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martes, 17 de marzo de 2009

Traducción del editorial de l'Osservatore Romano

La parte de la niña brasileña

Rino Fisichella
Arzobispo presidente
De la Pontificia Academia para la Vida


El debate acerca de algunos temas muchas veces se hace estrecho y las diferentes perspectivas no siempre permiten considerar la importancia de lo que verdaderamente se pone en juego. Este es el momento en que se debe ver lo esencial y dejar por un momento lo que no toca directamente el problema. El caso en su dramatismo es simple. Una niña de apenas 9 años – la llamaremos Carmen- a quien debemos mirar fijamente a los ojos sin distraer la mirada ni siquiera un segundo, para demostrarle cuanto se la quiere. Carmen, en Recife (Brasil) fue violada repetidamente por su padrastro, se embaraza de mellizos y ya no tendrá una vida facil. La herida es profunda porque la violencia del todo gratuita la ha destruido interiormente y difícilmente le permitirá, en un futuro, mirar a los demás con amor.

Carmen representa una historia de violencia cotidiana que ha conseguido aparecer en las páginas de lo diarios solo porque el arzobispo de Olinda y Recife se apuró en declarar la excomunión a los médicos que la ayudaron a interrumpir el embarazo. Una historia de violencia que pudiera haber pasado de incógnito, (…) si no hubiera sido por la roncha que ha levantado la intervención del obispo. La violencia ejercida contra una mujer, grave de por sí, asume un valor aún mas despreciable cuando quien la sufre es una niña, con los agravantes de la pobreza y la degradación social en la que vive. No se encuentran palabras para condenar tales episodios y los sentimientos que brotan son frecuentemente una mezcla de rabia y de rencor que solo menguan cuando se hace justicia y la pena inflingida al delincuente de turno se hace efectiva.

Carmen, en primer lugar, debió ser defendida, abrazada, acariciada con dulzura para hacerle sentir que estábamos con ella, todos sin distinción alguna. Antes de pensar en la excomunión era necesario salvaguardar su vida inocente y llevarla a un nivel de humanidad del cual, nosotros, hombres de Iglesia deberíamos ser anunciadores expertos y maestros. No ha sido así, y lamentablemente se resiente la credibilidad de nuestra enseñanza que aparece ante los ojos de muchos como insensible, incomprensible y exenta de misericordia. Es verdad, Carmen llevaba en su seno otras vidas inocentes como ella, a pesar de ser fruto de la violencia, y han sido eliminadas; todo eso aún no basta para dar un juicio que pesa como una maza.

En el caso de Carmen se han encontrado la vida y la muerte. A causa de su corta edad y de las precarias condiciones de salud su vida estaba en serio peligro por el embarazo. ¿Cómo actuar en estos casos? Ardua decisión para un médico y para la misma ley moral. Decisiones como esta, a pesar de tener una casuística diferente, se repiten diariamente en las salas de emergencia y la conciencia del médico se encuentra sola consigo misma en el acto de deber decidir que es lo mejor que se debe hacer. Ninguno, por lo tanto, llega a una decisión de este tipo con desenvoltura; es injusto y ofensivo el solo pensarlo.

El debido respeto al profesionalismo del médico es una regla que debe involucrar a todos y nadie puede emitir un juicio negativo sin haber considerado el conflicto creado dentro del mismo médico. Cada médico lleva consigo su propia historia y su propia experiencia; una decisión como esa de deber salvar una vida, sabiendo que pone en serio riesgo una segunda, no viene jamás vivida con facilidad. Ciertamente, algunos se acostumbran a ese tipo de situaciones a tal grado que la decisión no les provoca algún tipo de emoción; estos son los casos en los que la elección del ejercicio de la medicina se degrada al mero oficio vivido sin entusiasmo y asumido pasivamente. Sin embargo, meter a todos en el mismo saco, mas que incorrecto, sería injusto.

Carmen ha vuelto a colocar sobre el tapete un caso moral de los mas delicados; tratarlo apresuradamente no le haría justicia ni a su frágil persona ni a cuantos se han visto involucrados en los diferentes roles de esta historia. Como cada caso particular y concreto, por lo tanto, amerita ser analizado en su particularidad, sin generalizaciones. La moral católica tiene principios de los que no se puede prescindir, aunque se deseara. La defensa de la vida humana desde su concepción pertenece a estos principios y se justifica por la sacralidad de la existencia. Cada ser humano desde el primer instante lleva impreso en sí mismo la imagen del Creador, y por eso debemos convencernos que le deban ser reconocidos la dignidad y los derechos de toda persona, primeros entre todos los de la intangibilidad e inviolabilidad.

