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lunes, 6 de julio de 2009

Editorial El Nacional 06/07/2009 El títere chavista


El vuelo de Zelaya

El títere chavista

Al presidente Chávez no le ha quedado otro camino que reconocer que el gobierno venezolano interviene directamente en los asuntos de Honduras, al mandar al derrocado Manuel Zelaya a Tegucigalpa en un avión venezolano. Son varios los aviones que, según las fuentes periodísticas, han partido en los últimos meses desde los aeropuertos de Maiquetía, Managua o La Habana con destino a la capital hondureña, transportando todo tipo de material electoral y de propaganda, de equipos electrónicos y de personal entrenado, así como supuestos maletines repletos de petrodólares para financiar actividades subversivas.

El hallazgo de tres millones de dólares en efectivo en la residencia de Manuel Zelaya abre una gran interrogante sobre la penetración de los servicios secretos de Venezuela, Cuba y Nicaragua en suelo hondureño. No se sabe hasta qué punto el chavismo penetró en estos últimos años en la institución militar y en sus cuerpos policiales, con el fin de preparar una alternativa de fuerza favorable a Manuel Zelaya si éste ganaba (mediante el fraude) la consulta sobre la Constituyente.

Lo grave y lo vergonzoso es que la mayoría de los presidentes de América Latina no coloquen sobre la mesa, paralelamente al pecado de la intervención del Ejército a favor de la Constitución en Honduras, la intervención abierta, cínica y grosera de Fidel Castro y Hugo Chávez en la política nacional hondureña. Son dos actos profundamente vinculados al respeto de la vigencia de los principios democráticos en cualquier lugar del mundo: cero intervención de fuerza y cero intervención extranjera, como ahora está haciendo Venezuela.

La pregunta esencial en estos casos es una sola, y debemos formularla aunque parezca idiota y ridícula: ¿Son los hondureños tan infantiles, desordenados y corruptos para necesitar la tutela de un padre despótico y autoritario, que les diga cómo comportarse, a quién dirigirse para satisfacer sus anhelos de justicia social o para impulsar el desarrollo económico de las clases más necesitadas? ¿Qué sabe Chávez de Honduras (apenas conoce Centroamérica) si ni siquiera sabe a ciencia cierta sobre lo que desea la propia Venezuela, más allá de la que él financia y maneja a sus anchas? Las últimas encuestas le han enfriado el guarapo al presidente Chávez: los venezolanos le huyen como a la peste al arruinado comunismo cubano y, mucho más, al socialismo corrupto del siglo XXI, que sólo disfrutan a sus anchas sus amigos más íntimos.

El presidente Chávez habla de la burguesía hondureña y no se refiere para nada a la nueva burguesía venezolana a la que él, corrupta y familiarmente, le da el tetero y le pone los pañales. Todo el mundo sabe que desde la sede de la Presidencia se firman decretos, se impulsan leyes y motorizan resoluciones ministeriales para proteger a un sector económico que se enriquece a costilla de los venezolanos. Ese es el modelo que quiere llevar a Honduras: el de los militares chavistas ricos.


Tomado de Noticiero Digital

jueves, 2 de julio de 2009

Carlos Alberto Montaner: Zelaya arrastraba a Honduras al chavismo


El español Carlos Montaner dice: “El chavismo hubiera sido el comienzo de un inmenso calvario económico y social”.

Estados Unidos, la OEA, la Unión Europea, Chávez, Fidel Castro, sobre todo Chávez y Fidel Castro, quieren la restitución inmediata de Manuel Zelaya en la Presidencia de Honduras.

El Congreso, casi por unanimidad, apoyado por la Corte Suprema, lo había destituido por violar la ley y desconocer las sentencias del Tribunal Electoral. Pero ésa era la excusa técnica.

La verdad profunda resulta mucho más dramática: Zelaya, obcecado y temerario, decidido a hacerse reelegir a cualquier costo, se proponía arrastrar al país en la dirección del chavismo, algo que en Honduras hubiera sido el comienzo de un inmenso calvario económico y social.
Inmediatamente, los parlamentarios eligieron como sustituto a Roberto Micheletti, un miembro del mismo partido de Zelaya, hasta hace unas horas presidente del cuerpo legislativo. Parece que la mayoría de los hondureños, incluidas las iglesias cristianas, apoyan la medida.

