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domingo, 12 de julio de 2009

Manuel Malaver: Honduras, o la guerra mediática del castrochavismo


Cualquier desprevenido que por simple mala suerte -o déficit en la transmisión en “vivo y directo” que hacían los canales de televisión confiables e independientes de la crisis política que desde hacía una semana se precipitaba en Honduras-, se pegó la mañana del pasado 5 de julio de la señal de TELESUR, no es difícil que rápidamente concluyera que una especie de “madre de todas las batallas” se cernía sobre el continente y en cuestión de horas, o quizá minutos, una gigantesca ola de sangre caería sobre Centroamérica y el país de Morazán.

Y es que era tal el alud de imágenes de archivo presentadas como si fueran de “último minuto” ( de todo lo que en buen cristiano se conoce como “desinformación”), con multitudes colmadas de rabia, en trance agónico y decididas a arreglar cuentas con el tirano y reinstalar a “Mel” en el poder; tal la cantidad de avenidas, autopistas, carreteras, y caminos vecinales tomadas por hondureños fanáticos del socialismo del siglo XXI, que yo mismo, con toda mi veteranía de corresponsal en guerras mediáticas, fui picado por la angustia y me pregunté si no estábamos a las puertas de uno de esos crímenes colectivos que quedan tatuados para la conciencia colectiva y la historia.

Seguían después los cortes abruptos y con identificación apresurada de los referentes, las declaraciones de los presidentes y ministros de los países del ALBA, todos en el tono de advertirle al “dictador” Micheletti y sus generales que “estaban rodeados, que la toma de Tegucigalpa era cuestión de horas, que era mejor rendirse, y no resistir la ola de cambio, revolución y socialismo que inundaba a Honduras y América Latina”, que, al alternarse con los partes guerra de los reporteros de TELESUR desde “el propio lugar de los acontecimientos y mientras luchaban cámaras y micrófonos en mano contra los asesinos de Goriletti”, reforzaban todas las imágenes y percepciones previas sobre aquel Armagedón con tambores caribeños y entre la vegetación tropical.

Capítulos y escaramuzas introductorios a la tragedia que revelaban una sola ausencia, una escalofriante omisión, la del hombre que para todo el mundo era quien había movido los hilos para llegar a aquel punto de quiebre, al centro de aquella espeluznante catástrofe, de aquel “thriller” que no le hubiera pasado desapercibo a los guionistas de los videoclip del recientemente fallecido Rey del Pop, pero sin duda que para hacer más intrigante y perturbadora su presencia, para preparar el escenario en que severo, mal humorado y tonante anunciaría, “urbi et orbi”, el instante o segundo decisivo cuando habría que declarar la toma de Tegucigalpa y la reinstalación de Mel Zelaya en el palacio presidencial de Honduras: Hugo Chávez.

Y aquí habría que asombrarse de lo rápido y bien que han aprendido los teóricos del socialismo del siglo XXI, los creadores de la franquicia que compra adscripción al ALBA y reconversión al socialismo con petrodólares en cantidad suficiente para imponer, vía elecciones, la presidencia vitalicia y de reelección indefinida, lo rápido y bien que han aprendido la lección de CNN en inglés y español y de otras cadenas de televisión como FOX, NBC y BBC, que dejaron claro en los distintos escenarios de los conflictos de las últimas 2 décadas del siglo XX y de la primera del siglo XXI, que la pantalla chica también puede crear guerras, o, por lo menos, imprimirle tendencias, que empiezan ganando batallas en la opinión pública, independientemente de lo que indique la realidad.

Dogma mediático que solo puede enfrentarse y derrotarse con la pluralidad y diversidad de las opiniones, con los distintos puntos de vista que, contraviniendo los nuestros, están ahí para complementarlos, nutrirlos y enriquecerlos.

Pero que no son sutilezas que puedan complacer el gusto simple de los neototalitarios del siglo XXI, para quienes, mientras más esquemática, magra, única y excluyente es la realidad, más posibilidades tiene de emplearse como garrote, fusil, o pistoletazo.