El aborto provocado siempre ha sido condenado por la Ley Moral como un acto intrínsecamente malo y esta enseñanza permanece inmutable en nuestros días desde el mismo inicio de la Iglesia. El Concilio Vaticano II en la Gaudium et Spes –documento de gran apertura referente al mundo contemporáneo- utiliza de manera inesperada palabras inequívocas y duras contra el aborto directo. La misma colaboración formal constituye una culpa grave que, cuando se realiza, lleva automáticamente a la salida de la comunidad cristiana. Técnicamente el Código de Derecho Canónico usa la expresión “latae sententiae” para indicar que la excomunión se hace efectiva desde el mismo momento en que se comete el hecho.

No había necesidad, insistimos, de tanta urgencia y publicidad en el declarar un hecho que se efectúa de manera automática. De lo que mayormente se siente la necesidad en este momento es de un signo de cercanía con quien sufre, un acto de misericordia que, aún manteniendo firmes los principios, sea capaz de mirar mas allá de la esfera jurídica para alcanzar lo que el mismo Derecho prevee como razón de su existencia: el bien y la salvación de cuantos creen en el amor del Padre y de cuantos reciben el Evangelio de Cristo como niños, a quienes Jesús llamaba junto a sí y les estrechaba entre sus brazos diciendo que el Reino le pertenece a quienes son como ellos.

Carmen, estamos de tu parte. Participamos contigo del sufrimiento que has probado, quisiéramos hacer de todo para restituirte la dignidad que te fue arrebatada y el amor del que tendrás aún mas necesidad. Son otros los que merecen la excomunión y nuestro perdón, no aquellos que te han permitido vivir y te ayudarán a recuperar la esperanza y la confianza, a pesar de la presencia del mal y la perversidad de muchos.

(intento de traducción por este servidor de ustedes)

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lunes, 16 de marzo de 2009

El bochornoso caso del obispo de Recife y Olinda



En estos últimos días la red se ha visto inundada por las variadas interpretaciones acerca de las declaraciones del obispo José Cardoso Sobrinho, ordinario de Recife y Olinda, arquidiócesis brasileña en torno a las excomuniones de la madre y los médicos que interrumpieron la gestación de una niña de 9 años que, violada repetidamente por su padrastro estaba embarazada de mellizos.

La situación se complica debido al precario estado de salud de la niña (y lo precario de su status socio-económico) que, de continuar el embarazo hacían inexorable el riesgo de muerte para la víctima de violación.

Problema moral de múltiples aristas, habida cuenta del principio inviolable e inalterable del Cristianismo de defender el derecho a la vida, vida entendida como efectiva desde el mismo momento de su concepción.

¿Salvar a quién? A la niña a riesgo de perder la vida de los mellizos? A los mellizos a riesgo de perder la vida de la niña? Permitir la continuación del embarazo a riesgo de perder las tres?

Desconozco la filiación religiosa tanto de los médicos como de la madre, pero presumiéndolos cristianos católicos, o al menos cristianos en un sentido mas amplio no quisiera estar yo en los zapatos de quienes tomaron la decisión, aún cuando me parece que los médicos, en líneas generales, son proclives a decidirse por la vida de la paciente, en este caso, la niña de 9 años.

Hubo deshonestidad en la decisión? Me parece que no. ¿Se hizo para reparar la irresponsabilidad de una niña casquivana y disoluta? Por supuesto que no! Y en este punto aclaro que para el Cristianismo no existen abortos buenos y abortos malos; todo aborto provocado es un crimen cometido contra los mas débiles, los que no pueden defenderse… y esto hace mucho mas dura la decisión cuando en las manos de los médicos están la vida y la muerte y obligatoriamente deben inclinar la balanza hacia uno u otro lado.

Imaginémonos entonces: una niña violada repetidamente por el padrastro; la decepción de la madre por el hombre que se buscó; el dolor al constatar la preñez de su hija y la angustia de la niña al encontrarse, sin desearlo en ese estado; la preocupación por el precario estado de salud que preludiaba a la muerte de la criatura; la vergüenza de verse devorados por la opinión pública; la dura respuesta a la pregunta: ¿a quién prefiere usted? que involucraba también la vida de dos inocentes producto de las bajas pasiones y la mente enfermiza de un individuo digno merecedor de toda la carga de la ley y convertidos en víctimas propiciatorias , y como la tapa del frasco viene entonces el obispo José Cardoso Sobrinho a declarar la excomunión tanto de la madre como de los médicos que intervinieron en el proceso.

Que mal tino para abrir la boca en el peor momento. Probablemente amparado por el Derecho Canónico que, ciertamente declara como de ipso facto la excomunión para los participantes directos en un aborto provocado (y por lo tanto no tenía que “declarar” nada este obispo), este señor, mostrando su carácter leguleyesco, y olvidando la caridad como principio motor de la ley viene a añadir mas peso a la excesivamente difícil situación de una familia traumada y disfuncional. Coloca desinhibidamente fardos pesados sobre la espalda de una madre y su hija que muy probablemente él no se atrevería a cargar.


