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viernes, 12 de noviembre de 2010

El Nacional (Editorial) "EL NARCOTRÁFICO (de los rojo rojitos)" 12/11/2010


Las denuncias sobre el narcotráfico en Venezuela están poniendo muy nervioso al Gobierno porque ya no sólo se refieren a las decenas de toneladas de cocaína que pasan por aquí vía Europa o el Caribe, sino que identifican una vasta red de complicidades en los ámbitos civiles y militares rojo rojitos que le paran los pelos al más pintado. Se trata de denuncias que provienen de los cuerpos antidrogas de América y Europa, y también de acusaciones que lanzan los traficantes más famosos capturados en Colombia y México.

La prensa venezolana ha sido muy cuidadosa al tratar estas noticias porque es de tal magnitud lo que se denuncia que pareciera no compadecerse con la realidad. Pero, lamentablemente, al ser investigadas muchas de estas aseveraciones adquieren relevancia y certeza convirtiéndose en una expresión de dolor y rabia.

Ayer, el director de la Oficina Nacional Antidrogas, general Luis Reverol, anunció que había sido incautada la línea Aeropostal.

Según la ONA, la compañía aérea era propiedad del venezolano Walid Makled, preso en Colombia por narcotráfico y lavado de dinero, y a la espera de un pedido de extradición por parte de Venezuela y Estados Unidos.

Menuda sorpresa: mientras las autoridades rojo rojitas se desgañitaban anunciando una cruzada contra el narcotráfico, al mismo tiempo se le entregaba a Walid Makled la concesión para el manejo de Puerto Cabello. O alguien estaba ciego o existía una complicidad mayúscula para que esto ocurriera.

Pero no sólo eso: a Walid Makled se le dio la concesión para la distribución nacional de la urea, un componente específico para la agricultura, pero precursor del refinamiento de cocaína. Si esto constituye un delito ¿quiénes son los cómplices en el Gobierno y por qué no se les ha denunciado? Makled, según las agencias internacionales "ha implicado en acciones ilegales a diversas personalidades políticas venezolanas, entre ellas a un hermano del ministro del Interior, Tareck el Aissami. (...) También ha dicho que aportó por lo menos 2 millones de dólares en 2007 a la campaña del fallido referendo promovido por el presidente Hugo Chávez para aprobar la reelección continuada". Tampoco esto se ha investigado como si quienes son mencionados fueran ilustres desconocidos.

El general Reverol arremete contra los medios y afirma que el Gobierno está preocupado porque "los periodistas llaman a Makled empresario y presunto narcotraficante". Pues, general, lo primero es un hecho público y lo segundo depende ahora de un tribunal. Es como si a usted lo acusáramos de disponer en beneficio personal de los bienes incautados al narcotráfico sólo porque lo estarían investigando tanto la Contraloría como Interiores y Hacienda.

O que apresuradamente lo tildáramos de agente de la CIA por haber trabajado con el general Guillén Dávila cuando Estados Unidos pagaba el comando antidrogas de la Guardia Nacional.

Sería muy injusto con usted, general.

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jueves, 7 de octubre de 2010

El Nacional (Editorial) "Guerra a muerte" 07/10/2010


Las maneras que ha utilizado el grupo de gobernantes militares -y sus camarillas civiles- en lo que va del siglo XXI para apoderarse de las riquezas del país han evolucionado con el tiempo. Empezaron con modalidades toscas como el llamado Plan Bolívar 2000, que otorgaba a algunos jefes privilegiados de la Fuerza Armada buenas tajadas del presupuesto nacional para que realizaran obras de caridad y avance social.

Como estaba previsto, las obras de caridad comenzaron por casa y los efectivos castrenses encargados fueron los grandes beneficiados. Todo el país lo supo, pero "oficialmente" nadie se dio cuenta, aunque llamó la atención que algunos militares pasaran sin transición del trabajo asalariado a la opulencia.

Además de la riqueza del Estado, la camarilla en el poder reconoció la existencia del resto de la sociedad mediante la identificación de sus riquezas. Y fue por ellas. "Ven a mí que tengo flor", fue el grito de batalla. Empezó por un hato de Barinas que una familia del lugar codiciaba, tal cual dijo el poeta, "como el niño pobre ante el juguete caro". Pero el régimen no se atrevía a asaltarlo con un simple decreto en la Gaceta Oficial, por lo que se inventó el método "Chaz" de negociar: el propietario entregaba su riqueza a cambio de que no dispararan en su contra el arma de reglamento.