Desde el punto de vista formal no hay nada sorprendente en la manera en que Zelaya ha sido destituido. Los diputados, de acuerdo con las Fuerzas Armadas, tras recibir una forzada carta de renuncia, sustituyeron al boliviano Gonzalo Sánchez de Losada, 2003, a los ecuatorianos Abdalá Bucaram, 1997, Jamil Mahuad, 2000 y Lucio Gutiérrez, 2005, y al guatemalteco Jorge Serrano, 1993. En esos casos, sin embargo, la comunidad internacional apenas les prestó atención a estos incidentes.

Eran querellas políticas que se transformaban en choques entre los poderes públicos, resueltos por medio de una salida constitucional que salvaba la legalidad vigente. Técnicamente no eran golpes de Estado, sino formas extremas de mantener algún vestigio de legalidad. En esta oportunidad, sin embargo, pese al enorme apoyo interno que parece tener la remoción de Zelaya, la reacción internacional ha sido diferente.

¿Por qué? Fundamentalmente, porque el Presidente depuesto, en los últimos años, se había afiliado tímidamente, aunque sólo fuera en un plano retórico, al llamado “socialismo del siglo XXI”, una aguerrida familia ideológica poseedora de una gran caja de resonancia, dirigida por Hugo Chávez, quien en 1992 fue autor de uno de los golpes militares más cruentos de la historia de América Latina. Pero ayer, invocando la democracia, no demoró en advertir que derrocaría a cualquier Presidente que sustituyera a su amigo Zelaya.

Contra el caudillismo
Lo que vemos en Honduras no es un choque entre militares y civiles, ni entre golpistas y funcionarios inocentes, y tampoco un regreso al pasado lamentable de los Gobiernos militares. Estamos en presencia de un conflicto entre dos formas de entender la función del Estado y el rol de los líderes políticos.

El chavismo, incipiente papel que irresponsablemente Zelaya encarnaba en Honduras, es una variante del colectivismo estatista, corriente política que liquida la separación de poderes propia de las repúblicas, entroniza el caudillismo, acaba con la alternancia en el Gobierno y adopta posiciones antioccidentales expresadas en peligrosas alianzas con países como Irán y Corea del Norte.

¿Podrá estabilizarse el nuevo gobierno de Roberto Micheletti? Todo dependerá de la firmeza con que se mantenga la alianza entre los dos grandes partidos políticos, el Ejército y las otras instituciones del Estado.

También es posible que Washington intente forjar un compromiso entre Zelaya y sus adversarios, por el que el Presidente destituido regresa al país, pero renunciando a cambiar la Constitución o a tomar represalias, y sólo con el objeto de llegar a las elecciones de noviembre.
En todo caso, hay que hilar muy fino porque cualquier error puede desembocar en un baño de sangre o en el inicio de un largo período de inestabilidad y agonía.

Tomado del Diario La Prensa de Honduras

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Otra caricatura de Capulina 02/07/2009



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miércoles, 1 de julio de 2009

Baltazar Porras critica “doble moral” en caso hondureño

“El orden moral no permite que se mida con dos varas un mismo evento. La doble moral es una inmoralidad, una transgresión contra la equidad, una cosa no es buena o mala porque esté de acuerdo con lo que se piense o no”.

Para Porras la Organización de Estados Americanos y la Organización de Naciones Unidas, son “un club de los que gobiernan y en la defensa de sus propios intereses desconociendo las otras instituciones que tiene una pluralidad mayor y representan a todos los sectores de la población”.

Criticó lo que llamó la “presencia venezolana desmesurada y una intromisión en los asuntos internos” que ha tenido el presidente Chávez en el caso hondureño.

Porras apuntó que “si no queremos que nadie se meta en nuestros asuntos y tenemos derecho a ello, tampoco debemos estarnos metiendo en esta forma”.