Y lo que decía la realidad en Honduras, era que el gobierno de transición contaba con el apoyo de las instituciones democráticas y del pueblo hondureño, que las encuestas le daban un rechazo del 80 por ciento a Zelaya semanas antes de ser destituido, y que los manifestantes que TELESUR presentaba como multitudes “airadas y en trance agónico”, eran grupos de piqueteros que, al igual que la televisión chavista, operaban sin restricciones en Tegucigalpa y todo el país, porque el gobierno, fiel a su ideario democrático, no quería reprimir el derecho a manifestar y de libertad de expresión aun en medio de la crisis.

Que mediáticamente se exponenció cuando el comandante en jefe, el comandante-presidente Chávez, “siendo las cuatro y media de la tarde” apareció -cual Saddam Hussein horas antes de sus catastróficas derrotas de los años 91 y 2oo2 (Primera y Segunda Guerra del Golfo)-, arengando a las tropas que desfilaban en la celebración del 198 aniversario de la independencia venezolana, en la ciudad histórica de Ciudad Bolívar, luciendo traje de campaña, y hablando en el tono áspero, contundente y amenazador de quien, ya oye el tronar de los motores del avión que lo conduciría al escenario de los combates, al gran teatro de la guerra:

“Venezuela no será más nunca colonia de nadie” empezó diciendo. “Somos y seremos libres por el camino de la revolución”, para luego pasar al bombazo, a la frase que recorrería a América y al mundo y haría que las cámaras y micrófonos de TELESUR se ovillaran en una suerte de paroxismo que era ya la toma de la historia por asalto:

“Hace dos horas y un poco más despegó desde Washington un avión venezolano, con dos capitanes venezolanos…llevando una comitiva presidida por el legítimo y único presidente de Honduras, Manuel Zelaya”.

Otra pausa, suspenso, silencio de largos segundos, y aquí creo yo que empezó el desmontaje del fiasco, el descubrimiento de una farsa tan dolorosa como costosa, y que indicia que el socialismo del siglo XXI entra a la senectud sin haber vivido la pubertad, y fue que el comandante en jefe, el comandante-presidente, en vez de anunciar o insinuar que se incorporaba a la comitiva de Zelaya, o, en su defecto, viajaba a algún lugar fronterizo innominado para dirigir o asesorar las acciones, pero que podía estar en Salvador o Nicaragua, escurrió el bulto y dijo que por razones de agenda seguiría “la guerra” desde territorio venezolano.

Y como para que no quedaran dudas, continuó diciendo: “Acabo de hablar con el presidente Zelaya y le dijimos: Suerte en su misión y que Dios le proteja. Está haciendo lo que tiene que hacer”. Antes de montarse en el avión me dijo: “Comandante y amigo, si esta es la última vez que hablamos, siga usted adelante”.

Pero hubo más, mucho más, y fue el anuncio del comandante-presidente de que la presidenta de Argentina, Cristina Kirchner, una señora que hace ya tiempo traspasó el umbral de la tercera edad y padece de graves quebrantos de columna, así como de malestares en el pecho, con una derrota electoral reciente que acabó con el modelo neoperonista de su marido, y 50 muertos y 5 mil infectados de fiebre porcina a cuestas; más el cura presidente de Paraguay, Lugo, con expedientes en su país por denuncias de aberración sexual que lo han constituido en el padrote de una familia de 8 hijos ilegítimos, más el alocado presidente de Ecuador, Correa, un economista que vive todo confundido porque no sabe si su jefe es Chávez, o Fidel Castro, que esos individuos, que esa ralea era la que acompañaría a Zelaya en su descenso en Tocontín y posterior traslado a la sede del gobierno en hombros de las multitudes.

Ah, y se me olvidaba, y otro acompañante de lujo, el Secretario General de la OEA, Miguel Insulza, quien sufre de la crisis de credibilidad más grande que ha padecido latinoamericano alguno en la historia, y del cual, no se sabe si fue incorporado al grupo como maestro de ceremonias o mesonero.

Delirio que ya los televidentes no tuvieron que confirmar que era otra mentira del castro-chavismo, pues Zelaya se devolvió en pleno vuelo y aun sin haber visto tierra hondureña cuando las autoridades aeronáuticas le comunicaron que no tenía permiso para aterrizar, la comitiva prefirió quedarse en San Salvador para pegarse de TELESUR, y el comandante presidente se refugió en Caracas instalado en un bunker full aire acondicionado, cocina de autor, y todas las exquisiteces que ofrecen las MIT para poder seguir las incidencias de la miniserie Mets de Nueva York- Phillies de Filadelfia que estaba de lo más buena.