Después no se negoció, sino que el poder se impuso con argumentos ideológicos. "Ser rico es malo", por lo tanto debes entregarme tu riqueza para obtener la salvación eterna. Esto se aplicó a los civiles venezolanos. Para las grandes corporaciones extranjeras se recurrió a la compra, con dineros del Estado, de las propiedades de quienes deseaban huir de la debacle, entre ellos la empresa eléctrica y un gran banco.

Ahora se ha pasado a la apropiación de lo que construyeron aquellos inmigrantes que vinieron a hacer de Venezuela un país próspero. Empezaron por los españoles y canarios. Pronto irán por la expropiación de los bienes de los italianos y portugueses.

Más claro no canta un gallo, y peor si es rojo rojito.

Del método Chaz se ha pasado al procedimiento "ChazEspaña", que pudiera llamarse el método "Champaña", porque en Miraflores lo celebran con burbujas. No es para menos. Habrá nuevas riquezas castrenses basadas en las de aquellos que, ingenuamente, construyeron los promotores de Agroisleña.

Pero esa celebración será efímera porque esas expropiaciones han conducido a la quiebra de centenares de empresas, a miles de desempleados, a decenas de demandas en los tribunales internacionales y a serias disputas entre gobiernos. También le han hecho perder el favor popular al grupo gobernante de pimentones verde oliva y rojo rojitos.

Esta manera castrense de apropiarse de la riqueza de otros para beneficio de los comandantes boliburgueses puede llevar a que el método termine denominándose "Chazcofra", que combina a Chávez con chasco y fracaso.

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martes, 28 de septiembre de 2010

El Nacional (Editorial) "La caída esperada" 28/09/2010


Si de algo debe estar avergonzado el jefe de los bolivarianos es el haberse pavoneado por todas las ciudades de Venezuela, y por algunas capitales de Suramérica, proclamando que él era la representación máxima del pueblo venezolano y que, como tal, tenía como misión acabar con la burguesía apátrida. Pues ni lo uno ni lo otro, porque las elecciones parlamentarias ocurridas este domingo dejaron muy claro que el chavismo no es la fuerza mayoritaria entre los votantes de este país y que la fantasiosa burguesía que el comandante dice combatir tiene, al menos, unos seis millones de votos.

De forma que en Venezuela existe hoy, por obra de la revolución chavista, la más grande burguesía de América Latina. Del otro lado, el pueblo se ha achicado de manera alarmante porque, como viene ocurriendo en los tres últimos comicios (dos ganados por la oposición y uno por el oficialismo) el apoyo de los seguidores de la revolución va de capa caída, al punto de que el Presidente ordenó aprobar una ley electoral en función de sus exclusivos intereses partidistas con miras a evitar una debacle, tal como ocurrió.

La ley diseña los circuitos electorales de una manera arbitraria, tomando en cuenta para agruparlos sólo las fortalezas de su organización y las de su único aliado, el Partido Comunista.

Pero ni esa argucia de baja estofa le sirvió este domingo porque, si bien obtuvo más diputados a la Asamblea Nacional que el bloque opositor, no logró sacar más votos, con lo cual la trampa que había ideado lo puso más al descubierto tanto nacional como internacionalmente.

El hecho fundamental de que los votantes les hayan dado más votos a sus adversarios políticos que a sus candidatos hizo enmudecer al Presidente por 24 horas, porque lo que estaba en juego era su caudal electoral. Como nunca antes, el mandatario se montó en una apuesta de gran calibre en unas elecciones parlamentarias que, por lo general, deben manejar sus alfiles. Pero era tal su preocupación por el clima de deterioro oficialista que mostraban las encuestas que se metió de lleno en la campaña, cometiendo con ello uno de sus más graves errores políticos de los últimos años.

De hecho, ese era el sueño de la oposición para poder matar dos pájaros de un tiro y medirse por interpuestos candidatos con el verdadero jefe, a quien ya se le notaban signos de gran debilidad en las barriadas populares. Sus simpatías en las urbanizaciones de clase media hace años que no existen. De manera que la batalla se concentró en esos sectores de obreros y trabajadores informales que están siendo víctimas de la inseguridad, del desempleo y de la inflación.

