas de ayuda a los necesitados, que tiene bandas dedicadas a atacar templos y a rayar paredes de iglesias pintando consignas infamantes y ultrajantes contra dignos sacerdotes de Cristo, y cuyo máximo (¿?) líder se declara comunista y nos quiere conducir a todos los venezolanos por ese mismo camino, esté promoviendo una “jornada de oración”.

Mirando las cosas desde el punto de vista chavista, me parece que ese presidente de EDELCA con la convocatoria, está negando las principales líneas filosóficas de esta “revolución bonita” y se convierte en un enemigo solapado de todo lo que ha anunciado chavez y especialmente de su autoproclamación de “comunista”.

No tenemos mas dios que chavez” parece ser la consigna de las focas amaestradas, y que de repente un miembro del gobierno de manera pública reconozca que hay un Dios por encima del “dios oficial y revolucionario”, al que se le puede pedir por una solución que “el dios oficial y revolucionario” ni ha podido ni ha sabido dar, me parece un crimen de lesa patria que atenta contra la infalibilidad del pantocrator de Sabaneta.

Y es que estos tipos no aprenden… después del triste espectáculo del general y ex ministro de la defensa Rangel Briceño, que en pleno show de “pare de sufrir” le dieron como tres desmayos y tuvo que ser sostenido por sus edecanes (que el verdadero milagro fue que los edecanes pudieran con semejante mole) y que a raíz de ese bochornoso espectáculo perdiera la Cartera de la Defensa, ahora viene este otro a poner su puesto en la cuerda floja promoviendo concentraciones protestantes a sabiendas de que comunismo y religión no se mezclan.

Pero el detalle que mas me llama la atención es la declaración oficial del último párrafo del memorandum que cito textualmente: “Unidos en este compromiso para levantar nuestra gran empresa, apoyemos esta convocatoria con nuestra asistencia”. El propio presidente reconoció que EDELCA está por los suelos (yo diría que “bajo tierra”) y que la cosa está tan mala que solo Dios (no “el dios oficial y revolucionario” sino YAHVEH) es el que puede “levantar la empresa”.


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jueves, 7 de enero de 2010

El NACIONAL editorial 07/01/2010 "la mayonesa roja"

Se bate en retirada
La mayonesa roja


Se veía venir: al Gobierno no le ha quedado otro camino que batirse (como la mayonesa) en retirada ante la ofensiva de protestas populares por el cierre de centros comerciales en horas que no eran las más apropiadas. La gente está harta de que el Presidente de la República improvise planes y políticas al vuelo en sus cadenas de televisión, y así se lo ha reclamado no la oposición recalcitrante sino el jefe el Partido Comunista de Venezuela, Jerónimo Carrera, de cuya honestidad nadie duda.

El jefe del Estado ha demostrado hasta la saciedad que es un hombre que obedece a impulsos del momento y que cuando está ante unos cuantos micrófonos pierde no sólo los estribos sino que mete la pata hasta el fondo. Ya hemos visto cómo ante el "descubrimiento" de la llegada de fenómeno de El Niño, reaccionó como un niño, con pataleta de por medio, y no como un adulto que tiene en sus manos la responsabilidad de asistir y guarecer a millones de venezolanos que sufren la desdicha de estas alteraciones climáticas.

El Niño es un fenómeno que sucede en unos ciclos suficientemente estudiados y determinados, y que, de alguna manera, es posible prever para proteger a la población. No es algo que surgió el mes pasado: es un hecho climático reiterado a través de los años y que sólo varía en cuanto a su intensidad. Con los estudios a través de satélites se le ha llegado a conocer más profundamente de lo que los militares venezolanos imaginan. Incluso, en las costas suramericanas del Pacífico, el fenómeno de El Niño determina la suerte de la pesca en gran escala.

Pero volviendo a Venezuela, lo más lógico y quizás lo más práctico hubiera sido que nos preparáramos para lo que, según los ciclos de El Niño, iba a ser un castigo anunciado de sequía. Nada se hizo, nada se tomó como previsión y nada se está haciendo ahora. Si revisamos las medidas adoptadas improvisadamente por el Gobierno en este período de crisis de agua y electricidad, notamos con angustia que son las mismas medidas que hubiera tomado un paramédico cuando se le entrega un herido de varios balazos. Es decir, tratar de mantenerlo con vida, pero sin garantizar que luego de detener la hemorragia pueda volver a ser un hombre normal.

Cuando, desde Miraflores, se da la orden de cerrar los centros comerciales y se establece un horario absolutamente irracional, no sólo se golpeó a los dueños de los locales allí establecidos (como malignamente quería el Gobierno) sino que se pateó una parte importante de la vida de los caraqueños y de los habitantes de las grandes ciudades. Se les confiscó un espacio de vida, de esparcimiento, del disfrute de caminar libremente sin ser asaltado o asesinado por el hampa.

Como el gobierno bolivariano no es capaz de resguardar la vida de la gente en los barrios y urbanizaciones, como su desidia ha fomentado el hampa y el narcotráfico, pues los ciudadanos exigieron y lograron un triunfo: mantener sus espacios de libertad.

Tomado de EL NACIONAL




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