Y de donde desapareció hasta ayer para anunciar que la OEA, Insulza, el ALBA y el mismo habían sido separados del problema hondureño y que Mel Zelaya y Micheletti estaban de acuerdo con que Estados Unidos y el presidente Oscar Arias fueran quienes mediaran en la solución de la crisis.

O sea, que derrota catastrófica del castrochavismo en su primera guerra mediática, y conclusión de que hace falta más que petrodólares, un presidente parlanchín, y funcionarios “mediáticamente” autodidactos, analfabetos y fanatizados para transformar mentiras en verdades e imágenes de archivo en realidad.

Tomado de Noticiero Digital




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jueves, 7 de mayo de 2009

La “auctoritas” del Papa y la Iglesia, por Carmen Bellver


Como no parece que la gente lo entienda vuelvo a explicar que ser laica y católica no quiere decir ser papista, en el sentido que insinúan los protestantes o ateos. Al Papa se le respeta por lo que representa y se le cuestiona lo que haga falta, que no sea dogma de fe. Faltaría más. Ahora bien, si nos detenemos en el fondo de las furibundas críticas que algunos hacen al Santo Padre, observamos que siempre son personas polémicas a las que no les gusta la autoritad. Y me explico: Los romanos hacían una distinción entre ‘auctoritas’ y ‘potestas’, alabando la primera por encima de la segunda.

La “auctoritas” se posee y es la facultad de persuadir y argüir, se basa en el ejemplo y conlleva una superioridad moral. En este sentido el Papa elabora sus discursos y sus declaraciones a los medios con una gran “auctoritas”, sugiriendo no obligando. Luego está la potestas, que se relaciona con la fuerza y la imposición coercitiva, con el poder someter al otro a la fuerza con amenaza y coacción. Aquí es donde viene el dilema, porque cualquier sociedad jerarquizada lleva tanto a la auctoritas como a la potestas. Y lo que reclama cierta corriente de la Iglesia es una sociedad donde no existan más que la auctoritas.

Es el ideal del Evangelio, la fraternidad idealizada frente a la lucha fraticida que se da de modo consustancial en el ser humano, donde el instinto de dominio es tan fuerte que lleva a ejercer la potestas en todos los niveles sociales. El caso es que la principal autoridad moral de Occidente es el Santo Padre y algunos le rebaten su “auctoritas”, buscando ridiculizar esa aceptación general de su superioridad moral. Hay todo un lobby dedicado a alimentar la leyenda negra de la Iglesia.

Tenemos ahora en pantalla una nueva saga “Ángeles y Demonios” que volverá a sacar los colores a todo católico que se aproxime a una sala cinematográfica, con esas truculencias tantas veces oídas y relatadas sobre sociedades secretas y manos negras que pululan en la curia Vaticana. Hoy también es noticia en este medio la sospechosa muerte del Papa Luciani. Y es que tras una estructura de más de dos mil años se puede rascar toda la porquería que se quiera, porque en definitiva está hecha de la misma piel que la sociedad civil. Formada por personas que debieran ser ejemplo de conducta, pero no están exentas de caer en las intrigas de cualquier advenedizo o grupo de advenedizos.

En cualquier caso, los creyentes confiamos en el Magisterio de la Iglesia, pese a saber que hay errores y defectos en todos los creyentes. Se busca rebatir la superioridad moral de la Iglesia, cuestionando sus normas y ridiculizando a sus miembros, aireando toda la porquería que se encuentra por el camino. Pero si se acusa a la Iglesia de querer imponer una moral, tal vez debiéramos preguntarnos si la sociedad civil no se dedica con mayor afán a mantener una potestas legal que convierte a los creyentes en parias de la sociedad.

Siempre ha sido difícil ser creyente y manifestarlo públicamente, pero hoy es casi una proeza salir con la etiqueta de católico sin que te consideren poco más o menos que un débil mental. De hecho hay una corriente de pensamiento que acusa de sectario el funcionamiento de la Iglesia en su estructura y organización. Cosa que pudiera ser cierta, en algunos casos concretos, por la natural dificultad de relación que tiene el ser humano.