Ciego por su prepotencia y sus aires de grandeza, el Presidente cometió el error de convertirse en el blanco central de la campaña, con afiches gigantes y marchas en todas las ciudades. Y lo peor, con repetidas y fastidiosas cadenas en la televisión. De manera que él mismo cavó su fosa. No hay otro perdedor.


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jueves, 23 de septiembre de 2010

El Nacional (Editorial) "EL CAMBIO (o mas de lo mismo)" 23/09/2010


En estos últimos días los venezolanos hemos visto como el jefe del Gobierno se ha comportado públicamente dejando salir su personalidad autoritaria y militarista.

Nada parece importarle como no sea lograr una Asamblea Nacional que se le rinda a sus pies y le apruebe leyes con los ojos cerrados. Se resiste a un cambio institucional, a una lógica y natural expansión del espacio político en el cual puedan expresarse otras voces y otras tendencias ideológicas y, desde luego, a que en el parlamento se le puedan escudriñar las cuentas a las corruptelas bolivarianas.

De manera que no se trata de una lucha de la revolución y de su líder por hacer avanzar el proceso, sino de lograr una amplia complicidad para entorpecer y eventualmente anular lo que en verdad significa hoy la Asamblea Nacional: un organismo prostituido por el oficialismo en aras de darle al Ejecutivo amplias facultades no sólo para legislar sino para sojuzgar a las otras instituciones.

A través del control de la AN ha sido posible que Miraflores nombre a la fiscal de su preferencia, que escoja al bueno para nada contralor y a la defensora del puesto, que ni siquiera tiene las credenciales en derechos humanos para ejercer el cargo.

Párrafo aparte merecen las instancias de justicia en todo el país y en especial en Caracas. Luego de que el comandante ordenara una reforma del Poder Judicial y creara un organismo integrado por personas de alta formación profesional para adecentar los tribunales, hoy tenemos un sistema judicial peor que hace veinte años.

No hay manera de que el venezolano de a pie llegue a las puertas de la justicia y se sienta seguro y no víctima de la maraña de funcionarios e intermediarios que pululan alrededor de los tribunales. Se paga peaje, le exigen al ciudadano trámites y documentos infinitos con la finalidad de que desistan en su petición de justicia o que se bajen de la mula con alguien conectado con el chavismo que pueda "ayudar" a que los casos lleguen a su final.

Para la alta macolla del chavismo, el cambio institucional que exige la población no puede ocurrir porque, si ocurre, quedan al descubierto y con el trasero militar al aire. Pero de la misma manera en que ellos se preocupan en ocultar sus traseros castrenses, los venezolanos que quieren transparencia, cambio y libre consulta de todos los asuntos de la república, van a actuar ya para cerrar esta comedia.

Y este es el punto central del asunto: hay que votar para cambiar la forma de enfrentar la corrupción, la inseguridad personal, la hipoteca vergonzosa del país con las transnacionales en la Faja del Orinoco, el endeudamiento grosero con China y Rusia, el uso de recursos del tesoro nacional para financiar proyectos políticos en el exterior, la firma de tratados con países que fomentan el terrorismo como Irán, y las vinculaciones con las narcoguerrillas colombianas. Por eso el comandante está asustado: porque ahora sí va a rendir cuentas.


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martes, 14 de septiembre de 2010

El Nacional (Editorial) "¿Ley de desarme?" 14/09/2010


Basta preguntarse, para ver por donde vienen los tiros, si con la nueva ley de desarme bolivariana entregarán sus arsenales los grupos como La Piedrita, los Tupamaros o Alexis Vive, o tendrán los miembros del Ejército que intervenir y requisar esas armas por la fuerza. Hasta ahora la FAN se ha hecho de la vista gorda frente a estas organizaciones parapoliciales que operan en ciertas zonas de Caracas, cuando su deber como militares es desarmar a esos grupos civiles.

También habría que interrogarse sobre la actuación de las Fuerzas Bolivarianas de Liberación que se mueven armadas hasta los dientes en las zonas fronterizas de Táchira y parte de Apure y el trato con guantes de seda que le dan ciertos oficiales de la FAN destacados en la región. Porque una cosa es combatir a estos grupos irregulares y otra muy distinta es contrariar los deseos de su máximo comandante.