Si ya el mal está hecho (expresión zuliana y venezolana que simplemente quiere entender que “lo que pasó, pasó” sin connotaciones de juicio moral), qué le costaba ponerse de parte de la niña y mostrar al menos un poco de caridad con ella? Dom Helder Cámara (quien fuera también obispo de Recife, ya fallecido) hubiera corrido a abrazarla y decirle que en su corazón, junto a Jesús estaba ella también. Hubiera tendido la mano hacia la madre para mostrar su solidaridad porque el dolor que se comparte duele igual pero pesa menos. Hubiera rodeado con su brazo los hombros de los médicos para decirles que Dios no ha dejado de amarlos… pero Cardoso Sobrinho no es Dom Helder Cámara; aquél se fue por la “Lex, dura lex, sed lex”, y Dom Helder se hubiera ido por la “Legis plenitudo Charitas”, que es precisamente el camino, el verdadero camino, el único camino.

Hay un artículo (en italiano) en el Osservatore Romano de quien fuera mi profesor de teología fundamental en la universidad Gregoriana y hoy es Arzobispo presidente de la Pontificia Academia por la Vida, Monseñor Rino Fisichella, verdaderamente conmovedor y que demuestra que la teología y el Derecho Canónico no están reñidos con la caridad. Artículo que publicaré proximamente en su idioma original para no traicionar con mis limitaciones el espíritu que movió al autor a tratar el tema de esta niña brasileña.


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miércoles, 4 de febrero de 2009

Turbias las relaciones entre Alemania y el Vaticano


El portavoz vaticano, Federico Lombardi, ha respondido a la canciller alemana, Angela Merkel, que ha instado al Papa a "dejar claro" que el Vaticano no tolera la negación del Holocausto, afirmando que las palabras de condena de Benedicto XVI "son clarísimas". "La condena de las declaraciones negacionistas del Holocausto (por parte del Papa) no han podido ser más claras y resulta evidente que la mismas también se referían a la posición de monseñor Williamson (el obispo lefebvriano rehabilitado que niega la existencia de las cámaras de gas) y a todas las posiciones análogas", señala Lombardi en un comunicado.

Merkel, se ha unido las presiones de los obispos y de la comunidad judía de su país contra Benedicto XVI: "Por parte del Vaticano tiene que quedar definitivamente claro que no se permite el negacionismo", ha afirmado Merkel, para quien hasta el momento no ha habido aún una "aclaración suficiente".

La jefa del Gobierno de Berlín ha apremiado al Papa alemán a pronunciarse "con toda claridad" en contra del negacionismo, tras el escándalo suscitado por la rehabilitación de cuatro obispos seguidores del cismático ultraconservador Marcel Lefebvre. Uno de esos obispos, Richard Williamson, negó el Holocausto en una entrevista con una televisión sueca y dijo que durante el nacionalsocialismo habrían muerto a los sumo 300.000 judíos y no 6.000.000.

Protestas de los católicos alemanes
La negación o relativización del Holocausto constituye en Alemania y otros países un delito y es interpretado como una forma de instigación al odio racial. Merkel, de confesión protestante, se ha sumado con su demanda a la ola de críticas desde la Iglesia católica alemana, entre ellas la del obispo de Maguncia y ex presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, Karl Lehmann, quien pidió una "disculpa desde el más alto nivel" por esa rehabilitación.

La decisión papal ha provocado "gran descontento" entre la comunidad católica, ha indicado por su parte el obispo de Osnabrück, Franz-Josef Bode, en declaraciones a una radio local. En los días pasados, más de cincuenta teólogos católicos alemanes criticaron, desde diversos ámbitos, la decisión de Benedicto XVI de rehabiitar al negacionista Williamson y expresaron el temor de que se esté dando un giro radical en la historia de la Iglesia.

Según una declaración de doce profesores de teología católica de la Universidad de Friburgo, la decisión del Papa profundiza la brecha que separa a la Iglesia Católica de las iglesias reformistas. Los teólogos, además, calificaron de "incomprensible" que el Papa revocara la excomunión que pesaba sobre los cuatros obispos antes de que estos aceptasen expresamente la doctrina del Concilio Vaticano II.

Küng pide la dimisión de Ratzinger
Más contundente fue el pronunciamiento del teólogo heterodoxo suizo Hans Küng, quien pidió la dimisión de Joseph Ratzinger tras el escándalo. Para Küng, la rehabilitación de Williamson sólo es un desacierto más en una cadena de errores con los que Benedicto XVI ha ido poniendo nuevos obstáculos en el diálogo entre las iglesias cristianas y en el diálogo del cristianismo con otras religiones. El Vaticano inhabilitó en 1980 a Küng para enseñar teología católica después de que éste cuestionase el dogma de la infalibilidad papal.

Las relaciones entre la comunidad judía y la Iglesia Católica se han visto perturbadas asimismo por la rehabilitación de Williamson. La presidenta del Consejo Central de los Judíos en Alemania, Charlotte Knobloch, dijo que con la rehabilitación de Williamson se ha producido una situación que impide que ella siga dialogando por el momento con la Iglesia Católica.

Tomado de El País.com(España)


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