“Si aplicamos el principio de la soberanía porqué se actúa como se está actuando con Honduras, es porque se trata de un pequeño y pobre en el que los organismos internacionales se dan el lujo de imponer su ley, preguntémonos si una situación similar se presentase en Brasil o Venezuela se actuaría igual”, interrogó.

Comentó noticias que señalan que en la Casa Presidencial de Honduras se encontró dinero para repartir y comprar los votos, supuestamente con ayuda venezolana.

“Todos los hechos que se estaban dando, las denuncias de corrupción, narcotráfico y la búsqueda de querer perpetuarse en el poder han hecho que las propias instituciones y propio partido le han dado la espalda a Zelaya”.

Porras señaló que los golpes de Estado comienzan “en las actuaciones de gobernantes que por estar en el poder se creen que pueden manejar y llevar las cosas a su antojo”.

Resaltó que otras instituciones públicas hondureñas actuaron apegadas a la Constitución y las leyes.

Tomado de Unión Radio


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martes, 30 de junio de 2009

Editorial El Nacional 30/06/2009 Manos fuera de Honduras

Manuel Zelaya sigue siendo el presidente legal de Honduras. Luego de los pronunciamientos de la OEA, de la invocación a la Carta Democrática hecha por el embajador hondureño ante la organización y del respaldo de organismos multilaterales al mandatario, su vuelta al cargo es el camino adecuado, el menos traumático y el constitucional.

Aun cuando nadie en la OEA, en los gobiernos latinoamericanos e, incluso, en Estados Unidos, han sido discretos, la vuelta conlleva forzosamente al reconocimiento de los graves errores y extralimitaciones de Zelaya quien, con su desvergonzada entrega a la estrategia internacional de Fidel Castro y Hugo Chávez, sentó las bases de la crisis.

El virus de la reelección presidencial indefinida que contagia a los presidentes de la ALBA es la causa de esta crisis. Zelaya inventó, con ayuda económica y política venezolana, un referéndum personal y como tal lo lanzó contra lo que consagra la Constitución y sostienen los otros poderes del Estado. Desde Caracas llegaron los aviones con el material electoral, un hecho anómalo, intervencionista e inaceptable. ¿Quién dio permiso para eso? ¿Por qué el dinero de los venezolanos se malgasta en exportar el chavismo ruinoso y corrupto? Manuel Zelaya debe regresar, obviamente, pero a someterse a la Constitución y no a seguir los pasos de Chávez, quien le aconsejó alzarse con el poder. En Honduras no se puede ignorar la realidad y lo lógico es que las cosas vuelvan a la misma situación de antes de la crisis. Ello incluye el retorno del jefe militar destituido por Zelaya porque no quiso ser su cómplice en una jugada electoral promovida por los países del ALBA.

Zelaya debe respetar a las Fuerzas Armadas de Honduras que, como en todo país democrático, deben ser apolíticas y no mezclarse en asuntos partidistas como pretendía el mandatario hondureño. No olvidemos que Zelaya perdió el apoyo de su propio partido, del Tribunal Supremo y de la mayoría del Congreso.

No es poca la crisis que generó su desmedida ambición de poder, sus pretensiones de reelegirse indefinidamente y de reformar la Constitución como en Venezuela.

¡Manos fuera de Honduras! (en especial las de Venezuela) sería una buena causa para la OEA. Mientras ese organismo y su secretario general no hablen claro, la democracia irá mal en Honduras. Está bien la prudencia, pero no la abierta complicidad con el golpista Chávez, con el cocalero Morales y el aberrado Ortega.

Está bien que Zelaya regrese a la presidencia, pero a gobernar de acuerdo con la Constitución y no a obedecer consignas dictadas desde La Habana o Caracas. Es el colmo del cinismo que el dictador Fidel Castro alabe la democracia en Honduras y que el golpista Chávez defienda el orden constitucional.

Y algo más es conveniente: que nadie amenace a las Fuerzas Armadas de Honduras, aguerridas y experimentadas, porque esa es la peor receta. A lo mejor le toman la palabra a Chávez y terminan dándonos una paliza porque hoy la FAN está en la carraplana. Dios nos ayude.

Tomado de Noticiero Digital

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