El Presidente se cansa de hablar sobre una revolución socialista, humanista y pacífica, pero de inmediato contradice sus declaraciones diciendo que la revolución tiene que defenderse y que dispone de su propio armamento para hacerlo. Entonces es válido interrogarse sobre qué armas de fuego o de guerra dispone la revolución para ello: ¿Serán las de la Fuerza Armada? ¿Las de los colectivos armados? ¿O las de miles de delincuentes que las usan contra el pueblo todos los días? Se sabe de fuente cierta sobre la distribución de armas a grupos irregulares bajo la "Misión Moto y Pistola". También es público y notorio el afán del Gobierno de entrenar y poner a disposición de ciudadanos comunes, a través de las milicias, armas de guerra como los AK-103 rusos, el fusil oficial de asalto de las FAN, para el combate asimétrico.

El punto central es que las armas de fuego constituyen un factor, si no el más importante, que facilita la violencia interpersonal y que son causa de 20.000 homicidios al año. El hecho de que el Gobierno no tenga la menor idea de la cantidad de armamento legal e ilegal circula por el país, ejemplariza la ineptitud de los entes de control del Estado en la materia.

Entre 8, 10 o 15 millones de armas cortas son las cifras que se manejan desde la sociedad civil, y tres cuartos de ellas o más no tienen ningún soporte legal. Se conoce que la transferencia de éstas a la sociedad se realiza desde el Estado, que adquiere 80% de todo el armamento que entra al país.

No cabe duda de que la situación de violencia en que vivimos reclama leyes especiales y de emergencia para poner freno a esa vorágine que fusila día a día a los venezolanos. Una ley de desarme cumpliría con esa función si en realidad existiese la voluntad política para ello. La legislación que piensa sancionar la Asamblea Nacional menciona una política de desarme, pero no establece cómo realizarla ni tampoco plazos para ella, lo cual deja en manos de Miraflores lo esencial del asunto. Qué desgracia.



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miércoles, 1 de septiembre de 2010

El Nacional (Editorial) "Crimen sin castigo" 01/09/2010


El productor agropecuario Franklin Brito murió el lunes 30 de agosto en el Hospital Militar de Caracas. Allá fue confinado contra su voluntad por el gobierno del presidente Hugo Chávez Frías, luego de haberse declarado en huelga de hambre durante largo, muy largo tiempo, como protesta por el despojo de su fundo agrícola llevado a cabo por el Ministerio de Agricultura en flagrante violación de la Constitución Nacional.
Fue un largo y penoso proceso, vergonzoso para la sociedad y humillante para el ciudadano desamparado, su esposa y sus hijos, atropellados por funcionarios tan desalmados como irresponsables, en nombre del Estado totalitario. Brutalmente decididos a aniquilar a la gente de trabajo en Venezuela, se apoderaron de la finca que Franklin había puesto a producir con su sudor y sus desvelos.
A diferencia de tantos que se resignaron al avance de las confiscaciones de sus tierras, el productor Brito decidió luchar hasta el fin por lo que era suyo, resultado o suma de su trabajo y de sus esfuerzos. Dio un ejemplo y lanzó un grito desesperado. Su resistencia contra el zarpazo que lo dejó en la calle no fue un gesto banal. Sabía que se jugaba la vida, sabía que la decisión de acabar con la propiedad privada del Gobierno bolivariano no se detendría en consideraciones humanas aunque un hombre estuviera agonizando.El Ministerio de Agricultura que lo persiguió no es otra cosa que uno de los brazos asfixiantes de la revolución bolivariana manejados desde La Habana. Sólo un régimen tan despiadado y cruel como el comunismo podía condenar a muerte a un venezolano que dio muestras de pasión por su patria. Modesto, era parte de la tierra que abonaba con su sudor. De esto no saben los burócratas vagos que andan persiguiendo a la gente de trabajo para entregar sus propiedades al clientelismo rojo, única manera de mantener a sus seguidores.
Contra esos agentes extranjeros que lo llevaron al sacrificio final, el nombre de Franklin Brito se alzará como un hondo clamor por la vigencia de la justicia y del Estado de Derecho en Venezuela.

Este crimen no puede quedar ni quedará impune. Provisionalmente podrá ser un crimen sin castigo. Provisionalmente, decimos, mientras los poderes del Estado estén bajo secuestro.Pero llegará la hora del equilibrio y de la independencia de los poderes. Será el momento de la reivindicación de Franklin Brito y de sus derechos. Sus herederos legítimos, su esposa y sus hijos persistirán en la causa justa que le costó la vida al padre.