Yo sólo puedo decir que los medios de comunicación ejercen una influencia aplastante sobre los ciudadanos a quienes se les manipula de un modo u otro a fuerza de consignas que terminan por apartar la verdad de su camino, para finalizar discutiendo sobre las ideas más absurdas. Afortunadamente a los cristianos la libertad nos la da el ser hijos de Dios. Que el Papa diga que el preservativo no soluciona el SIDA no quiere decir que esté en contra de su uso en ciertos casos. Pero el revuelo mediático logrado sirve para despistar de otros problemas más acuciantes. ¡Y vaya si sirve!. Ahí se unen a la contra todos los grupos anti Vaticano, pagados a precio de oro para lanzar consignas desde los púlpitos mediáticos que todos conocemos. Creo que en el catecismo hay un apartado específico para definir lo que es el escándalo. Pero claro, eso hoy es moneda corriente en cualquier canal televisivo.

Tomado del blog “La voz de la semilla” de Carmen Bellver



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sábado, 11 de abril de 2009

Hasta donde llega el encono contra el Papa


Yo entiendo que haya gente que no esté de acuerdo con Benito XVI, inclusive, que les caiga mal. Su anterior puesto en la Curia Vaticana como Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe lo hizo ver como el mastín que a dentelladas defiende la presa; recuerdo una publicación inglesa muy crítica que cada vez que se refería al Prefecto lo llamaba “The Rat Singer” (la rata que canta). Injusto precio que tuvo que pagar por defender lo que cree frente a algunos que querían hacer lo que les daba la gana, y sin embargo lo asumió con humildad y entereza y sin dejarse amilanar por la crítica continuó el trabajo pedido expresamente por Juan Pablo II. Una vez electo Sumo Pontífice la comparación no le favoreció… frente al Papa de la Sonrisa, el Papa viajero, el Papa Bueno, Juan Pablo II el Magno, se le veía como el alemán arribista que llegó solo por ser el segundo de abordo, y a toda la crítica acumulada en su servicio como Prefecto se le sumó el desdén con que se le veía como Papa al confrontarlo con la imagen de su antecesor Carol Wojtyla.

Todo principio es penoso, ciertamente, y desde el inicio de su pontificado Benito XVI cometió ciertos deslices que le ganaron algún repudio en la opinión pública mundial (recordemos su confrontación con el mundo musulmán por el discurso pronunciado en la Universidad de Ratisbona). Esta situación marcó definitivamente la relación entre el Papa y la prensa internacional, tanto así que con el gesto de unidad y reconciliación que el Pontífice tuvo con la “Comunidad Sacerdotal San Pío X” (los seguidores de Marcel Lefebvre), la prensa lo redujo todo a las imbéciles declaraciones del obispo Williamson y sus falaces apreciaciones del holocausto judío en la Segunda Guerra Mundial como queriendo poner a pelear al Vaticano con Israel y el mundo judío.

En su viaje al África se tomaron fuera de contexto sus declaraciones acerca de la inefectividad del uso de los preservativos contra la epidemia del SIDA para crear revuelo mediático y acusarlo de estar fuera de la realidad, de querer seguir viviendo en el medioevo, de llamarlo fuente de atraso, aún cuando científicos de renombre internacional concuerdan con la posición de Benito XVI, pero eso no se toma en cuenta porque no contribuye al clima de confrontación gratuito que existe contra el Papa

Y ahora, como colofón de toda esta guerra periodística gratuita contra Ratzinger me encuentro con esta perla de la que en realidad no se si reir o llorar!!!

