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martes, 11 de mayo de 2010

El Nacional "Editorial". Precios uniformados.


El aumento de los precios no sólo desquicia los presupuestos familiares sino que provoca daños irreversibles en la economía. De allí que cuando se le califica, se le añaden adjetivos que no son para nada hermosos. Los economistas hablan del cáncer inflacionario, del flagelo de la inflación y, peor aún, de un impuesto general a los pobres. Esta calamidad tiene la característica adicional de que es muy difícil de eliminar. Como el cáncer, una vez que hace metástasis puede llegar a ser terminal.

En Venezuela la inflación es particularmente preocupante porque durante años el país marca el record del alza de precios más alta de América Latina, y por poca diferencia no nos ganamos el campeonato del mundo entero. De modo que cuando la inflación en este abril (de acuerdo con cifras del Banco Central) alcanza más del doble de la de marzo, -y más del doble de la que se tuvo en el mismo mes del año 2009- entonces ha llegado el momento de comenzar a tomar somníferos por las noches.

Este rotundo fracaso de las políticas económicas del chavismo, no sólo son pesadillas que fatigan nuestro presente sino presagios que advierten sobre un futuro catastrófico. Cuando el alza de precios arraiga en una economía tiende a perpetuarse y hacerse más aguda, como una infección arrolladora.

El aumento de precios de 5,2% mensual según el BCV no sólo nos quita el pan de la boca sino también las ganas de comer. El efecto es más demoledor cuando nos damos cuenta de que el alza de los alimentos y bebidas no alcohólicas fue de 11,1%, lo que afecta a los más pobres. De manera que en los barrios ya no morirán sólo por los disparos de los malandros y los policías, sino también por las ráfagas de inflación que son disparadas desde Miraflores. El hambre, pues, toca a la puerta.

No serán pocos los desequilibrios sociales que surgirán porque a los sectores populares hambrientos se acumularán las clases medias cada vez más empobrecidas y frustradas en sus aspiraciones. Como es lógico, las familias que viven de un salario exigirán que se les aumenten sus remuneraciones, y si se accede a esta justa reivindicación crecerán más los costos y los precios.

Surgirá así lo que los economistas llaman una espiral inflacionaria, en la cual cada vuelta de tuerca hace que el problema sea más grave.

Venezuela, hasta ahora, se había salvado de esa tragedia porque cada vez que estaba cerca de ella se producía un alza en los precios del petróleo y porque, con variantes, tuvo políticas macroeconómicas responsables en la segunda mitad del siglo XX. Pero ahora no sólo se han adoptado políticas incapaces de parar la inflación sino que, por lo contrario, provocan su agravamiento.

Y, ante esta realidad dramática, la única salida que se les ocurre a los altos funcionarios es perseguir a los carniceros. No se dan cuenta de que son los militares que están en el poder los que hacen una carnicería con el bienestar de los venezolanos.




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martes, 6 de abril de 2010

Subió de precio la leche. Qué mala idem..."


Subió la leche! Ya apareció en Gaceta Oficial el decreto del aumento del néctar perlino de la consorte del toro. ¿es justo? Sí, por supuesto. No podemos pensar que los productores agropecuarios podían mantener la producción al precio decretado anteriormente por el gobierno habida cuenta de la escalada de precios de los insumos necesarios para producir la leche. ¿es necesario? Por supuesto, de otra forma significaría la (mayor) debacle para el sector productivo nacional. ¿es conveniente? Si miramos ahora a los usuarios, tenemos que concluir que absolutamente NO.

El gobierno se ha acostumbrado a la populista medida de controlar y fijar los precios de los productos de la cesta básica venezolana, muy por debajo del precio real, lo que ha acostumbrado a los compradores/usuarios a mantener un presupuesto, restringido pero presupuesto al fin y al cabo de lo que pueden gastar por los productos (cuando se consiguen!!!). Esta medida viene a descontrolar aún mas el ya tan golpeado presupuesto familiar y aumentar el desasosiego en el que ya viven muchos venezolanos con “sueldo mínimo” que ven que, aún con los pírricos aumentos decretados por el Ejecutivo, todo se le vuelve “sal y agua”; que no hay capacidad de ahorro; que vivimos en un régimen de subsistencia. Esto se aúna al problema del malísimo y pobrísimo abastecimiento (red Mercal incluida) en nuestros abastos y (super)mercados.

Reconozcamos que el venezolano promedio está muy mal educado a la hora de racionalizar los gastos. Si no se sientan a la mesa con una botella de 2 Lts. De coca-cola (10 Bs.F), el almuerzo no es almuerzo. Si sólo pensaran que con abstenerse sólo dos días del refresco tienen ya para pagar un kilo de leche en polvo, y todavía les sobra… pero también es cierto que es mas fácil conseguir una coca-cola que hacer una larga cola o viajar de la seca a la meca, visitando abasto tras abasto buscando comprar un kilo de leche…cuando se consigue.

Por supuesto, sube la leche y sube la mantequilla y sube el queso, también suben los productos achocolatados, la chicha (desayunos habituales de los escolares) y todos aquellos productos que la tienen como base o al menos entre sus elementos constitutivos.

Otro apretón de cinturón mas que viene a añadirle su propia carga a la ya exacerbada sensación de frustración especialmente a los venezolanos que por creerse que “ser rico es malo”, se creyeron que por ser pobres el super papá gobierno los iba a cubrir siempre con su manto protector. Copiándome el epílogo de los artículos de mi primo Ernesto García McGregor: “Que oiga quien tiene oídos”.

Tomado del Diario La Verdad del Zulia La leche en polvo, luego de tener una rebaja en 2009, vuelve a subir su precio en 20 por ciento. El sobre de 125 gramos se ubicó en 1,88 bolívares fuertes luego de estar regulado a 1,57. El de 500 gramos pasó de Bs.F. 6,57 a 7,88. El precio de los 900 gramos trepó de 12,10 a 14,52 bolívares fuertes. El kilo de sobre se modificó de Bs.F. 13,15 a 15,78. La lata de 900 gramos y de un kilo aumentó de 14,97 y 15 a 17,96 y 18 bolívares fuertes.

En marzo el Gobierno ajustó los precios del pollo, azúcar y arroz. Los aumentos se registraron entre 25 y 34 por ciento.
En la Gaceta 39.381 del 8 de marzo se decretó sacar del control de precios: margarinas, mayonesa, salsa de tomate y la gallina beneficiada.




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