El Presidente de la República deberá explicarle al mundo la violación de los derechos humanos, la implantación del comunismo y la violencia que conlleva. Ayer, a pocas horas de la muerte del productor, los grandes medios registraron la muerte de Brito, pero simultáneamente condenaron la responsabilidad oficial en el despojo, la persecución y la muerte de Franklin Brito.

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sábado, 28 de agosto de 2010

Miguel Otero Silva y "La piedra que era Cristo"


Se cumplen 25 años del fallecimiento de Miguel Otero Silva, fundador del diario El Nacional y escritor de fama mundial. Marxista confeso, supo llevar al papel la constante lucha de clases y la explotación del proletariado que han marcado, desde la tiranía de Juan Vicente Gómez hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX a la Venezuela en la que vivimos.

Muchos han hecho elogios de sus novelas históricas como fiel relato de la situación social del momento para el que escribió. Casas Muertas, Oficina nº 1, Fiebre, Cuando quiero llorar no lloro son fieles exponentes de la violencia que tristemente no ha cesado en el País, y sin embargo su última novela “La piedra que era Cristo”, a mi muy humilde modo de ver, se convierte en la joya que corona un camino de búsqueda del bien, de la paz, de la solidaridad.

Ya resulta paradójico que un marxista y ateo confeso escriba una novela de la vida de Cristo, pero lo mas asombroso aún es que primero la asuma como presupuesto histórico, y segundo se base en los evangelios, que son libros esencialmente de Fe y que a su manera, bañada con “El Capital” y “El Manifiesto Comunista” lograra encontrar la conexión del Jesús histórico con el Cristo de la Fe: "... no lograrán matarlo. él ha resucitado y vivirá por siempre en la música del agua, en los colores de las rosas, en la risa del niño, en la savia profunda de la humanidad, en la paz de los pueblos, en la rebelión de los oprimidos, sí, en la rebelión de los oprimidos, en el amor sin lágrimas" (así termina el libro).

Muchos de sus amigos ñángaras, intelectuales de vieja data y fieles al tan comprometido como cómodo comunismo de cafetería, han tratado de minimizar a lo largo de estos 25 años el alcance que para una biografía de MOS pudiera significar “La piedra que era Cristo”, y en especial su acercamiento tanto a Cristo como a su resurrección. Tal vez no puedan comprender cómo después de tantos años de confesión comunista, al final de sus días, comenzara a considerar a Cristo Resucitado como una opción (y quién sabe si mas que una mera opción). San Lucas en su evangelio nos reporta el diálogo que desde la Cruz tiene Jesús con otro condenado a muerte; un hombre llevado a la pena máxima por sus crímenes (que no debieron ser ni pocos ni de poca monta), pero que reconoce sus culpas “…y eso que lo nuestro es justo…” y la Divinidad y la Realeza del Hijo de Dios “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino”, y la respuesta del Señor “te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Si Cristo pudo transformar en un santiamén toda una vida de crímenes y pecados de un hombre condenado tanto a la muerte como a la muerte eterna en la inmediata certeza del perdón divino y de la resurrección junto con Cristo… ¿no pudo Miguel Otero Silva recibir similar gracia del mismo donante?

Ciertamente el libro no es un compendio dogmático de la doctrina, y en alguna que otra parte resulta ser anti-dogmático (no podíamos esperar menos de una persona acostumbrada a ser libre pensador) pero abre el compás de la esperanza de quien cree en uno que presumiblemente comenzó a creer, y aún cuando MOS no haya aclarado el tema antes de morir, no deja de ser atractiva para el espíritu la imagen de un Otero Silva que encuentra en Cristo y en el amor de Dios la desembocadura natural a sus deseos de justicia, de solidaridad y de paz.

¿Aceptó a Cristo como Hijo de Dios, Mesías y Salvador o no lo aceptó? No lo se a ciencia cierta, pero “La piedra que era Cristo” puede ser una lamparita que ilumine la oscuridad de la duda.

Cuando pienso en MOS no puedo menos que acordarme de una vieja película llamada “Las llaves del Reino” protagonizada por Gregory Peck que encarnaba a un sacerdote católico enviado a las misiones en China y que logró escandalizar a ciertos puritanos cuando (refiriéndose al doctor de la aldea) dijo: “se de un ateo que merece mas el Reino de los Cielos que muchos cristianos que conozco”.

Este domingo rezaré por él en las misas que celebre.

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