Roma, 29 (LIP).- La frase pronunciada por Benedicto XVI durante el último ángelus en la plaza de San Pedro continúa suscitando una viva polémica dentro y fuera de la Iglesia. Como se recordará, el pasado domingo, cuando se asomó a la ventada de su apartamento para dirigirse a los fieles, el Papa exclamó “¡Qué buen día!” Ese comentario fue calificado de “irresponsable” por el portavoz del comisario para las ayudas humanitarias de la comisión europea, Louis Michel. “Son palabras, dijo, que pueden provocar que se baje la guardia en la lucha contra el flagelo de la sequía”.
En una línea similar se expresaron los ejecutivos de varios países europeos. Eric Chevalier, portavoz del Quai d’Orsai, ha manifestado que Francia considera esa frase “un atentado a la laicidad, en cuanto supone una intromisión del Papa en cuestiones que van más allá de la esfera religiosa”. Por su parte, el gobierno belga ha convocado al nuncio del Papa en Bruselas para entregarle una nota verbal de protesta.
Por lo que se refiere a España, la primera reacción fue del diputado José Blanco, vicesecretario general del PSOE, quien acusó a la Iglesia de “tener una postura hipócrita, de caminar hacia atrás y de defender posiciones rancias y antiguas”. El portavoz del grupo parlamentario socialista, José Antonio Alonso, afirmó que “el Papa vuelve a demostrar lo alejada que está la Iglesia de la sociedad y lo urgentes que son las reformas de modernización que propone el gobierno”. Anunció que, como gesto concreto, el primer ministro José Luis Rodríguez Zapatero ha decidido enviar un millón de paraguas gratis a zonas gravemente afectadas por las precipitaciones.
Desde las páginas de “El País”, un grupo de científicos calificado como “la elite de la ciencia española”, ha denunciado el uso ideológico que el Papa hace de la meteorología: “el buen tiempo es una cuestión subjetiva”, afirman en un manifiesto. “El Papa no puede pretender imponer sus preferencias a los demás”. Esas consideraciones han llevado al diario “Público” a titular a toda página en su portada de hoy: “La Iglesia, culpable del tsunami”, ilustrándolo con una fotografía de archivo de la tragedia.
En el frente interno de la Iglesia, el teólogo Juan José Tamayo escribe en “El País” que "con estas declaraciones, Ratzinger confirma su propósito de liquidar el espíritu del concilio Vaticano II. El abismo entre este Papa prisionero de la Curia y la figura paternal de Juan XXIII es cada día mayor”. Por esa razón, la asociación “Nosotros Somos Iglesia” anunció varias movilizaciones en favor del sacerdocio femenino.
Pero el frente de la protesta ha atravesado también el Atlántico. Según informa el diario “El Mundo”, los abogados de la Asociación de Víctimas del Mal Tiempo, de Estados Unidos, han presentado una demanda que podría costar al Vaticano unos quinientos millones de dólares.
En unas declaraciones al mismo diario, el portavoz de la Coordinadora Estatal de Gays y Lésbicas ha manifestado su repulsa ante “esta nueva muestra de actitud homofóbica de la Iglesia”, y denuncia “el uso sexista” que el Vaticano hace de los términos “día” y “jornada”.
La polémica se acentuó cuando el Vaticano divulgó una trascripción de las palabras que difería de las realmente pronunciadas por el Papa, pues en ella se leía “Probablemente hace una buena jornada”, en vez del “¡Qué buen día!” que registraron los testigos presenciales. El portavoz de la Santa Sede, padre Federico Lombardi, precisó que, en cualquier caso, las palabras de Benedicto XVI se insertaban en “la tradición de la Iglesia de afrontar el mal tiempo con buena cara”.
(Tomado de La Iglesia en la Prensa )

Osea, el Papa se asoma al balcón, dice: “Qué buen día” y todo el mundo le cae encima!!!. No joda! Provoca mandarlos a comer mierda a todos, pero no lo voy a hacer porque estamos aún en Semana Santa, pero lo que si denota es el encono que ciertos medios y organizaciones tienen contra el sucesor de Pedro.

En realidad todo lo anterior es una parodia bien montada, pero ilustrativa de la relación que existe entre el Pontífice y la Prensa Internacional. Lamento si creiste a pie juntillas el artículo de "La Iglesia en la Prensa", pero si te ayuda a darle la justa medida al injusto tono de confrontación que tienen contra Benito, entonces habrá logrado su objetivo.

Lo cierto es que, antes de proclamar tu animadversión contra Benito XVI, pregúntate si en realidad no estás siendo un simple peón de toda una campaña internacional dedicada a amargarle la vida gratuitamente al Papa.


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